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Las claves

La Armada de Estados Unidos ha solicitado un fuerte aumento del gasto en misiles Tomahawk y SM-6, ambos sistemas han sido fundamentales para los destructores de la clase Arleigh Burke, eje del despliegue estadounidense en Oriente Próximo.

El presupuesto para el año fiscal 2027 plantea un incremento del 1.200% en los Tomahawk y del 225% en los SM-6 respecto a 2026, en una clara apuesta por reforzar la capacidad de ataque y defensa naval en escenarios de alta intensidad.

En total, la Marina pide 785 Tomahawk por 3.000 millones de dólares —frente a los 55 del ejercicio anterior— y 540 SM-6 por 4.330 millones, más del triple que en 2026. A esto se suman 494 misiles aire-aire AMRAAM y 141 torpedos pesados MK-48.

Los Tomahawk y los SM-6, son desarrollados por Raytheon (actualmente RTX Corporation), los primeros tienen un alcance de más de 1.000 millas náuticas y permiten ataques de precisión a larga distancia, mientras que los segundos, actúan como defensa frente a aeronaves, drones y misiles de crucero.

Son dos misiles que se complementan, los Tomahawk vuelan a baja cota y velocidad subsónica, buscando evitar la detección, mientras que los SM-6 operan a gran altitud y alta velocidad. Esta combinación complica la defensa enemiga: un sistema diseñado para interceptar uno de estos perfiles difícilmente podrá neutralizar el otro con la misma eficacia, lo que obliga a diversificar las contramedidas.

Parte de la financiación de esta nueva compra de misiles se canalizará a través de un mecanismo de reconciliación presupuestaria que permitirá repartir las compras a lo largo de varios años. La Administración Trump recurre por segundo año consecutivo a esta fórmula para acelerar contratos sin depender exclusivamente del presupuesto anual.

El impulso llega tras un uso intensivo de estos misiles en combate. Según el CSIS (Center for Strategic and International Studies), la Armada ha lanzado ya 850 Tomahawk en la operación Furia Épica la cifra más alta en un conflicto desde la Guerra del Golfo de 1991.

Sin embargo, expertos advierten de los límites industriales. “Estados Unidos necesita estas cantidades, pero la base industrial no puede sostenerlas ahora mismo”, señala Todd Harrison, del American Enterprise Institute.

La producción de un SM-6 puede superar los tres años, mientras que el Tomahawk depende de cadenas de suministro con proveedores únicos y largos plazos de preparación, aunque oscila entre los 18 y 24 meses.

Presión a la industria

Para aumentar la producción de este tipo de armamento y de otros, considerados críticos tras la guerra con Irán, el presidente de EEUU, Donald Trump, se reunió con las principales empresas del sector de Defensa y decidieron "cuadriplicar" el ritmo de producción de armas y sistemas de defensa tras el desgaste de sus arsenales en conflictos.

Tras su encuentro con contratistas de defensa, el presidente Trump afirmó que EEUU cuenta con "un suministro prácticamente ilimitado de municiones de grado medio y medio superior", utilizadas en operaciones militares recientes, incluidas las dirigidas contra Irán.

Sin embargo, algunos analistas alertan sobre la capacidad estadounidense para responder a un eventual conflicto en el Indo-Pacífico.

Históricamente, se han producido aproximadamente 70 a 90 Tomahawks al año, aunque Raytheon, su fabricante actual, ha propuesto aumentar la producción a 1.000 unidades anuales para atender la mayor demanda. Igualmente, la producción del interceptor SM-6 aumentaría de aproximadamente 125 a más de 500 unidades anuales.

Recientemente, el Departamento de Guerra de Estados Unidos (DOW) también anunció un acuerdo con Lockheed Martin para acelerar la producción del misil de ataque de precisión (PrSM), con el objetivo de adaptar los ritmos industriales a un entorno de guerra y garantizar que las fuerzas estadounidenses “superen a cualquier adversario potencial”.

El acuerdo marco, impulsado por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, busca reforzar la base industrial de defensa y avanzar en la construcción del denominado “Arsenal de la Libertad”, una iniciativa destinada a incrementar la capacidad de respuesta militar del país.