La cumbre de la OTAN celebrada en Ankara ha dejado algo más que un compromiso para incrementar el gasto en defensa. Para el exembajador de España en Estados Unidos y ante la Alianza Atlántica, Javier Rupérez, el encuentro marca el inicio de una nueva etapa en la seguridad europea, definida por dos certezas: Rusia seguirá siendo la principal amenaza para el continente y Europa deberá asumir un mayor peso en su propia defensa, con independencia del rumbo político de Washington.
"Tenemos que tener muy claro lo que nosotros tenemos que hacer, con o sin ellos", afirmó Rupérez durante su intervención en el programa especial de Valor Añadido sobre la cumbre de la OTAN, organizado por Invertia-EL ESPAÑOL.
En este sentido, subrayó que los acuerdos alcanzados en Ankara refuerzan la cohesión de la Alianza, pero también evidencian que la autonomía estratégica europea ha dejado de ser un debate político para convertirse en una necesidad geopolítica.
Entre las valoraciones positivas de la cumbre, Rupérez destacó el comunicado final, que calificó de "razonable" por preservar el principio fundacional de la organización. “Refleja la filosofía básica de la Alianza”, aseguró, al subrayar que el documento sitúa en el centro el artículo 5 del Tratado de Washington, es decir, “el compromiso de todos los aliados de defenderse en el caso de que haya una intervención exterior contra alguno de ellos”.
A su juicio, el aumento del esfuerzo militar acordado por los aliados europeos no debe interpretarse únicamente como una respuesta a las exigencias del presidente estadounidense, Donald Trump. Responde, sobre todo, a la necesidad de que Europa desarrolle capacidades propias en un escenario internacional cada vez más inestable.
En este contexto, destacó que la declaración incorpora también elementos especialmente favorables para Washington, al recoger diversas actuaciones "con la colaboración de Estados Unidos", una expresión que, en su opinión, resulta llamativa porque parece presentar a EEUU "como si fuera alguien de fuera de la Alianza".
Asimismo, subrayó que es la primera vez que la OTAN incluye una referencia explícita a Irak en una declaración de este tipo.
Una OTAN con Europa como pilar más fuerte
Pese a las tensiones políticas generadas por Donald Trump, Rupérez descartó que Estados Unidos vaya a abandonar la Alianza Atlántica. "Los norteamericanos se van a mantener en la OTAN. No les interesa irse", afirmó.
Aunque fue especialmente crítico con el presidente estadounidense —cuyas características calificó de "enormemente negativas"—, insistió en que Europa no puede condicionar su estrategia de seguridad a los cambios políticos que se produzcan al otro lado del Atlántico.
"Tenemos que tener muy claro lo que nosotros tenemos que hacer con o sin ellos." En su opinión, Washington atraviesa una etapa en la que sus decisiones exteriores están cada vez más condicionadas por sus intereses económicos y estratégicos.
"Con Trump, Estados Unidos ya no está detrás de valores, de principios o de ideas; está únicamente detrás de negocios. Es lo único que le interesa personal y colectivamente".
No obstante, considera que tampoco a Washington le conviene desvincularse del continente europeo. "Estados Unidos también tiene que replantearse si le interesa estar absolutamente ausente del continente europeo. Yo creo que no."
Una autonomía estratégica
Más allá del refuerzo militar, Rupérez defendió que la autonomía estratégica solo será posible si Europa avanza también en su integración política. Por ello, volvió a reivindicar la necesidad de evolucionar hacia una "federación europea", aunque matizó que ello no supondría la desaparición de los Estados nacionales.
"Tenemos un Parlamento Europeo, un Banco Europeo y una moneda europea, pero nos falta un gobierno europeo que sea capaz de articular una autonomía estratégica".
Como argumento, recordó que, en conjunto, los países europeos miembros de la OTAN ya destinan a defensa un volumen de recursos superior al de Estados Unidos y cuentan con una población cercana a los 450 millones de habitantes. Sin embargo, considera que ese potencial continúa fragmentado por la ausencia de un verdadero liderazgo político común.
En esa línea, subrayó que la Unión Europea dispone también de su propia cláusula de defensa mutua, recogida en el artículo 42.7 del Tratado de Lisboa, cuyo alcance calificó incluso de "más contundente" que el citado artículo 5 del Tratado de Washington.
Rusia sigue siendo el desafío
Para Rupérez, la guerra de Ucrania no representa un episodio aislado, sino la manifestación más reciente de una amenaza histórica para la seguridad europea. "El gran peligro que ha tenido siempre Europa se llama Rusia, en sus diversas manifestaciones, ya sean imperiales, soviéticas o socialistas".
El exembajador considera que Moscú no renunciará a mantener la presión sobre el continente una vez finalice la guerra en Ucrania y puso como ejemplo la percepción estratégica de Polonia, país en el que ejerció como diplomático y que hoy lidera el esfuerzo inversor en defensa dentro de la Unión Europea, con un gasto superior al 4,5% del PIB.
A su juicio, España tampoco puede considerarse al margen de esa amenaza, aunque no comparta frontera con Rusia.
"La naturaleza de los conflictos ha cambiado. Ya no hablamos únicamente de tanques cruzando una frontera; hablamos de drones, ciberataques y amenazas híbridas capaces de alcanzar cualquier punto de Europa". Por ello, defendió que la política exterior española debe analizarse desde una perspectiva estratégica y no únicamente ideológica.
"Hay que tener en cuenta las responsabilidades nacionales y ver por dónde anda nuestra política exterior", afirmó, antes de plantear una reflexión sobre la relación con Washington: "¿Nos interesa tener un Gobierno manifiestamente anti-Trump? Yo creo que no. Y que conste que Trump no me produce ninguna fascinación; todo lo contrario".
Para Rupérez, el verdadero debate que deja la cumbre de Ankara no gira en torno a la permanencia de Estados Unidos en la OTAN, sino a la capacidad de Europa para garantizar su propia seguridad en un escenario internacional cada vez más competitivo e incierto.
La autonomía estratégica, concluyó, ya no es un proyecto de futuro, sino una exigencia del nuevo equilibrio geopolítico.
