La creación de cíborgs será una de las grandes polémicas a las que nos enfrentaremos en las próximas décadas. La humanidad puede enfrentarse a un momento crítico en su historia, dependiendo de cómo acepte el uso de prótesis tecnológicas.

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Pero los seres humanos no somos los únicos seres vivos que podemos mejorar con algo de tecnología; en concreto, el uso de animales cíborgs para tareas especializadas puede traer mucha polémica, pero también puede ser excepcionalmente útil en muchas situaciones.

El equipo de científicos de la Universidad de Washington en St. Louis ha mostrado un primer ejemplo de lo que es posible, con la creación de saltamontes cíborg.

Saltamontes cíborg

En efecto, los investigadores afirman que han "bio-hackeado" los insectos con el uso de componentes electrónicos; y todo, para aprovecharse de unos sentidos muy diferentes a los de los humanos e incluso otros animales.

En concreto, la investigación se centró en implantar electrodos directamente en el cerebro de saltamones comunes americanos, aprovechándose de su excepcional sentido del olfato.

El uso de estos saltamontes es similar al de los canarios en una mina; de la misma manera que los mineros se fijaban en el pájaro para saber si era seguro permanecer bajo tierra, los saltamontes pueden servir para indicar la presencia de explosivos.

Estos saltamontes se caracterizan porque sus antenas poseen aproximadamente 50.000 neuronas receptoras del olfato; las usan para reaccionar ante la presencia de ciertos compuestos químicos en el aire.

Cuando detectan un componente, envían una señal eléctrica al cerebro, concretamente al llamado lóbulo antenal, donde la señal es interpretada. La modificación realizada por los científicos implica implantar electrodos en esta zona del cerebro, para que la señal recibida sea a su vez enviada de manera inalámbrica por una "mochila" conectada a los electrodos.

¿Es ético?

Un sistema informático es capaz de recibir estas señales e interpretarlas, asociándolas a la presencia de diferentes compuestos peligrosos, como podrían ser el TNT. Los investigadores descubrieron que eran capaces de distinguir entre componentes explosivos y no explosivos.

Este puede ser un método mucho más eficaz para encontrar bombas, mucho más que los perros usados habitualmente; en concreto, la eficacia fue del 80%. Sin embargo, también despierta muchas dudas éticas sobre este tipo de desarrollos.

Implantar los electrodos en el saltamontes supone condenarlos: no solo la operación es dañina, sino que es necesario que sean inmovilizados en una plataforma para medir sus reacciones a los compuestos en el aire. Después de hasta siete horas, los saltamontes mueren completamente fatigados.