Un grupo de militares patrullando por el centro de Ceuta.

Un grupo de militares patrullando por el centro de Ceuta. EL ESPAÑOL

Observatorio de la Defensa

Militares de Ceuta denuncian una “ley del silencio” tras casi 70 días de despliegue: “Hay miedo a contar lo que ocurre"

ATME y AUME alertan del desgaste físico y psicológico de los efectivos, de jornadas maratonianas.

Reclaman atención psicológica y denuncian restricciones para trasladar sus quejas.

Más información: Los militares en Ceuta desarmados, desamparados y cada vez más solos: "Delegan la responsabilidad en la tropa"

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Las asociaciones militares denuncian una “ley del silencio” en Ceuta: algunos efectivos temen comunicar sus quejas por posibles consecuencias.

ATME y AUME alertan de agotamiento físico y psicológico tras casi 70 días de despliegue, con jornadas maratonianas, descansos insuficientes y deficiencias en la alimentación.

Los representantes reclaman más apoyo psicológico y medios de protección, mientras denuncian amenazas y agresiones contra patrullas militares.

Aunque algunas unidades han reforzado el armamento de las patrullas, las asociaciones sostienen que el criterio sigue siendo desigual y reclaman dotación adecuada.

Casi 70 días después del inicio del despliegue militar en Ceuta, tras la entrada masiva de cerca de 80.000 migrantes, las asociaciones profesionales de las Fuerzas Armadas alertan del desgaste físico y psicológico que acumulan los efectivos y denuncian que se ha instalado una “ley del silencio” que estaría dificultando que los militares comuniquen las condiciones en las que desarrollan su misión.

“Vamos a dejar de decir que a los militares nos agreden, vamos a dejar de decir que la situación sigue siendo mala, vamos a dejar de decir que estamos comiendo mal, que estamos durmiendo todavía en camas de lona”, denuncia Marco Antonio Gómez, presidente de la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME).

Según las asociaciones consultadas por EL ESPAÑOL, algunos militares tienen miedo de trasladar sus quejas por temor a las consecuencias. “Nuestra asociación lo que está percibiendo es mucho miedo de nuestros compañeros para contar lo que está ocurriendo y eso va en perjuicio de que se sepa de verdad lo que está pasando”, sostiene Gómez.

“Cuando tú coges y dices a los militares: ‘Oye, somos el Ejército, dejad de decir esto, no habléis con las asociaciones, aquel que hable se va a meter en un lío’, pues entonces toda la información decae”, afirma Gómez. "Algo que suele ser habitual", subraya.

El presidente de ATME asegura que las asociaciones han intentado obtener información sobre la situación del despliegue, pero que el Ministerio de Defensa se “escuda” en que no pueden facilitar determinados datos al tratarse de una operación militar y considerar que las organizaciones profesionales “no somos competentes en la materia”.

Algo en lo que también advierte Iñaki Unibaso, secretario general de la Asociación Unificada de Militares (AUME). "La normativa no prohíbe que las asociaciones aborden cuestiones operativas, pero la línea es muy fina", señala. "Una cosa es la operatividad y otra muy distinta la seguridad y las condiciones de trabajo", subraya.

Unibaso insiste en que la falta de dotación de medios adecuados —como el fusil o el arma reglamentaria de las patrullas militares— no puede ampararse en argumentos operativos para eludir responsabilidades laborales. "Si a mí no me dotas de los medios adecuados,... No, es que no es un tema operativo: son medios de trabajo, son condiciones de trabajo del personal", sentencia.

Y señala que han denunciado esa situación y la han trasladado al pleno del consejo personal, COPERFAS.

La consecuencia, según ATME y la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), es que las dificultades que afrontan los efectivos pueden quedar fuera del conocimiento público precisamente cuando el despliegue se aproxima a los 70 días.

Jornadas maratonianas

El tiempo transcurrido empieza a pesar sobre los militares. Iñaki Unibaso, representante de AUME, asegura que "nuestro personal está muy cansado, tanto física como psicológicamente, porque son ya 70 días con jornadas maratonianas, con malos descansos y malas comidas", y apunta, además, a una falta de proteínas en la alimentación.

ATME denuncia problemas similares en la organización de los turnos. Según la asociación, en algunas unidades no se estaría respetando el descanso previsto después de las patrullas, de manera que algunos efectivos encadenarían jornadas ordinarias de trabajo con nuevos servicios de hasta 24 horas.

Varios soldados en la frontera del Tarajal, a 22 de septiembre de 2026, en Ceuta (España)..jpg

Varios soldados en la frontera del Tarajal, a 22 de septiembre de 2026, en Ceuta (España)..jpg Europa Press

“Los militares siguen patrullando, siguen haciendo las mismas funciones desde el primer día, más o menos. Aunque ha bajado, sigue existiendo”, explica Unibaso.

El secretario general de la AUME considera que la prolongación de la misión está teniendo además un impacto psicológico particular porque los militares no se encuentran en un escenario de despliegue exterior, sino en la ciudad donde viven sus familias.

“Cuando los militares nos vamos de misión o donde sea del mundo, el riesgo es en primera persona. En este caso, la mayoría tiene ahí, en Ceuta, a la familia. Entonces, desde el punto de vista psicológico también cambia”, señala.

Esa presión se traslada, según AUME, a la vida cotidiana. Unibaso resume la situación con una imagen: “Yo he visto al compañero ir a llevar a su hija a la Universidad, ahora hace de papá taxi”. "Hay miedo".

La expresión refleja, según la asociación, cómo los militares continúan desempeñando sus obligaciones familiares mientras afrontan una situación de inseguridad prolongada. “La ciudadanía sigue igual. Hay falta de seguridad ciudadana. La gente tiene miedo”, afirma.

Desde ATME, Gómez reclama que se refuerce la atención psicológica a los efectivos. Recuerda que el Ministerio de Defensa proporcionó asistencia especializada a los miembros de la UME que participaron en la campaña de incendios. Algo que entienden fue una "gran medida y necesaria" y se pregunta por qué no se aplica una medida similar en Ceuta.

“¿Dónde están esos psicólogos para atender a nuestros compañeros que están viviendo situaciones muy complicadas en Ceuta?”, plantea.

El presidente de ATME subraya que los militares “no solamente están protegiendo a Ceuta, a los ceutíes, la integridad territorial de nuestro país y todo aquello que se les está ordenando”, sino que lo hacen mientras mantienen a sus familias en el mismo escenario de tensión.

“Ellos están permanentemente con este tema y eso desgasta muchísimo. Entonces, ¿dónde están los psicólogos? ¿Dónde está la atención a nuestros militares?”, insiste.

La presión no ha desaparecido

Las asociaciones reconocen que algunas personas han abandonado voluntariamente los puntos donde se habían concentrado. “Se acercan a la frontera y dicen: ‘Yo me quiero ir’, abren y se van”, explican. Pero advierten de que “el problema es que también siguen entrando”.

Desde la AUME, su secretario general señala que uno de los principales puntos de concentración, conocido como el “Trampolín”, ha sido desalojado, aunque teme que vuelva a ocuparse. “Ya veremos lo que tarda en volver, porque ya se les había desalojado varias veces”, afirma.

Para ATME, la situación continúa generando una elevada sensación de inseguridad. “La sensación de inseguridad es total”, asegura Gómez, que sostiene que hay personas ocultas en distintos puntos de la ciudad y que, cuando son desalojadas de una zona, reaparecen en otra.

El presidente de ATME denuncia además amenazas directas contra militares. “Estamos viendo vídeos donde se amenaza a nuestros militares, donde se les hacen gestos de cortarles el cuello, donde se les habla en árabe a los que son árabes para amedrentarlos y decirles que los conocen. Y eso está pasando”, asegura.

Las asociaciones reclaman también una mayor respuesta institucional ante los incidentes registrados durante el despliegue. Gómez pregunta “dónde están las denuncias en favor de nuestros militares cuando han sido apedreados, apuñalados” y menciona el lanzamiento de cócteles molotov y otros episodios que, según afirma, han puesto en riesgo a los efectivos.

“¿Dónde está la otra parte para que también nos protejan? Nadie, absolutamente nadie ha dicho nada. Bueno, perdón, sí, nosotros”, afirma. “Nuestros hombres y mujeres están padeciendo sin que nadie les defienda. Y eso psicológicamente machaca a cualquier persona”.

Más militares armados

La situación también ha provocado cambios en algunas unidades en cuanto al empleo del armamento reglamentario. Las asociaciones militares denunciaron que las patrullas iban desarmadas o solo portaban un fusil por patrulla. Sin embargo, desde ATME aseguran que, después de sus denuncias, “ha habido unidades en las que lo han reforzado”, aunque apunta que el criterio no es homogéneo.

“Dependiendo de cada unidad hay gente que las patrullas ya van todos con su herramienta de trabajo, que es su fusil; hay otros que no, hay otros que va uno y siguen habiendo tres sin fusil”.

La asociación afirma haber comprobado esta diferencia sobre el terreno: “Hemos podido ver patrullas de cuatro personas y los cuatro iban con armamento. También hemos visto patrullas que iban tres, que iba uno solo con armamento”.

Para la AUME, sin embargo, los medios siguen siendo insuficientes. Unibaso recuerda que, ante la escalada de agresiones, "a cada patrulla al final se les dio un fusil". Pese a ello, insiste en que los militares no persiguen un uso ofensivo del armamento. "No queremos hacer uso de las armas", subraya.

El secretario general de AUME establece un paralelismo con las fuerzas de seguridad: "Igual que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado llevan su armamento de dotación y no se lían a tiros, pero es una herramienta visual". Para Unibaso, la presencia del fusil cumple una función disuasoria y de protección, no de confrontación.

Presencia y la disuasión

El despliegue se desarrolla en el marco de la situación de interés para la Seguridad Nacional declarada por el Gobierno el 25 de agosto mediante el Real Decreto 681/2026, al amparo de la Ley 36/2015, de Seguridad Nacional.

Los militares realizan funciones de vigilancia, presencia, disuasión y apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que mantienen las competencias en materia de seguridad ciudadana. No pueden asumir por sí mismos funciones policiales extraordinarias, realizar controles preventivos o restringir la movilidad de las personas.

“Son de disuasión”, explica Unibaso. “No podemos hacer nada, no podemos identificar ni hacer controles preventivos ni nada por el estilo”. Nuestra intervención, explica "queda limitada a situaciones en las que exista un riesgo para la seguridad de las personas y siempre mediante medios proporcionales, de acuerdo con las reglas de actuación establecidas".

La situación de interés para la Seguridad Nacional tampoco equivale a un estado de alarma, excepción o sitio. Cualquier modificación sustancial de la misión, el despliegue o las reglas de actuación requeriría una decisión expresa del Gobierno.