V. Yusty | Agencias
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Las protestas que se iniciaron en España por la crisis de la vivienda y que atravesaron Francia sumiendo al país en el caos han llegado a Italia.

En las principales ciudades transalpinas, el descontento social por la carestía de la vida y los bajos salarios se ha sumado a las movilizaciones, derivando en violentos enfrentamientos.

Durante la jornada del sábado, la plaza del Duomo de Milán se convirtió en el epicentro de los disturbios.

Cientos de manifestantes chocaron con las fuerzas de seguridad entre el levantamiento de barricadas, el lanzamiento de petardos y ataques al cordón policial.

La policía respondió con cargas y gases lacrimógenos en un balance que, según medios locales, se salda con numerosos heridos y medio centenar de detenidos.

También la ciudad de Bolonia vivió episodios de tensión en la zona de su estación ferroviaria, con enfrentamientos entre jóvenes manifestantes y las fuerzas del orden, que utilizaron cañones de agua y gases lacrimógenos.



En el centro de Turín, se celebró una manifestación contra el aumento del coste de la vida con consignas contra la primera ministra, Giorgia Meloni, que también se caracterizó por episodios de tensión con las fuerzas de seguridad, que emplearon granadas de humo en algunos momentos.

Los manifestantes queman un tanque de cartón en Turín. EFE

En el caso de Roma, miles de personas participaron en la manifestación "Juntos en la Vía Principal", promovida por la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL) y más de cien asociaciones laicas y católicas en demanda de salarios más altos, servicios públicos, impuestos más justos y menor gasto militar.



El secretario general de la CGIL, Maurizio Landini, anunció en esa movilización la convocatoria de una huelga general para el 20 de noviembre, coincidiendo con la huelga estudiantil europea.



Ante estas protestas, la primera ministra Giorgia Meloni condenó en un mensaje en sus redes sociales los episodios violentos: "Manifestarse es un derecho. Incendiar nuestras ciudades no lo es", reprobó.



"Tengo un gran respeto por las miles de personas que hoy se han manifestado pacíficamente, participando incluso en la movilización convocada por la CGIL, que contó también con la presencia de los líderes de la izquierda. Sean cuales sean las ideas por las que se manifiesta, la participación es la base de cualquier democracia sana", indicó Meloni.

Pero, añadió, "no podemos ignorar lo ocurrido en otras plazas italianas. En Milán, lanzamientos de piedras contra las fuerzas del orden, agentes heridos, daños y violencia (...). En Turín han sido detenidas personas con adoquines y martillos rompevidrios. En Bolonia los disturbios han llevado al cierre preventivo de la estación ferroviaria".



La mandataria condenó las acciones de los "vándalos" que aprovechan las manifestaciones para sembrar el caos, agredir a quienes garantizan la seguridad y tomar como rehenes ciudades enteras".



Meloni hizo un llamamiento a la oposición para que "condenen sin ambigüedad esta violencia y lancen un llamamiento claro para que toda movilización sea pacífica. Ante escenas de este tipo, el rechazo debe ser unánime. Toda reticencia se convierte en justificación. El silencio no es aceptable"