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Bruselas ha dado un giro radical a su estrategia tecnológica. La Comisión Europea ha presentado la nueva Ley de Chips 2.0, una normativa llamada a revolucionar el mercado de los semiconductores en el continente.

A diferencia del plan original de 2023, centrado en subvencionar la apertura de grandes fábricas, este nuevo texto legal tiene otro objetivo: incentivar y forzar la compra de procesadores diseñados y producidos dentro de la Unión Europea.

El plan principal reside en evitar la ineficacia de los miles de millones de euros invertidos anteriormente. Bruselas quiere garantizar que la industria europea del automóvil, la robótica, la inteligencia artificial y los dispositivos de consumo reduzcan la dependencia de los proveedores asiáticos y estadounidenses.

La nueva propuesta de la Comisión introduce mecanismos denominados "Aceleradores de Demanda" para lograr que las empresas europeas apuesten por los chips locales frente a las alternativas de importación.

Estas herramientas vincularán de forma directa a los grandes clientes industriales como los fabricantes de vehículos eléctricos o infraestructuras de telecomunicaciones con los diseñadores y plantas de fabricación situados en la UE.

Además, la normativa establece cláusulas de preferencia e innovación en la contratación pública de los Estados miembros.

Esto significa que cualquier proyecto financiado con fondos europeos en áreas críticas deberá priorizar soluciones de hardware que integren componentes fabricados en Europa o que garanticen la seguridad de suministro comunitario.

Facilidades para pymes

Otro de los grandes obstáculos está centrado en la burocracia en la expansión territorial. La Ley de Chips 2.0 obligará a los países miembros a crear una única vía para tramitar todas las licencias de nuevas plantas de procesadores y empaquetado, fijando un plazo máximo de 12 meses para aprobar los permisos de construcción.

Asimismo, la regulación busca descentralizar el ecosistema de la microelectrónica mediante la etiqueta de Regiones de Excelencia en Semiconductores, permitiendo que aquellas startups y scaleups que diseñen procesadores de arquitectura abierta o chips dedicados a la IA reciban ayudas directas y acceso directo a la producción masiva.

Con este movimiento, la Unión Europea no solo busca protegerse frente a posibles tensiones geopolíticas o problemáticas relacionadas con las cadenas globales de suministro, sino crear un mercado interno de procesadores rentable y autosuficiente para la próxima década.

El éxito de este nuevo marco normativo dependerá en gran medida de la velocidad a la que los Estados miembros adapten sus legislaciones y liberen los fondos prometidos. Con ello, la UE garantizará que las industrias del futuro sigan funcionando con tecnología diseñada en suelo europeo.