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Las claves

La guerra electrónica se ha convertido en uno de los principales campos de batalla de la guerra de Ucrania. La última muestra de esta evolución llega desde Rusia, donde un helicóptero Mi-8 ha sido transformado en una plataforma aérea capaz de interferir las señales de navegación por satélite de los drones de largo alcance empleados por Kiev para atacar instalaciones militares y energéticas situadas a cientos de kilómetros del frente.

La existencia de esta nueva capacidad ha salido a la luz de forma fortuita tras la difusión, por parte de un canal ruso de Telegram, de imágenes del aparato modificado. Posteriormente, el medio especializado Militarnyi analizó las fotografías y concluyó que se trata de un sistema específicamente diseñado para misiones de guerra electrónica.

El aparato identificado es un Mi-8, uno de los helicópteros de transporte más numerosos del inventario ruso y uno de los modelos de ala rotatoria más producidos desde su entrada en servicio en la década de 1960. En las imágenes se le observa equipado con varios paneles de antenas planas distribuidos a lo largo del fuselaje.

Es probable que el Ejército ruso planee emplear estos helicópteros de forma similar a las aeronaves ligeras de guerra electrónica que Ucrania ha incorporado recientemente. Además, la instalación de un sistema de guerra electrónica en un helicóptero permite su despliegue rápido en las zonas necesarias.

La antenas visibles cubren aproximadamente un sector de 180 grados y todo apunta a que existe un conjunto idéntico instalado en el lado opuesto del helicóptero, lo que permitiría generar una cobertura prácticamente completa alrededor de la aeronave.

Detalle del helicóptero ruso Mi-8 equipado con un sistema de guerra electrónica de doble banda. Kirill Fedorov

Uno de los detalles que más ha llamado la atención de los analistas es que cada panel de antena está conectado únicamente mediante dos cables. Una configuración que avanza un sistema capaz de operar simultáneamente sobre dos canales de frecuencia, una arquitectura poco adecuada para combatir drones tácticos controlados por radio, cuyas frecuencias cambian constantemente para esquivar las interferencias.

Por ello, se considera que la misión principal del sistema sería otra: bloquear las señales de navegación por satélite que utilizan los drones ucranianos de largo alcance para alcanzar depósitos de combustible, aeródromos, fábricas militares y otras infraestructuras estratégicas dentro del territorio ruso.

Los especialistas plantean dos posibles explicaciones técnicas. La primera apunta a que los dos cables alimentan antenas con distintas polarizaciones, permitiendo emitir interferencias en diferentes orientaciones y aumentando la probabilidad de afectar a la antena receptora del dron.

La segunda hipótesis sostiene que el sistema actuaría sobre varias bandas de navegación por satélite al mismo tiempo, interfiriendo tanto la banda L1, situada entre 1,5 y 1,6 GHz, como las bandas L2 y L5, próximas a 1,2 GHz, utilizadas por los receptores multibanda más modernos.

La ventaja de un sistema móvil

Aunque los drones de ataque de largo alcance incorporan sistemas de navegación inercial capaces de mantener el vuelo cuando pierden temporalmente la señal GPS o GLONASS, estos sistemas acumulan errores conforme aumenta el tiempo sin recibir correcciones desde los satélites.

Si un dron atraviesa una zona amplia sometida a interferencias continuadas, su trayectoria puede desviarse de forma significativa antes de alcanzar el objetivo.

Precisamente esa vulnerabilidad explicaría la elección de un helicóptero como plataforma de guerra electrónica. Frente a un inhibidor instalado en tierra, un Mi-8 puede desplazarse rápidamente hasta las zonas donde se concentran los ataques ucranianos y crear un "escudo electrónico" temporal alrededor de infraestructuras críticas o de áreas especialmente sensibles.

Según Militarnyi, el concepto recuerda al empleado por Ucrania, que ya ha utilizado aeronaves ligeras adaptadas para transportar equipos de guerra electrónica con el fin de proporcionar cobertura móvil allí donde la amenaza resulta más intensa.

Futuras conversiones

La aparición de esta variante coincide con la ampliación prevista de la producción del Mi-8 en Rusia.

De acuerdo con un informe de la firma privada Dallas Analytics, Moscú tiene previsto fabricar 72 helicópteros multipropósito Mi-8MTV-1 entre 2026 y 2027.

Solo este año, la planta de helicópteros de Kazán prevé entregar al menos 37 aeronaves, un ritmo de producción que, según la consultora, supera las estimaciones anteriores sobre la capacidad industrial rusa.

Si esta nueva configuración demuestra su eficacia frente a los drones de largo alcance, esa mayor disponibilidad de helicópteros facilitaría su conversión en plataformas de guerra electrónica, reforzando la protección móvil del espacio aéreo ruso frente a una de las capacidades que Ucrania ha intensificado durante los últimos meses: los ataques en profundidad contra infraestructuras estratégicas situadas lejos de la línea del frente.