Montaje con Eric Schmidt, ex CEO de Google, y varios de los componentes del Schmidt Observatory System

Montaje con Eric Schmidt, ex CEO de Google, y varios de los componentes del Schmidt Observatory System C.F. / Schmidt Sciences / Gemini Omicrono

Aviación y Espacio

El plan del exCEO de Google para desvelar los misterios del universo: así será su telescopio privado mayor que el Hubble

Eric Schmidt financia Lazuli y tres observatorios terrestres para convertir los fenómenos más fugaces del cosmos en datos accesibles casi en tiempo real.

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El 24 de abril de 1990, una misión conjunta de la NASA y la ESA lanzó al espacio el telescopio Hubble, que desde entonces ha proporcionado imágenes del universo tan espectaculares como decisivas para revolucionar la astronomía, con detalles inéditos sobre la expansión del universo o la atmósfera de exoplanetas.

Su vida útil estimada era de 15 años, pero gracias a sucesivas misiones de mantenimiento, ha funcionado durante más de 35 años y podría seguir activo hasta 2040 mediante reimpulsos orbitales. Sin embargo, hay quien le está buscando sustituto, y no de la manera más ortodoxa.

Se trata del antiguo CEO de Google Eric Schmidt entre 2001 y 2011 y su esposa, Wendy Schmidt, que en 2017 fundaron Schmidt Futures, una iniciativa filantrópica para financiar investigaciones científicas y tecnológicas de gran alcance e impacto.

A través de su brazo científico, Schmidt Sciences, la pareja está financiando la construcción del Schmidt Observatory System, formado por cuatro nuevos telescopios. Lazuli, el más ambicioso de ellos, está destinado a compartir con el Hubble, el James Webb o el futuro Habitable Worlds Observatory (HST) la capacidad para realizar observaciones astronómicas desde el espacio.

"Durante 20 años, Eric y yo nos hemos dedicado a la filantropía para buscar nuevas fronteras, ya sea en las profundidades marinas o en las profundas conexiones que unen a las personas y nuestro planeta, comprometiendo nuestros recursos en investigaciones novedosas que van más allá de lo que podrían financiar los gobiernos o el sector privado", afirmó Wendy Schmidt en declaraciones a Ars Technica.

El radiotelescopio Deep Synoptic Array-110 en California, EEUU

El radiotelescopio Deep Synoptic Array-110 en California, EEUU OVRO Omicrono

"Con el Schmidt Observatory System", sostiene Wendy, "estamos facilitando múltiples enfoques para comprender el vasto universo en el que nos encontramos como guardianes de un planeta vivo".

No es el único interés de los Schmidt en el sector aeroespacial. Tras una inversión millonaria, en marzo de 2025 Eric Schmidt pasó a ser CEO de Relativity Space, una startup cuyo objetivo es construir cohetes reutilizables y de bajo coste para competir con SpaceX, la empresa de Elon Musk, en la carrera por llegar a Marte.

Nuevas formas de mirar el espacio

La financiación privada de este nuevo sistema de grandes telescopios, con una inversión estimada superior a los 500 millones de dólares, supone un regreso a los orígenes de la investigación astronómica.

En la primera mitad del siglo XX era lo habitual: iniciativas filantrópicas lideradas por adinerados empresarios y benefactores de la alta sociedad se encargaban de financiar estos instrumentos para hacer avanzar la ciencia y conocer los misterios del cosmos.

Fotografía de Hubble con las estela blanca de un asteroide

Fotografía de Hubble con las estela blanca de un asteroide NASA Omicrono

Sin embargo, a partir de los años 50, la necesidad de espejos cada vez más grandes para ampliar el mapa del universo y los detalles de su origen, multiplicó el coste de estos instrumentos, que desde entonces dependen casi por completo de estamentos gubernamentales e instituciones académicas de todo el mundo, con la NASA y la ESA a la cabeza.

Lo que plantean los Schmidt es el proyecto privado más ambicioso de la astronomía moderna, un ecosistema de cuatro telescopios, uno espacial y tres terrestres, que aspira a conseguir una base de datos casi en tiempo real de observaciones astronómicas abierta a la comunidad científica mundial. "Se trata de un experimento para acelerar los descubrimientos en astrofísica", afirmó Arpita Roy, directora del Instituto de Astrofísica y Espacio de Schmidt Sciences, según recoge The New York Times.

La idea es que todos estén operativos antes de 2030, un objetivo tan ambicioso como el propio Schmidt Observatory System, ya que este tipo de instalaciones requieren al menos de una década para entrar en funcionamiento.

Una vez que entren en funcionamiento, está previsto que trabajen de forma coordinada para detectar fenómenos como explosiones de supernovas, ráfagas rápidas de radio o señales asociadas a ondas gravitacionales, y seguirlos desde el espacio y desde tierra con diferentes longitudes de onda.

Ojos en el cielo y en la tierra

El elemento más complejo y avanzado del sistema será Lazuli, que se convertirá en el primer gran telescopio espacial financiado íntegramente de manera privada.

Los primeros detalles sobre su diseño mencionan un espejo de 3,1 metros de diámetro y un 70% más de área colectora que el Hubble, aunque por debajo del James Webb. Lazuli será lanzado al espacio, presumiblemente a bordo de una Starship de SpaceX, para llegar a una órbita resonante con la Luna, una trayectoria estable y relativamente barata en combustible.

El telescopio espacial Lazuli

El telescopio espacial Lazuli Schmidt Sciences Omicrono

Su efectividad se basará en tres instrumentos clave: una cámara óptica de gran campo, un espectrógrafo de campo integral y un coronógrafo de alto contraste pensado para bloquear la luz de las estrellas y permitir la observación directa de exoplanetas, además del estudio detallado de supernovas.

El equipo de Schmidt Sciences aspira a un ciclo de diseño de apenas tres años y un lanzamiento que, según los planes presentados a principios de este año, podría producirse entre 2028 y 2029, con un modelo de datos abiertos y asignación de tiempo de observación exclusivamente por mérito científico.

En tierra, el componente más llamativo es el Argus Array, diseñado para 'mapear' el cielo nocturno con alrededor de 1.200 pequeños telescopios montados en ocho plataformas circulares que se mueven al unísono, alojadas en una estructura similar a una nave industrial con lucernarios en lugar de la clásica cúpula giratoria.

Al combinar la luz de todos ellos, Argus alcanzará una capacidad comparable a la de un telescopio de 8 metros, pero con un campo de visión enorme y una cadencia de hasta una imagen por segundo en algunas zonas del cielo, generando petabytes de datos cada día.

Diseño preliminar del Argus Array

Diseño preliminar del Argus Array Schmidt Sciences Omicrono

El sistema está diseñado para que esos datos se procesen casi en tiempo real, con grandes clústeres de GPU para cazar explosiones estelares y las ondas gravitacionales que estas pueden generar a los pocos minutos de producirse.

El objetivo es que el Argus Array esté plenamente operativo a partir de 2027, con la capacidad de 'rebobinar' el cielo gracias a un buffer de datos de varios días, que permitirá revisar qué ocurrió antes de una detección captada por los demás elementos del Schmidt Observatory System u otros telescopios.

Arquitectura modular

Si Argus es el ojo y la memoria del Schmidt Observatory System, LFAST (siglas de Large Fiber Array Spectroscopic Telescope) está diseñado para ser el oído fino del sistema en el ámbito óptico: un telescopio virtual compuesto por conjuntos de pequeños espejos de unos 75 cm, agrupados en estructuras que, en conjunto, funcionan como un instrumento de unos 3 metros dedicados casi en exclusiva a la espectroscopia.

Cada espejo alimenta mediante fibra óptica un espectrógrafo central, lo que permite obtener de forma simultánea miles de espectros de estrellas y galaxias, para convertirse en una herramienta fundamental para estudiar atmósferas de exoplanetas, caracterizar en detalle supernovas lejanas o medir con precisión la expansión del universo.

El diseño es modular y escalable: la hoja de ruta plantea añadir más módulos hasta alcanzar en la práctica una superficie propia de un telescopio de clase ELT, en un emplazamiento que los documentos más recientes sitúan preferentemente en el Observatorio Nacional de Kitt Peak, en el desierto de Arizona, aunque sobre la mesa siguen otros observatorios cercanos como posibles alternativas.

Completando el conjunto estará el Deep Synoptic Array (DSA), que se construirá en Nevada y constará de 1.656 antenas parabólicas de 1,5 metros de apertura repartidas sobre un área de unos 360 kilómetros cuadrados.

"No tiene parangón con ningún telescopio actual o futuro que se haya concebido hasta ahora", sostiene Gregg Hallinan, profesor de astronomía del Instituto Tecnológico de California, que construirá y gestionará el DSA. "Todos los radiotelescopios construidos en el último siglo han encontrado en conjunto unos 10 millones de fuentes de radio. Nosotros duplicaremos esa cifra en las primeras 24 horas".

A diferencia de otros telescopios, el DSA está pensado para producir mapas de radio casi en tiempo real, con un procesado de señal muy automatizado, lo que lo convierte en una máquina especializada en ráfagas rápidas de radio (FRB), núcleos de galaxias activos y otros fenómenos que se esconden en longitudes de onda que la luz visible no puede atravesar.

Diseño que recrea algunas de las antenas del DSA

Diseño que recrea algunas de las antenas del DSA Schmidt Sciences Omicrono

Su calendario apunta también a finales de la década para la entrada plena en servicio, en sincronía con Lazuli y los otros dos observatorios. El objetivo es que una ráfaga de radio detectada por el DSA pueda 'disparar', en cuestión de minutos, observaciones ópticas de Argus o espectroscópicas de LFAST, y, en los casos más interesantes, un seguimiento desde el espacio con el telescopio Lazuli.

Schmidt Sciences asegura que los datos y el software del sistema serán de compartidos por defecto, una apuesta por la ciencia abierta con una infraestructura de archivo y procesado común para las cuatro instalaciones. Así, un mismo proyecto científico puede encadenar observaciones en radio, óptico desde tierra y óptico‑infrarrojo desde el espacio como si se tratase de un único gran observatorio distribuido.

En el fondo, el esfuerzo económico y científico detrás del Schmidt Observatory System tiene ciertas semejanzas con el origen y la función original de Google. En lugar de buscar en Internet, de lo que se trata es de construir un 'motor de búsqueda cósmico' capaz de registrar y analizar el firmamento a una velocidad mucho mayor de la actual.

Las principales diferencias con otras grandes instalaciones astronómicas y con telescopios espaciales recientes como el James Webb o Euclid, diseñados para durar décadas, es su apuesta por tecnologías más económicas y rápidas.

Esa estrategia también implica una menor durabilidad. "El tiempo de vida útil al que nos comprometemos ahora es de tres a cinco años", señala Arpita Roy en respuesta a The New York Times. Un cambio de paradigma que complementará el ecosistema actual de las observaciones astronómicas con tecnologías más versátiles, modulares... y con obsolescencia programada.