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Las claves

El primer ministro canadiense, Mark Carney, aceptó este jueves en Estrasburgo la oferta de Ursula von der Leyen para que su país se convierta en el primer "miembro asociado" de la Unión Europea, una figura que no existe en los tratados y que la presidenta de la Comisión presentó el miércoles en su discurso sobre el estado de la Unión.

Carney habló ante el Parlamento Europeo de una "alianza para el futuro", dejó claro que Canadá no busca la adhesión plena y cedió a Bruselas la elección del nombre: "Lo que importa es la sustancia". El marco ya lo había dibujado él mismo en enero, en el Foro Económico Mundial.

En aquel discurso de Davos, pronunciado el 20 de enero en plena crisis por las amenazas de Washington sobre Groenlandia, Carney sostuvo que el mundo vivía "una ruptura, no una transición" y advirtió de que, "cuando solo negociamos bilateralmente con una potencia hegemónica, negociamos desde la debilidad".

Su receta fue que las potencias medias actuaran juntas, "porque, si no estamos en la mesa, estamos en el menú". No citó a Donald Trump, pero al día siguiente, desde el mismo foro, el presidente estadounidense le respondió: "Canadá vive gracias a Estados Unidos. Recuérdalo, Mark, la próxima vez que hagas declaraciones".

Un día después, le retiró la invitación a su Junta de Paz.

Desde entonces, Ottawa ha ido estrechando lazos con Bruselas. En diciembre de 2025, Canadá se convirtió en el primer país no europeo asociado a SAFE, el programa comunitario de préstamos para rearme dotado con 150.000 millones de euros.

En mayo, Carney fue el primer líder no europeo en asistir a una cumbre de la Comunidad Política Europea, y sus ministros se han vuelto habituales en las reuniones de los Veintisiete.

La relación con Washington, mientras tanto, se ha deteriorado aún más. Las negociaciones comerciales se rompieron a finales de agosto: Ottawa acusó a Estados Unidos de exigir una menor protección del francés y de introducir en el último momento cláusulas que limitaban su libertad para firmar acuerdos con terceros.

El primer ministro canadiense, Mark Carney. Reuters Reuters

Trump respondió con aranceles de hasta el 50% sobre coches y camiones canadienses, ampliados el martes a determinados productos siderúrgicos. A su vez, Canadá replicó gravando unos 20.000 millones de dólares en importaciones estadounidenses.

Tras el anuncio de Von der Leyen, el presidente estadounidense calificó de "risible" la posibilidad de que Canadá se sume a la UE y avisó a Bruselas: "Si es con buena intención, está bien. Si es con mala intención, pondremos aranceles muy fuertes a Europa".

Ese mismo miércoles firmó un memorando para excluir los productos canadienses de las compras del Gobierno federal. La próxima cita es la cumbre UE-Canadá de finales de octubre en Montreal.

Cinco Ojos que ya no miran igual

Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo, señaló a Australia y Nueva Zelanda como posibles candidatos a seguir el camino de Canadá en una entrevista con Euronews publicada este jueves, horas antes del discurso de Carney.

La presidenta de la Eurocámara, Roberta Metsola Parlamento Europeo

Metsola aseguró no tener dudas de que el nuevo estatus "incluirá a otros países, y otros vendrán a llamar a nuestra puerta".

Politico Europe había citado ya a un alto funcionario comunitario según el cual Australia, Nueva Zelanda, Singapur y Japón estarían en consideración como posibles futuros miembros asociados.

Por ahora, no consta una respuesta pública ni del Gobierno del australiano Anthony Albanese ni del del neozelandés Christopher Luxon. El terreno, en todo caso, está abonado.

Australia y la UE cerraron el 24 de marzo la negociación de un acuerdo de libre comercio que había naufragado en 2023, firmaron ese mismo mes una Asociación de Seguridad y Defensa y en junio concluyeron la asociación parcial de Australia a Horizonte Europa, el gran programa comunitario de investigación, a partir de enero de 2027.

Nueva Zelanda firmó su propio tratado comercial con Bruselas en 2023 y ya participa en Horizonte Europa. Carney, por su parte, visitó Australia en marzo, pocos días después de que Albanese describiera a Canadá como uno de los "amigos más cercanos" de su país.

Lo curioso de todo esto es que Australia y Nueva Zelanda comparten con Estados Unidos idioma y la llamada "red de inteligencia de los Cinco Ojos". Aparte, Canberra está atada a Washington por la alianza Aukus de submarinos nucleares.

En un reparto del mundo por esferas de influencia, su sitio natural estaría junto a Estados Unidos. La confianza, sin embargo, no deja de erosionarse. Según el sondeo anual del Lowy Institute, publicado en junio, solo el 31 % de los australianos dijo confiar en que Estados Unidos actúe con responsabilidad en el mundo, frente al 65 % de 2022.

Por primera vez, además, una mayoría del 51 % consideraba más importante la relación con China que con Estados Unidos (45 %), aunque el 73 % seguía viendo importante la alianza con Washington, siete puntos menos que hace un año.

Tampoco tranquiliza lo que se mueve entre Washington, Pekín y Moscú. Trump recibirá a Xi Jinping en la Casa Blanca el 24 de septiembre, con cena de estado incluida, para devolverle la visita que él mismo hizo a Pekín en mayo.

El presidente Donald Trump en la Casa Blanca. Evelyn Hockstein Reuters

Yuri Ushakov, asesor de Vladímir Putin, aseguró el 1 de septiembre que se había discutido una reunión a tres entre Trump, Putin y Xi durante la cumbre de la APEC en Shenzhen, los días 18 y 19 de noviembre, aunque la Casa Blanca no ha confirmado la asistencia del presidente.

Como contrapeso, el Congreso aprobó el miércoles, por 262 votos contra 159, sanciones contra Rusia que Trump ya se ha comprometido a firmar, si bien la ley le permite dispensar su aplicación.

A cada uno, su lobo

El principal denominador común de todos estos países es el comercial. La UE paga un arancel del 15 % en virtud del acuerdo pactado con Washington el verano pasado y ratificado este año, y figura entre las 16 economías incluidas en una nueva investigación estadounidense sobre "exceso de capacidad" industrial.

Canadá está en plena guerra comercial. Australia y Nueva Zelanda pagan desde el 24 de julio un 12,5 % adicional sobre la mayoría de sus exportaciones a Estados Unidos, pese a que Australia tenía un tratado de libre comercio con Washington.

La cosa no queda en la aduana. Cada uno de estos socios potenciales se enfrenta a una amenaza existencial en el terreno militar.

Para Europa, dicha amenaza es Rusia. Bielorrusia inició el miércoles unas maniobras militares cerca del corredor de Suwalki, el estrecho paso entre Polonia y Lituania que separa Kaliningrado del territorio bielorruso, en pleno flanco oriental de la OTAN.

Ese mismo día, Von der Leyen propuso en Estrasburgo crear un Consejo Europeo de Seguridad y un protocolo de emergencia. SAFE, el programa de defensa compartida al que ya pertenece Canadá, nació precisamente para acelerar el rearme europeo frente a Moscú.

El Consejo aprobó entre febrero y abril los planes de inversión de 18 Estados miembros, y Polonia, principal beneficiaria con 43.700 millones de euros, recibió el primer desembolso en mayo.

Para Australia y Nueva Zelanda, la amenaza es China, que es a la vez su principal socio comercial. En febrero de 2025, una flotilla china encabezada por el destructor Zunyi circunnavegó Australia y realizó ejercicios con fuego real en el mar de Tasmania, entre ambos países, obligando a desviar vuelos comerciales.

La ministra de Defensa neozelandesa, Judith Collins, calificó aquellas maniobras de "provocaciones sin precedentes". En febrero de este año, el jefe de las Fuerzas Armadas australianas confirmó en una comparecencia parlamentaria que un buque anfibio chino había operado semanas antes en las proximidades de la costa australiana.

Para Canadá, la amenaza es, en primer lugar, su propio vecino. Trump ha repetido que quiere convertirla en el estado número 51 de la Unión y en enero publicó un mapa con el país cubierto por la bandera estadounidense, lo que provocó, según Axios, que Ottawa empezara a estudiar cómo responder a una hipotética invasión.

Christopher Luxon, líder del Partido Nacional de Nueva Zelanda, saluda a sus seguidores en Auckland. Reuters

Por si la amenaza terrestre se quedara corta, el Ártico se ha convertido en escenario de competencia con China, que lanzó en 2018 su Ruta de la Seda Polar, y con Rusia, cuyo ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, celebró en agosto la llegada a Murmansk de un portacontenedores chino por una ruta ártica.

Von der Leyen incluyó en su oferta a Ottawa un "proyecto conjunto emblemático" en el Ártico.

¿1914 o 1945?

Carney insistió en Estrasburgo en que su alianza con Europa debe ser "lo bastante abierta como para que otros puedan unirse", y candidatos no faltan.

Japón y Corea del Sur tienen firmadas asociaciones de seguridad y defensa con la UE y ambos han pedido sumarse a SAFE. Corea está asociada a Horizonte Europa y Japón ha cerrado la negociación para estarlo.

En el Golfo, Bruselas negocia desde 2025 un tratado de libre comercio con Emiratos Árabes Unidos, que sería el primero de ese calibre en la región, y en octubre está prevista en Riad una cumbre con el Consejo de Cooperación del Golfo en la que se espera perfilar un acuerdo comercial con los seis países que lo integran.

Los obstáculos, con todo, son considerables. El "miembro asociado" carece de base jurídica propia, y una de las vías que se apuntan es el artículo 217 del Tratado de Funcionamiento de la UE, el mismo que sostiene el Espacio Económico Europeo con Noruega, Islandia y Liechtenstein.

Jean-Noël Barrot, ministro francés de Europa y Asuntos Exteriores, pidió que la idea sea "debatida, examinada en detalle y analizada" antes de fijar posición.

En Canadá, el líder conservador Pierre Poilievre acusó a Carney de no aclararse sobre lo que negocia y rechazó "impuestos de la UE" y "leyes de la UE".

Carney ha prometido que la estructura final se votará en el Parlamento canadiense. La opinión pública parece estar de su lado: un sondeo de Abacus Data de este mes cifra en un 49% los canadienses que apoyarían incluso la adhesión plena, algo impensable hace apenas dos años.

El líder conservador Pierre Poilievre y el líder liberal Mark Carney tras un debate electoral en Montreal. Christopher Katsarov Reuters

Si la iniciativa prospera, el resultado sería una red de potencias medias con peso económico, industria de defensa y materias primas críticas capaz de negociar en bloque con Washington y Pekín.

Si fracasa, el escenario alternativo es el de tres grandes capitales repartiéndose las zonas de influencia y el resto alineándose por necesidad con una de ellas, una lógica de bloques más cercana al sistema de alianzas de 1914 que al orden multilateral construido después de 1945.