El presidente francés , Emmanuel Macron, ha comparecido de urgencia este domingo a las 20:00 horas en una jornada marcada por la gravedad del momento institucional y social.
En sus primeras palabras, Macron ha mostrado una contundente empatía con el malestar social, al tiempo que condenaba la ola de violencia que sacude al país: "Hoy todos sentimos enfado y vergüenza", ha arrancado el jefe del Estado.
"A partir de ahora, tengo un método claro: los prefectos (funcionarios públicos de alta jerarquía) tomarán decisiones junto a los alcaldes para proteger nuestras ciudades, edificios públicos y comercios llegando, cuando sea necesario, a prohibir reuniones y tomando todas las acciones necesarias" anunció Macron.
En un mensaje centrado en las víctimas directas de los disturbios, el mandatario ha expresado su respaldo a las fuerzas de seguridad y a los sectores afectados.
"Pensamos en los numerosos heridos y en sus familias. Expreso nuestro total apoyo a los comerciantes que hoy se encuentran sumidos en la incertidumbre tras haber defendido sus negocios. El Gobierno les dará respuestas", ha prometido.
Asimismo, el jefe del Estado ha detallado las cuatro grandes líneas de actuación con las que el Ejecutivo pretende frenar la escalada de tensión en las calles:
En primer lugar, Macron ha anunciado un refuerzo inmediato de las competencias territoriales para atajar los altercados en el plano local: "Los prefectos tomarán decisiones conjuntamente con los alcaldes, llegando incluso a prohibir reuniones" en aquellas zonas donde exista riesgo de incidentes.
En el ámbito institucional, el presidente ha lanzado un llamamiento directo al arco parlamentario y a los líderes de la oposición para fijar un frente común contra los disturbios: "Llamo al conjunto de los partidos políticos a condenar sin fisuras ni unanimidad de fachada todo tipo de violencia. El país necesita orden".
Macron también ha dedicado un apartado especial a las reivindicaciones estudiantiles y a las franjas más jóvenes que iniciaron las movilizaciones contra el coste de la vida: "No podemos permitir que nuestra juventud pierda la fe en el futuro sin darles la posibilidad de construirlo", ha señalado, tratando de marcar distancias entre el malestar social legítimo y la deriva insurreccional.
Por último, el mandatario ha concluido con una advertencia tajante dirigida a los grupos violentos y coordinados que han protagonizado los saqueos y enfrentamientos: "Ante aquellos que rompen y se entregan a la violencia, vamos a ser implacables".
Una violencia inédita
Las palabras del presidente francés llegan tras una jornada de tensión sin precedentes en la capital y en varios puntos del país.
Lo que nació como un llamamiento a la "convergencia de luchas" —auspiciado por La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, sindicatos y colectivos estudiantiles para protestar contra la carestía de la vida y el encarecimiento de los suministros— derivó en un escenario de caos urbano.
Agentes de policía antidisturbios permanecen cerca de un incendio en París, Francia.
La movilización pacífica de los 'chalecos amarillos' y los liceístas quedó rápidamente eclipsada por la irrupción coordinada de miles de activistas de black blocs y bandas de casseurs, que convirtieron arterias principales como la Rive Droite o los Campos Elíseos en un campo de batalla frente a las fuerzas del orden.
El balance de la jornada refleja la magnitud del estallido: más de 2.000 detenciones a nivel nacional —un récord absoluto registrado por el Ministerio del Interior—, 600 agentes heridos y daños materiales que la patronal del comercio calcula en cientos de millones de euros tras el saqueo de unos 1.500 establecimientos.
Con focos de violencia extendidos a ciudades de provincias como Marsella, Lyon o Limoges —donde su histórico ayuntamiento sufrió graves daños por fuego provocado—, la presión sobre el Ejecutivo se ha multiplicado en las últimas horas, sobre todo después de que los disturbios acorralaran a la propia fuerza policial a apenas 300 metros de la residencia oficial de Macron.
