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Las claves

El régimen de los ayatolás celebró este miércoles el 47 aniversario de la revolución islámica que tumbó al sah Mohammad Reza Pahleví. La festividad nacional estuvo a punto de coincidir con la oleada de protestas que puso contra las cuerdas a la República Islámica, que sólo disipó las movilizaciones articulando una brutal campaña de represión.

Muchos manifestantes pidieron el regreso de la monarquía y de su heredero. En una escalada de represión tras las protestas de enero, las autoridades iraníes han detenido en los últimos días a figuras clave del Frente Reformista.

Se ha confirmado el arresto de la líder del Frente, Azar Mansouri y, al menos, otros cuatro líderes disidentes. Entre ellos, el exviceministro de Exteriores, Ebrahim Asgharzadeh. Las detenciones están vinculadas a un comunicado reformista de enero que pedía la dimisión del ayatolá Alí Jamenei y un consejo de transición.

Las autoridades los acusan de "desestabilizar el país" en medio de amenazas de Estados Unidos e Israel, y de coordinar con propaganda enemiga.

Irán lleva semanas en tensión por las amenazas de una intervención militar de Estados Unidos si no se cierra un acuerdo nuclear, unas advertencias que ha acompañado con el despliegue al Golfo del portaaviones USS Abraham Lincoln junto con su grupo de apoyo y ahora considera el envío de otro.

La fiesta nacional también coincide con las negociaciones con Estados Unidos en Omán para discutir la evolución del programa nuclear iraní.

"Muerte al dictador"

Los actos de celebración comenzaron a las nueve en punto de la noche del martes, cuando los fuegos artificiales iluminaron la noche de la capital iraní. Los testigos occidentales presentes en los actos pudieron escuchar los gritos de "Dios es el más grande", aunque el estallido de los cohetes no consiguieron acallar los gritos de "muerte al dictador" que surgían desde el interior de las casas.

El presidente iraní Masud Pezeshkian reiteró en un discurso en la plaza Azadi que su país no busca armas nucleares y aseguró que está listo para "para cualquier verificación" de su programa atómico.

Pezeshkian llamó a la unidad nacional tras la "herida" de las protestas que causaron "un gran dolor" y pidió disculpas a la población por los problemas a los que hace frente el país. "Lamentablemente, los sucesos del 8 y 9 de enero causaron gran dolor en nuestro país y llevaron a nuestro querido pueblo a la muerte y al martirio", declaró.

El Gobierno iraní reconoce la muerte de 3.117 personas en unas protestas de las que culpa a Estados Unidos e Israel, pero la ONG HRA, con sede en Estados Unidos, sitúan en 6.984 los fallecidos, si bien continúa verificando más de 11.600 posibles muertes, y estima unos 51.000 arrestos.