Rusia ha intensificado su guerra híbrida contra Europa desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en 2022. Sabotajes, ciberataques, operaciones de influencia, interferencias electorales, espionaje, ataques contra infraestructuras críticas y violaciones del espacio aéreo forman parte de una campaña que, según un informe elaborado para el Congreso de Estados Unidos, está aumentando tanto en frecuencia como en gravedad.
Así lo refleja un documento elaborado por el Servicio de Investigación del Congreso (CRS), que advierte de que los servicios de inteligencia rusos han demostrado una notable capacidad de adaptación frente a las medidas adoptadas por los países europeos —desde la expulsión de agentes y las sanciones hasta el refuerzo de las capacidades militares y de inteligencia— y están recurriendo a operaciones cada vez más agresivas, aunque diseñadas para mantenerse por debajo del umbral de una guerra abierta, en la denominada "zona gris".
La advertencia llega en un momento en el que responsables europeos y estadounidenses consideran que Moscú está utilizando estas operaciones para poner a prueba la respuesta occidental, elevar los costes para los países europeos y erosionar la cohesión política en torno al apoyo a Ucrania.
Kaja Kallas, alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, resumió en noviembre de 2025 la preocupación europea con una frase especialmente contundente: "Las acciones híbridas de Rusia en Europa son cada vez más descaradas. Rusia está cometiendo terrorismo patrocinado por el Estado".
Este mismo año, la alta representante, condenó el lanzamiento del Oréshnik y advirtió que su empleo “constituye una táctica política de intimidación y una imprudente política de riesgo nuclear”.
También la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió en 2025 de que no se trataba de una sucesión de incidentes aislados, sino de "una campaña coherente y creciente para inquietar a nuestros ciudadanos, poner a prueba nuestra determinación, dividir nuestra Unión y debilitar nuestro apoyo a Ucrania".
Y añadió: "Esto es una guerra híbrida y tenemos que tomárnosla muy en serio".
Este mismo jueves, tras la destrucción de un dron naval en aguas de Rumanía, la presidenta de la UE aseguró que se "va a movilizar hasta 800.000 millones de euros a través de la agenda de preparación 2030" y se refirió también a la iniciativa Europea de Defensa contra Drones y la Vigilancia del Flanco Oriental, que busca aumentar la producción de las capacidades que necesitan los Estados miembros para "poder responder a las amenazas emergentes con rapidez, unidad y determinación".
La dimensión de la ofensiva no deja de crecer. Un estudio citado por el CRS calcula que las operaciones híbridas rusas en Europa se cuadruplicaron entre 2023 y 2024, mientras que otra investigación contabilizó al menos 151 incidentes atribuidos a operaciones rusas entre febrero de 2022 y marzo de 2026.
Una guerra por debajo del umbral
La principal característica de esta estrategia es precisamente que no se parece a una guerra convencional. Rusia combina medios militares y no militares, acciones encubiertas y operaciones abiertas para explotar las vulnerabilidades de sus adversarios sin desencadenar necesariamente una respuesta militar directa.
La OTAN define las amenazas híbridas como una combinación de medios militares y no militares, abiertos y encubiertos, que pueden incluir desinformación, ciberataques, presión económica, grupos armados irregulares y fuerzas convencionales.
Su propósito es difuminar la frontera entre guerra y paz y generar dudas dentro de las sociedades occidentales.
Una de las características fundamentales de esta modalidad de conflicto es la ambigüedad de atribución.
El atacante no necesita ocultar completamente su participación; basta con mantener suficiente incertidumbre para dificultar que el país afectado pueda demostrar quién está detrás de una operación y justificar una respuesta contundente.
El propio informe destaca que "las operaciones híbridas rusas combinan acciones no cinéticas, como la propaganda y la desinformación, con otras de carácter físico, como sabotajes o asesinatos". Además, su carácter ambiguo permite a Moscú explotar deliberadamente el espacio existente entre la paz y la guerra.
"Desde el lecho marino hasta el ciberespacio"
Uno de los ámbitos que más preocupa a los gobiernos europeos es el de las infraestructuras críticas, especialmente los cables submarinos, las redes energéticas, los sistemas de transporte y las cadenas logísticas.
Anne Keast-Butler, directora del servicio de inteligencia británico GCHQ, describió en mayo de 2026 el cambio de escala de la amenaza rusa con una advertencia directa: "Rusia está intensificando su actividad híbrida diaria contra Reino Unido y Europa, extendiéndose desde el lecho marino hasta el ciberespacio".
Según la responsable británica, Moscú está atacando "infraestructuras críticas, procesos democráticos, cadenas de suministro y la confianza pública".
El informe del Capitolio recoge además las acusaciones occidentales contra Rusia por distintas operaciones de sabotaje y por la vigilancia de infraestructuras críticas submarinas.
En abril de 2026, Reino Unido denunció una operación rusa encubierta para vigilar cables y otras infraestructuras bajo el mar mediante submarinos especializados, en lo que Londres consideró una posible preparación para futuras acciones de sabotaje.
La respuesta de la Alianza está siendo progresivamente más contundente. La OTAN puso en marcha Baltic Sentry para reforzar la vigilancia y protección de las infraestructuras críticas submarinas del mar Báltico y posteriormente lanzó Eastern Sentry, destinada a incrementar la vigilancia en su flanco oriental.
El GRU, en el punto de mira
El informe estadounidense sitúa especialmente bajo el foco al GRU, la inteligencia militar rusa, a la que funcionarios occidentales atribuyen algunas de las operaciones más agresivas.
El general Alexus G. Grynkewich, comandante del Mando Europeo de EEUU y entonces comandante supremo aliado en Europa, declaró ante el Congreso en marzo de 2026 que Washington estaba detectando una cantidad "bastante considerable" de actividades híbridas o asimétricas rusas.
El comandante supremo aliado en Europa (SACEUR), el general de la Fuerza Aérea de Estados Unidos Alexus Grynkewich.
"Vemos una cantidad bastante considerable de lo que llamamos actividades híbridas o asimétricas rusas, ya sean operaciones de información, sabotajes y ese tipo de acciones", afirmó.
Y añadió que se habían producido "varios incidentes en los países bálticos y, en particular, en Polonia".
La presión ejercida por los países europeos sobre la inteligencia rusa tampoco ha conseguido detener estas operaciones.
Entre 2022 y 2024, al menos 750 diplomáticos y presuntos agentes de inteligencia rusos fueron expulsados de Europa, según datos citados por el CRS. Moscú habría respondido adaptando sus métodos y recurriendo cada vez más a colaboradores, intermediarios y agentes contratados para ejecutar operaciones sobre el terreno.
Polonia, uno de los principales objetivos
Entre los países más expuestos se encuentra Polonia, cuya posición geográfica y papel como principal corredor logístico de la ayuda occidental a Ucrania la convierten en un objetivo especialmente sensible.
Las autoridades polacas han denunciado campañas de desinformación, ciberataques, espionaje y sabotajes vinculados a Rusia y Bielorrusia. Desde el comienzo de la guerra, los servicios de seguridad polacos han detenido a decenas de personas sospechosas de participar en operaciones de espionaje o sabotaje para Moscú o Minsk.
un documental del Ministerio de Defensa ruso mostraba la producción dentro de la fábrica de Alabuga.
En noviembre de 2025, dos ataques dañaron líneas ferroviarias polacas y fueron calificados por el primer ministro Donald Tusk como un "acto de sabotaje sin precedentes". Las autoridades polacas sospecharon que dos ciudadanos ucranianos habían actuado bajo la dirección del FSB ruso antes de huir a Bielorrusia.
La incursión de 19 drones Geran-2 rusos en Polonia, el 10 de septiembre de 2025, hizo saltar las alarmas y reveló grietas en la detección y las defensas europeas frente a la amenaza del Kremlin. Esto provocó que la Unión Europea y la OTAN se replantearan su estrategia de defensa.
Los países bálticos y el flanco oriental
Estonia, Letonia y Lituania afrontan una presión similar. Su proximidad a Rusia y Bielorrusia, unida a su firme respaldo a Ucrania, los convierte en algunos de los países más expuestos a las operaciones híbridas de Moscú.
El informe recoge acusaciones de ciberataques, sabotajes, vandalismo, campañas de influencia y violaciones del espacio aéreo en los tres países.
Las operaciones de influencia rusas tratarían de polarizar a sus sociedades, desacreditar a sus gobiernos y erosionar la confianza en la OTAN y Estados Unidos.
En septiembre de 2025, cazas F-35 de la Alianza interceptaron aviones rusos MiG-31 que habían violado el espacio aéreo de Estonia, un episodio que volvió a poner de manifiesto el riesgo de incidentes militares en el flanco oriental.
Del Mar Negro a la guerra electrónica
La presión rusa también alcanza a Rumanía y Bulgaria, dos miembros de la OTAN situados en el Mar Negro.
Ambos países han denunciado un incremento de las interferencias GPS, los ciberataques y otras actividades atribuidas a Rusia.
Rumanía, en particular, ha sufrido numerosas incursiones de drones debido a los ataques rusos contra objetivos ucranianos próximos a su frontera.
Según el Ministerio de Defensa rumano, se han producido más de un centenar de ataques rusos contra objetivos situados cerca de la frontera y 29 incursiones no autorizadas de drones rusos en el espacio aéreo rumano, además de numerosos hallazgos de restos de aeronaves.
En mayo de 2026, un dron Geran-2 ruso cayó sobre un edificio residencial en Galaţi y causó dos heridos. En julio, cazas F-16 rumanos derribaron drones que habían penetrado en su espacio aéreo, al menos uno de ellos identificado como ruso.
Estos últimos días, cazas F-18 españoles han sido activados en Rumanía, en el marco de la misión de Policía Aérea Reforzada (eAP) de la OTAN, para interceptar drones que sobrevolaban el espacio aéreo rumano, llegando a interceptar y derribar uno de ellos.
"Poner a prueba a la OTAN"
El CRS apunta a una de las claves de la estrategia rusa: evitar el enfrentamiento convencional directo con una alianza militar muy superior, recurriendo en su lugar a métodos asimétricos.
La Agencia de Inteligencia de Defensa estadounidense considera que Moscú utiliza acciones indirectas para compensar la superioridad militar de Estados Unidos y la OTAN.
El objetivo sería avanzar los intereses rusos, competir con Occidente y "poner a prueba las capacidades y la determinación de la OTAN", manteniéndose por debajo del umbral de un conflicto armado directo.
La propia evaluación anual de amenazas de la Inteligencia Nacional estadounidense resume las herramientas empleadas por Moscú: "Los instrumentos de Rusia en la zona gris incluyen ciberataques, desinformación y operaciones de influencia, manipulación de los mercados energéticos, intimidación militar y sabotaje".
El documento añade que Rusia "a menudo oculta y niega su papel, complicando los esfuerzos de EEUU para contrarrestarla".
Es una estrategia de desgaste, señala el citado informe, que busca explotar el denominado "espacio gris": una zona en la que una agresión puede ser suficientemente grave para causar costes, pero deliberadamente ambigua para dificultar una respuesta militar.
