La informática se ha ido democratizando muchísimo con el paso de los años. Hoy en día cualquiera puede acceder a un ordenador, a una tablet o a un smartphone por relativamente poco dinero. Precisamente gracias al fenómeno de las tablets (o más bien por su culpa) las ventas de ordenadores comenzaron a bajar de 2009 en adelante, con un gran desplome en 2013 y algunos signos de recuperación en 2017.

Ante esa situación fabricantes de todo el mundo quisieron apuntarse un tanto con la ultraportabilidad. En 2007 aparecían los primeros netbooks; ordenadores de tamaño y precio muy reducido, que los fabricantes anunciaron en agresivas campañas.

La experiencia de muchos usuarios no fue buena, lo que los llevó a a un relativo olvido. ¿Significa eso que ya no existen? Al contrario, nunca se fueron. Algunos son ahora más baratos que nunca y cuentan con precios inferiores a 100 euros, pero ¿realmente valen la pena?

¿Puede el ordenador cubrir nuestras necesidades?

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Un error muy común entre los usuarios que suelen acudir a este tipo de máquinas es ir siempre a por lo más barato. Hay una serie de consideraciones a tener en cuenta a la hora de abordar la compra de un ordenador que todos deberíamos tener en mente, pero en especial las siguientes son bastante importantes:

  • ¿Para qué quiero el PC?
  • ¿Puedo exprimirlo al máximo y estar seguro de que responderá?
  • ¿Cuánto tiempo quiero usarlo de forma útil?

No es raro que estos usuarios tengan la idea de que invirtiendo poco en un netbook de la gama más barata vamos a obtener las mismas ventajas que con cualquier ordenador, pero eso no podría ser más falso. Vamos a intentar mostrar qué implica comprar una de estas máquinas con precios tan bajos.

Ordenadores ultraportables, pero limitados

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Un ordenador de menos de 100 euros tiene una ventaja muy clara: la portabilidad. Son máquinas pequeñas, que prácticamente no pesan, que caben en casi cualquier bolso y se pueden llevar a cualquier parte. A priori puede parecer un gran motivo a la hora de decidirse por una de estas máquinas, pero no suficiente.

La lista de desventajas empieza a ser evidente pronto. Basta con echar un vistazo a la lista de especificaciones. Pongamos por caso el Thomson NE010.32S, que se puede encontrar en conocidas grandes superficies. Entre su hardware encontramos tan sólo 1 GB de memoria RAM DDR3, mientras que como procesador cuenta con un Intel Atom Z con 4 núcleos y a 1,33 GHz de velocidad.

Estas características ya deberían bastar para encender las alarmas. La usabilidad en los ordenadores no viene determinada sólo por la ergonomía, sino también por los tiempos de carga. Sobre el papel este ordenador no tiene gran potencia, lo que significa que la experiencia de uso se verá lastrada.

¿De qué manera? Pues por ejemplo al hacer scroll en una página web. El ordenador tendrá problemas para mostrar toda la página conforme nos movemos por ella. Lo mismo pasaría a la hora de ver un vídeo en YouTube, o una película.

Poco espacio de almacenamiento interno

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Este disco no cuenta con un disco duro como tal, sino que para el  cuenta con una memoria eMMC de 32 GB. Esto quiere decir que el fabricante estima que no vamos a almacenar mucha información en el PC. Que cuente con este tipo de memorias no es algo malo per se, ya que en usos reales su rendimiento es similar al de un disco duro.

Sin embargo, las memorias de este tipo no son lo más deseable. Piensa en ello como en una carretera, en la que cada carril es un chip de memoria flash. Las unidades SSD serían el equivalente de una autopista con varios carriles de ida y vuelta.

Las memorias eMMC son como vías comarcales con un carril para cada sentido. Cuantos más carriles tengamos a nuestra disposición, más información podrá circular por ellos. Y en ese sentido las SSD ganan claramente.

Un sistema operativo restringido

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Vale la pena comentar también el tipo de sistema operativo que viene preinstalado. Este no es otro que Windows 10 S, la versión más ligera y limitada del sistema estrella de Microsoft; que sólo permite instalar aplicaciones desde su tienda oficial.

Las razones que dieron desde Redmond para crear una versión de Windows con restricciones fueron muy simples: querían una versión más rápida, eficiente y segura de su sistema operativo.

Sin embargo, para muchos usuarios no poder usar el buscador de Google, navegadores como Opera o Chrome y otros programas externos es una gran desventaja.

Linux, posible solución para librarse de Windows 10 S

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Habría una posibilidad de sortear las limitaciones del sistema operativo y ciertos problemas de rendimiento: instalando una distribución Linux en lugar de Windows 10 S. ¿Es viable hacerlo en este tipo de netbooks? Sí, si sabes cómo. En Internet se pueden encontrar distintas soluciones a este problema, aunque no está al alcance de todo el mundo. No es complicado, pero tienes que estar familiarizado con la BIOS de tu PC.

Tampoco sería la primera vez que alguien elimina Windows de su PC para instalar Linux. Y en un netbook con más razón aún. Teniendo en cuenta lo mucho que puede llegar Windows a lastrar el rendimiento de la máquina, tiene su lógica.

En el momento de máximo apogeo de este tipo de ordenadores, nos encontramos con un buen montón de PCs que venían con GNU/Linux preinstalado. Y en los que no, muchos usuarios lo instalaban por una cuestión de comodidad.

La autonomía de la batería, un factor a tener en cuenta

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El tipo de sistema operativo también incide mucho en la autonomía de la batería. El Thomson NE010.32S cuenta con una de 6000 mAh, lo que significa que no podrás pasar mucho tiempo sin tener que recurrir a un enchufe para que siga funcionando.

Hoy en día hay portátiles capaces de entregar más de 8 horas de funcionamiento; con lo que si vas a pasar mucho tiempo lejos de una toma de corriente, mejor pensar en otras opciones.

Por supuesto, este tiempo puede alargarse con una distribución Linux. En general, cualquier distribución ofrece una mejor gestión energética que determinadas versiones de Windows. Más aún si pensamos en aquellas dirigidas a equipos con pocos recursos.

¿A quiénes van dirigidos los netbooks de menos de 100 euros?

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Teniendo en cuenta las características de estos ordenadores, está claro que un netbook de este precio no es para todo el mundo. Lo que sí se puede es intentar establecer un perfil de usuario en función de lo que quiera hacer con la máquina.

Por ejemplo, uno de estos PCs podría ser muy útil para gamers que utilicen emuladores de sistemas antiguos. Los procesadores de los netbooks son más potentes que los de una Raspberry Pi; así que si instalases un Linux y un emulador de, por ejemplo, la SNES, funcionará más que bien.

También es posible que alguien busque una forma económica de tener un PC que llevarse a cualquier parte, con el que poder realizar tareas sencillas. Para ello, de nuevo, habría que eliminar Windows e instalar Linux. Una buena distribución podría ser Lubuntu, debido a su bajo consumo de recursos.

Otro perfil que puede encajar en el uso de este tipo de ordenadores son estudiantes que no necesiten máquinas muy potentes para acceder a material educativo. Más concretamente alumnos de primaria. Además, ya que Windows 10 permite establecer mecanismos de control parental, puede ser una buena opción para niños que estén dando sus primeros pasos con un ordenador.

No deberías comprar estos equipos si…

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No te deberías ni acercar a uno de estos ordenadores de menos de 100 euros si estás en el instituto, o en la universidad. Como usuario tienes necesidades que requieren mucho más. Entre ellas se incluyen el uso de programas externos a la tienda de Microsoft; lo que descarta Windows 10 S. Te beneficiarías mucho más de un ordenador con una versión completa de Windows o, una vez más, de una distribución Linux.

Si eres un profesional buscando un ordenador, formas parte de un público mixto. Tus necesidades van en función de tu trabajo, con lo que pueden ser más o menos. Lo que sí está claro es que en ningún caso se puede recomendar un netbook tan limitado como este para trabajar. Da igual que, por ejemplo, utilices software de gestión propio que no demande mucho al ordenador. Si el programa no ha sido firmado digitalmente por Microsoft, no podrá instalarse en Windows 10 S. Por otra parte, una versión completa del sistema operativo de los de Redmond podría comprometer mucho el rendimiento de la máquina.

Los usuarios más exigentes quedan descartados. Escribir y ejecutar código en estas máquinas no será fácil; no se podrán usar suites de diseño gráfico o retoque de imagen, y mejor no pensar en videojuegos de generaciones recientes. Si necesitas un ordenador preparado para rendir al máximo, no te interesa un PC de este tipo.

Algunas opciones mejores por algo más de dinero

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En los últimos años habrás oído hablar de los Chromebooks como una buena herramienta para las aulas, de precio reducido y con especificaciones decentes. Buena muestra de ello son los últimos Chromebooks de HP y Acer, que muestran un incremento en su potencia y un precio competitivo (a partir de 249 euros).

Gracias a sus nuevos procesadores y a mayores cantidades de RAM, estas máquinas están más indicadas para un uso diario. El acceso a la multitarea es más fácil en un Chromebook que en un PC barato, con autonomía para usarlo durante horas sin depender de un enchufe.

Sin salirnos demasiado del rango de precios, si estás pensando en comprar un netbook puedes encontrar mejores opciones por no mucho más dinero. Por ejemplo, el Lenovo IDEAPAD 110S-11IBR. Por casi lo mismo que cuesta un Chromebook.

A cambio te llevas un PC con procesador Intel Celeron con dos núcleos a 1,6 GHz (2,48 GHz con el turbo activado); 2 GB de memoria RAM instalada con posibilidad de ampliar a 4 GB, batería con 8 horas de autonomía y Windows Home preinstalado. Esto significa que vas a contar con mayor flexibilidad, aunque en materia de almacenamiento seguirás teniendo memoria eMMC con 32 GB de capacidad.

Ordenadores baratos o informática de usar y tirar

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El poder ampliar tu ordenador o repararlo es otro aspecto importante. Si te haces con un netbook tan barato como el Thomson NE010.32S, conseguirás una máquina limitada con la que tendrás que quedarte hasta que llegue al fin de su vida útil. E insistimos: ese camino puede ser tortuoso y frustrante.

Ten en cuenta que en un ordenador de menos de 100 euros la mayoría de componentes están soldados a la placa base, lo que supone que no podrás cambiarlos o ampliarlos. Rascándote un poco el bolsillo sí darás con unidades que podrán ampliarse o repararse con mayor facilidad. Eso alargará la vida útil de tu máquina, y tú ganarás en calidad de vida como usuario.

A lo que este tipo de PCs nos abocan, en muchos casos, es a máquinas de usar y tirar. Tiene sentido: ¿quién en su sano juicio iba a gastarse dinero en reparar un netbook tan barato? Aunque en este caso lo barato puede acabar saliendo caro, ya que no poder reparar fácilmente el ordenador implica que tendrás que comprarte otro.

Sopesando pros y contras, no vale la pena comprar uno de estos PCs baratos en la mayoría de casos. Es recomendable mirar a las gamas superiores e ir a por ellas, siempre y cuando sea posible. Si lo que buscas es una máquina capaz de ofrecerte un rendimiento decente, un ordenador por menos de 100 euros no es lo que necesitas.

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