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Las claves

Las actualizaciones de las doctrinas fruto de las guerras de Ucrania e Irán apuntan directamente a emplear sistemas de armas más baratos que permitan poner en el frente un mayor número de unidades.

Se trata de un cambio importante respecto a planteamientos anteriores —que buscaban la superioridad con la tecnología más avanzada posible— como consecuencia del extraordinario desgaste del stock de sistemas muy costosos, complejos de fabricar y difícilmente reemplazables.

Ha ocurrido con el segmento de los drones y, ahora, también en el de los misiles de crucero. El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha cerrado en los últimos días tres contratos en el marco del programa Family Affordable Mass Missiles (FAMM).

Y, hace justo dos meses, impulsó otro programa más, denominado LCMM, para el empleo de sistemas de armas similares para su despliegue desde la superficie. Mismo concepto, pero aproximaciones opuestas.

Comenzando por el FAMM, este proyecto tiene el objetivo de establecer las vías para la producción rápida, a bajo coste y alto volumen de sistemas de misiles para ataques desde el aire.

Para ponerlo en perspectiva, los misiles aire-superficie de largo alcance (Joint Air-to-Surface Standoff Missiles) empleados por la Fuerza Aérea de EEUU y diseñados para atacar a lugares fuertemente defendidos tienen un coste superior a los 1,3 millones de dólares.

Con el nuevo programa, esta factura quiere reducirse a cerca de los 220.000 dólares por unidad, prácticamente un 20% del que supone la munición actual.

Las elegidas por el Pentágono para este programa son Anduril, CoAspire y Zone5, según recoge el Departamento de Defensa estadounidense, quien también explica que busca acelerar la validación de una nueva familia de misiles de crucero.

"El Arsenal of Freedom del siglo XXI exige una forma diferente de hacer negocios", ha explicado Michael P. Duffey, subsecretario de Guerra para Adquisiciones y Sostenimiento.

Quien aseguró que el anuncio del programa FAMM "pone de manifiesto la acción de la Estrategia de Transformación de Adquisiciones, ampliando la base industrial de defensa, desplegando capacidades con mayor rapidez y atrayendo inversión privada para financiar la innovación e incrementar la producción industrial".

Las adjudicaciones finales se llevarán a cabo una vez que el personal del Departamento, junto con los militares, hayan validado los sistemas.

Una de las características más importantes de este programa es que se busca "garantizar que varias líneas de producción estén preparadas para afrontar picos de demanda", fiel reflejo del nuevo escenario mundial.

De hecho, "los contratistas que cumplan o superen los plazos de producción podrán optar a cantidades adicionales de adquisición", siempre y cuando el Congreso autorice más asignaciones presupuestarias. "Lo que fomentará un entorno competitivo que recompense la eficiencia y la rapidez".

El FAMM se subdivide en dos variantes de misiles. El FAMM-L para el lanzamiento desde cazas o bombarderos. Y el FAMM-P, una versión paletizada para su despliegue desde aviones cargueros. Ambos con alcances de entre 400 y 800 kilómetros.

Según recoge la propia Anduril en un comunicado, el acuerdo marco establece que el Pentágono tiene previsto adquirir un máximo de 8.000 misiles por año, repartidos entre las dos variantes.

También desde la superficie

De forma paralela, el Departamento de Defensa estadounidense también está impulsando el programa LCCM (Low-Cost Containerized Missiles) que fue adjudicado a las tres compañías mencionadas antes y a Leidos.

"Estos acuerdos permitirán desplegar rápidamente una masa cinética eficaz y asequible para la Fuerza Conjunta a gran escala", explican en la documentación.

Lo que permitirá al Departamento "adquirir más de 10.000 misiles de crucero de bajo coste en tan sólo tres años y a partir del próximo 2027".

"Suministraremos una gran cantidad [de misiles] asequibles a nuestros combatientes a una velocidad sin precedentes", explica en ese caso Emil Michael, subsecretario de Guerra para investigación e ingeniería.

Este enfoque refleja la necesidad por parte de EEUU de expandir la base industrial de municiones, colaborando con compañías más allá de los contratistas habituales del segmento de la misilística.

Como una ramificación del programa LCCM, el Pentágono firmó un acuerdo con la compañía Castelion para impulsar las soluciones hipersónicas a bajo coste.

Una vez que este contratista complete la certificación, el Departamento adjudicará un contrato para un mínimo de 500 misiles Blackbeard anuales durante dos años, con opciones de prórroga de hasta cinco años.

Además, para "incentivar aún más la expansión de las instalaciones de Castelion", el Pentágono está buscando fondos y autorizaciones para adquirir más de 12.000 misiles Blackbeard en un plazo de 5 años.

Tal y como explican, tienen el objetivo de "proporcionar capacidad letal a la velocidad que requiere la Fuerza Conjunta" y apostando por "vías de producción escalables que puedan aumentar su capacidad cuando sea necesario".