Recreación del caza J-36 chino

Recreación del caza J-36 chino AP

Observatorio de la Defensa

China equipará su futuro caza J36 de 6ª generación con armas de rayos láser para repeler ataques de misiles y drones

Un láser requiere niveles masivos de generación eléctrica y gestión térmica.

China ya ha probado al menos cuatro prototipos de su futura aeronave.

Más información: El caza F-47 de EEUU empezará a volar en 2028 para recortar distancias con los aviones de 6ª generación que ya prueba China

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Las claves
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China desarrolla el caza J-36 de sexta generación, que integrará armas de rayos láser para defensa contra misiles y drones.

El sistema láser, exhibido en una feria de defensa en Pekín, promete una potencia superior a 100 kilovatios y un peso menor a 380 kg.

El J-36 destaca por su configuración de tres motores, que aumentan la generación eléctrica necesaria para el funcionamiento del láser.

China y Estados Unidos siguen estrategias divergentes en sus cazas de nueva generación: China prioriza alcance y potencia, mientras EEUU apuesta por la maniobrabilidad y sistemas no tripulados.

Los combates aéreos del siglo XXI están presenciando una transformación sin precedentes impulsada por la vertiginosa aceleración tecnológica de China, cuyo nuevo caza de sexta generación J-36 ha captado la atención de los analistas militares de todo el mundo.

La aeronave, desarrollada por la Corporación Aeronáutica de Chengdu (CAIC), continúa superando etapas a través de intensas pruebas de vuelo desde su revelación inicial, a finales de 2024. Sin embargo, el aspecto más revolucionario de este programa no reside únicamente en el avión en sí, sino también en las tecnologías que integrará.

En este sentido, Pekín ha confirmado recientemente que investiga la integración de armas de rayos láser para equipar el modelo final.

Durante la Exposición Internacional de Electrónica de Defensa de China, celebrada en la capital del país, el Instituto de Ingeniería de Precisión de Pekín para la Industria Aeronáutica mostró por primera vez material promocional y maquetas operativas relativas a un sistema avanzado de adquisición, seguimiento y apuntado concebido para armamento láser aerotransportado.

Acompañado de una ilustración del propio caza J-36, el sistema revelado promete una potencia superior a los 100 kilovatios mantenida en un conjunto ligero con un peso inferior a 380 kilogramos. Estas especificaciones sitúan al equipo en un umbral crítico capaz de causar daños directos en proyectiles o plataformas enemigas, superando el estándar de meros deslumbradores o cegadores ópticos.

A pesar de la expectación generada por la muestra, los datos exhibidos no confirman que la plataforma esté realizando vuelos de prueba con este armamento instalado a bordo en la actualidad.

Más bien, representan la evidencia más contundente hasta la fecha de que la industria aeroespacial china trabaja activamente en la integración de energía dirigida en su avión de combate de próxima generación.

Un sistema de estas características está pensado fundamentalmente con un propósito defensivo frente a misiles aire-aire y tierra-aire de alta velocidad, además de ofrecer una respuesta contra enjambres de pequeñas aeronaves no tripuladas.

Los expertos coinciden en que el láser no reemplazará a los misiles aire-aire convencionales como armamento principal, pero sí constituirá una alternativa letal y de munición casi ilimitada frente al clásico cañón interno para enfrentamientos a corta distancia.

La viabilidad técnica de un láser militar a bordo de un avión de combate requiere unos niveles masivos de generación eléctrica y gestión térmica, dos de los cuellos de botella históricos que han lastrado proyectos similares en Occidente.

Es en este aspecto donde el diseño del J-36 adquiere un protagonismo absoluto. A diferencia de cualquier caza previo, el avión creado en Chengdu incorpora una inédita configuración de tres motores integrados dentro de su voluminoso fuselaje.

Recreación del caza J-36 de China

Recreación del caza J-36 de China AP

Este esquema propulsor no solo busca maximizar el alcance estratégico y la carga útil del vector, sino que provee una capacidad de generación eléctrica radicalmente superior a la de cazas contemporáneos de Pekín, como el J-20.

El despliegue de armas láser complementará la arquitectura furtiva de la aeronave, protegiéndola en entornos disputados donde los sensores enemigos logren detectar el avión a pesar de su bajo perfil de radar. Además, la relevancia del láser reside en su capacidad para neutralizar drones de bajo coste, evitando el consumo ineficiente de costosos misiles interceptores.

A medida que las pruebas del J-36 revelan modificaciones de diseño, como nuevas toberas de empuje vectorial y refinamientos aerodinámicos en la configuración sin cola, China afianza una filosofía conceptual propia para la sexta generación.

El J-36 no busca replicar la maniobrabilidad clásica, sino actuar como un centro de mando sigiloso penetrador de gran alcance capaz de controlar enjambres de drones, disparar armamento de largo alcance y defenderse eficazmente mediante un escudo de energía dirigida.

La carrera de la 6ª generación

El acelerado avance del J-36 no solo representa un logro industrial para Pekín, sino que pone de manifiesto una profunda divergencia estratégica con la aproximación que sigue Estados Unidos para el desarrollo de su caza de próxima generación.

Mientras que China ha avanzado públicamente con el vuelo de múltiples prototipos del J-36 desde finales de 2024, el programa equivalente estadounidense para la Fuerza Aérea, encarnado en el Boeing F-47, sitúa la proyección del primer vuelo de su plataforma de serie operacional hacia finales de esta década.

Imagen ilustrativa del futuro caza F-47 de EEUU

Imagen ilustrativa del futuro caza F-47 de EEUU Pratt & Whitney

Esta diferencia temporal refleja dos prioridades operativas radicalmente distintas para el teatro de operaciones futuro, especialmente en el vasto espacio del Indo-Pacífico.

La principal discrepancia reside en la concepción del propio avión de combate. El J-36 chino se define como un caza táctico pesado sin cola de dimensiones excepcionales, optimizado para el vuelo rectilíneo de alta velocidad, un enorme radio de acción estratégico y una gran capacidad de carga útil interna.

Expertos en aviación militar señalan que este diseño sitúa al J-36 en una categoría propia, concebido como un nodo de mando de penetración profunda capaz de operar como un crucero del aire. Su objetivo prioritario no es el combate cerrado maniobrable, sino penetrar espacios aéreos densamente defendidos, coordinar enjambres de drones y atacar objetivos de gran valor a larga distancia antes de ser detectado.

Por el contrario, las representaciones e informaciones publicadas sobre proyectos estadounidenses como el F-47 sugieren que Washington mantiene una filosofía que otorga mayor peso a la agilidad aerodinámica y la maniobrabilidad en relación con los diseños chinos.

La integración de canards y geometrías alares en los esquemas norteamericanos busca preservar una elevada capacidad de respuesta en múltiples regímenes de vuelo, priorizando la agilidad de la plataforma en combinación con arquitecturas de combate no tripuladas.

Esta divergencia conceptual se traslada directamente a la integración de sistemas de energía dirigida. Mientras China aprovecha el gran volumen del J-36 y su inédita configuración de tres motores para canalizar cientos de kilovatios hacia armas láser integradas, la Fuerza Aérea de EEUU (USAF) ha adoptado una postura de mayor cautela técnica.

A pesar de los significativos avances estadounidenses en sistemas láser terrestres y navales, programas de láseres aerotransportados en pods para cazas, como el proyecto SHiELD de la USAF, concluyeron tras años de desarrollo sin haber alcanzado las pruebas de vuelo operativas prometidas, debido a la enorme complejidad que supone gestionar la densidad de potencia y la disipación térmica en aviones tácticos más compactos.

En definitiva, la carrera por la sexta generación expone dos visiones contrapuestas del combate del futuro: una apuesta china por cazas pesados de penetración masiva, proyectados como fortalezas volantes dotadas de escudos láser y amplio radio de acción, frente a la doctrina estadounidense volcada en la interconexión en red, la maniobrabilidad avanzada y la dispersión de capacidades a través de plataformas no tripuladas altamente especializadas.