Publicada

El frigorífico es uno de esos electrodomésticos que damos por hecho que siempre hay en cada casa. Nunca se apaga, no hace ruido y solemos olvidarnos de que está ahí, trabajando día y noche.

Sin embargo, según explica el experto energético Javier Dasí, es uno de los aparatos que más electricidad consume en cualquier vivienda, sobre todo si tienen termo o cocina de gas. Y ese gasto se dispara todavía más cuando llegan las olas de calor.

La razón es puramente física. El frigorífico funciona extrayendo el calor de su interior y expulsándolo hacia fuera, así que cuanto más caliente esté el ambiente de la cocina, más esfuerzo tiene que hacer el compresor para mantener la diferencia de temperatura.

Dasí ha compartido el consumo real que registra su propia nevera durante una semana de ola de calor. Según sus datos, el aparato consume aproximadamente 2 kWh al día.

Ese consumo diario, trasladado a la factura mensual, supone entre 15 y 20 euros al mes solo por mantener la nevera funcionando. Una cifra que puede sorprender a quienes pensaban que el frigorífico apenas influía en el recibo de la luz.

De hecho, según un estudio conjunto del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) y Eurostat, el frigorífico representa hasta un 14% del consumo eléctrico total de un hogar, ya que funciona de forma ininterrumpida durante todo el año. Eso sí, depende mucho del tipo de frigorífico y su calificación energética.

El verano agrava especialmente este problema. Cuando el resto de la factura ya sube por el uso del aire acondicionado, el frigorífico también aprieta para compensar el calor que lo rodea.

Ese pico de consumo no es un capricho del aparato. Es la consecuencia directa de la diferencia de temperatura entre el interior de la nevera y el exterior, que en pleno julio o agosto puede ser mucho mayor que en invierno.

Por suerte, hay factores que sí dependen de nosotros y que pueden marcar la diferencia en la factura. La ubicación del frigorífico es uno de los más importantes, ya que colocarlo cerca del horno, de una ventana con sol directo o de cualquier otra fuente de calor obliga al compresor a trabajar mucho más.

La temperatura configurada también influye de forma notable. Los expertos recomiendan mantener el frigorífico en torno a 3 grados y el congelador en -18 grados, ya que bajar la temperatura más de lo necesario dispara el consumo sin ningún beneficio real para la conservación de los alimentos.

Según explica Iberdrola en su guía sobre cómo ahorrar luz en verano, mantener estas temperaturas óptimas y vigilar el estado de las gomas de cierre es fundamental para reducir el gasto. Si la goma está deteriorada o no cierra bien, el frío se escapa constantemente y el compresor tiene que compensar ese escape trabajando sin descanso.

La limpieza también juega un papel importante en la eficiencia del aparato. Mantener libre de polvo la parte trasera del frigorífico, donde se encuentra el motor, ayuda a que el compresor funcione de forma más eficiente y consuma menos energía.

Otro consejo habitual entre los expertos es evitar abrir la puerta más de lo necesario, sobre todo en los días de más calor. Cada apertura deja entrar aire caliente que el frigorífico tendrá que volver a enfriar, lo que se traduce en más consumo eléctrico.

Para quienes se van de vacaciones, activar el modo vacaciones, si el modelo lo incluye, puede ser una buena opción. Este modo reduce el trabajo del compresor al mínimo necesario mientras la casa está vacía, sin necesidad de apagar completamente el aparato.

Los modelos más modernos con conectividad, como los que incorporan plataformas de gestión energética inteligente, permiten además consultar el consumo real del frigorífico en tiempo real. Esto facilita detectar picos anómalos que podrían indicar un problema, como una junta en mal estado o una temperatura mal configurada.