Fue hace algo más de una semana cuando un coche bomba saltó por los aires frente a la vivienda de Mosul este en que Umm Ashraf y sus siete hijos se resguardaban de la violencia que azota la segunda urbe de Irak. Todos resultaron heridos en la explosión, que dejó a decenas soterrados bajo los escombros de las casas destruidas. Aministía Internacional (AI) la encontró en un hospital de la vecina Erbil, a unos 80 kilómetros a la derecha de Mosul, adonde muchos intentan escapar.

“Nuestras casas se han convertido en las tumbas de nuestros hijos”, afirmó Ashraf a la ONG. “Yo saqué a rastras a mis hijos heridos debajo de los escombros uno a uno. Pero mi hermana murió, no pude ayudarla”.

No se trata de un episodio aislado. Este jueves, tres vehículos bomba estallaron en un barrio de Mosul oriental en una ofensiva reivindicada por el autodenominado Estado Islámico, que dos años atrás tomó el control de la ciudad, informó Reuters.

Mientras, el fuego de mortero ha acabado con la vida de varios trabajadores humanitarios esta semana, según Naciones Unidas. Precisamente, uno de estos artefactos se llevó el mes pasado a las pequeñas Teiba, de ocho años, y Tagreed, de apenas uno, al golpear su hogar en el este de Mosul, según relató su madre a AI.

Desde mediados de octubre, fuerzas iraquíes y kurdas y milicias respaldadas por Bagdad libran con ayuda de la coalición internacional pilotada por Estados Unidos una intensa campaña para retomar Mosul de manos del grupo terrorista, que avanza a paso lento.

La operación ha empujado a más de 100.000 personas a abandonar la urbe, que se suman a los tres millones de desplazados presentes en todo Irak. Se calcula que en el conjunto del país cerca de 3.000 iraquíes, entre civiles y combatientes, perdieron la vida el mes pasado a raíz de la violencia, de acuerdo con las estimaciones de Naciones Unidas. Pero los más vulnerables en esta crisis son los más pequeños, alertan las organizaciones humanitarias.

“Unicef está extremadamente preocupado por la situación de los niños en Irak y en Mosul. Los niños iraquíes están en la línea de fuego y se ven reiterada e implacablemente afectados, víctimas de abusos repugnantes, heridas y explotación”, afirma Peter Hawkins, representante de Unicef en Irak, por escrito a EL ESPAÑOL. “Llamamos a todos los bandos a que respeten y protejan a los niños”.

De los más de 100.000 vecinos de Mosul desplazados por el conflicto, la mitad son niños. Por otro lado, la ONU estima que hasta un millón y medio de personas -lo que incluye al menos 600.000 menores- continúan en la sitiada ciudad, donde se enfrentan a la escasez de agua, alimentos, atención sanitaria y acceso a la educación. El pasado día 8, tres agencias de la ONU, incluido Unicef, lograron realizar la mayor entrega de ayuda humanitaria en Mosul desde el estallido del conflicto, haciendo llegar alimentos y todo tipo de recursos a 42.000 residentes.

VÍCTIMAS DEL COMBATE

Pero aparte de las adversidades salubres y alimentarias, los niños de Mosul se ven a menudo atrapados en el fuego cruzado e incluso son obligados a dar su vida en combate.

“Los niños y niñas atrapados en el fuego cruzado de la brutal batalla por Mosul han visto cosas que no debería ver nunca nadie, de ninguna edad”, dijo en un comunicado Donatella Rovera, asesora general de Aministía Internacional para la respuesta a las crisis, tras pasar más de dos semanas en la zona, donde los terroristas del Estado Islámico no dudan en usar a civiles como escudos humanos o ejecutarlos directamente.

Pero aunque se ha informado ampliamente del uso de menores por parte de Estado Islámico, no es el único grupo que lo hace en Irak, asegura Human Rights Watch (HRW). La organización denuncia que el brazo armado del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) así como milicias yazidíes, una comunidad brutalmente reprimida por Estado Islámico, fuerzan a niños a luchar en sus filas. También denuncia que milicias que participan en la toma de Mosul han reclutado a menores para el combate.

“Los niños y las niñas deberían estar con sus familias y yendo a la escuela”, declaró la directora de derechos de la infancia de HRW, Zama Coursen-Neff, “no siendo usados como un medio para fines militares”.

Unicef considera que la situación de los niños iraquíes comenzó a empeorar notablemente en 2014, año en que Estado Islámico proclamó lo que llama su “califato” en Siria e Irak. Muchos de los desplazados de Mosul con los que habló la agencia coinciden en que la vida se paralizó en la ciudad con la llegada de los terroristas. El desempleo se disparó, el acceso a la sanidad fue lacerado y algunos padres sacaron a sus hijos de la escuela temerosos de que fueran “adoctrinados”.

Médicos Sin Fronteras (MSF) actúa allí para ofrecer atención médica a los desplazados. El empeoramiento de la situación humanitaria ha llevado a la ONG a intensificar sus esfuerzos en la zona, asegura en un reciente comunicado

La batalla de Mosul llevó a MSF a abrir un hospital de campaña 30 kilómetros al norte de la ciudad para que pacientes heridos de bala y metralla acudan a tratar sus heridas. A comienzos de mes, la organización estableció una sala de emergencias al sur de la ciudad. Sus equipos en Erbil también han incrementado sus esfuerzos en los campos de desplazados de Khazer y Hasansham.

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