D. Barreira
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El hervidero de Oriente Próximo se asoma a una nueva explosión de hostilidades. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha ordenado el regreso de sus diplomáticos en Arabia Saudí y planea hacer lo mismo con otros funcionarios no esenciales y sus familias desplegados en otras zonas de la región, según informa la agencia Reuters. Un movimiento de seguridad que presagia una escalada bélica.

De momento solo se ha llamado a casa a los funcionarios que trabajan en el reino saudí y la explicación oficial apunta a la intensificación de los ataques de los hutíes de Yemen, aliados de Irán. En los últimos días, dos personas murieron en un ataque en el aeropuerto civil de Dammam y otras dos lo hicieron en una explosión en una refinería provocada por un dron.

Washington había hecho regresar a parte de su personal diplomático a la región en los últimos meses, después de que muchos fueran retirados antes incluso de que el régimen de los ayatolás lanzase ataques de represalia contra instalaciones estadounidenses tras el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero.

Y la historia parece que vuelve a repetirse. Según informa The New York Times, los ejércitos de Donald Trump y Benjamin Netanyahu han desarrollado planes específicos para reanudar los bombardeos contra Teherán. Pero solo las elecciones que se celebran en ambos países en los próximos días frenan el inicio de las nuevas operaciones, que serían más cortas pero intensas.

En ese contexto se enmarca la visita que hizo Pete Hegseth, secretario de Guerra estadounidense, a Israel el pasado lunes. El jefe del Pentágono se reunió en una base militar, en un encuentro que se había intentado mantener en secreto, con el primer ministro israelí y con el ministro de Defensa, Israel Katz.

Pete Hegseth y Donald Trump este miércoles en la Casa Blanca. Kevin Lamarque Reuters

The New York Times asegura que los cazas de combate de Washington y Tel Aviv están realizando prácticas sobre los cielos de Irak para coordinar nuevos bombardeos. Entre los objetivos a destruir del régimen iraní se encontrarían instalaciones energéticas, nucleares y arsenales de misiles y drones.

La suposición en la Casa Blanca, tras meses de infructuosa negociación con los ayatolás, es que una gran ronda de ataques podría terminar de hundir la economía iraní tras casi ocho meses de resistencia y forzar a sus dirigentes a realizar concesiones diplomáticas que hasta ahora habían marcado como líneas rojas.

No obstante, los iraníes han demostrado en este tiempo una enorme capacidad para sobreponerse a todos los golpes, desde la propia destrucción de infraestructuras hasta el asesinato de sus principales líderes políticos y cargos militares. Su estrategia de defensa se ha basado en ahogar el estrecho de Ormuz y provocar un shock económico en el mercado mundial de petróleo.

La luz verde a una nueva campaña de bombardeos la tiene que dar Donald Trump, que en los últimos meses ha frenado varias operaciones para regresar a los combates directos. A principios de este mismo mes, según informó el Financial Times, el mandatario republicano paró los pies a su homólogo israelí, que pretendía llevar a cabo una ofensiva contra plantas eléctricas, instalaciones nucleares y otros objetivos del régimen.

Estos bombardeos, según las fuentes citadas por el periódico británico, tenían previsto superar en intensidad a los que inauguraron la guerra. Trump y Netanyahu han repetido en numerosas ocasiones que deben "acabar" el trabajo en Irán, pero la oposición interna les hace de momento ser cautos, al menos unos días más, para evitar un castigo electoral.