Las claves
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Aunque la mayoría de las encuestas dan como ganador en las elecciones de este domingo en Hungría al líder opositor Péter Magyar (con 10 puntos de ventaja, según el promedio) y apuntan al fin de 16 años consecutivos del ultranacionalista Viktor Orbán en el poder, en Bruselas nadie termina de fiarse.
Y es que los comicios húngaros tienen una relevancia que excede con mucho el peso del país. La UE se juega su autonomía estratégica, su capacidad de actuar frente a Vladímir Putin, Donald Trump o Benjamin Netanyahu. Los tres apoyan activamente la reelección de Orbán, que ha actuado como su caballo de Troya dentro del bloque y utiliza su derecho de veto para intentar erosionarlo desde dentro.
Solo en las últimas semanas, Orbán ha bloqueado en solitario el préstamo de 90.000 millones destinado a sostener a Ucrania frente a la guerra de agresión del Kremlin -desdiciéndose de su voto favorable en diciembre-; ha paralizado el vigésimo paquete de sanciones a Moscú; y ha frenado también las medidas punitivas contra colonos israelíes violentos.
A ello se suma el deterioro sostenido del Estado de derecho: presiones del Gobierno sobre la independencia judicial, corrupción estructural, uso indebido de fondos europeos, asfixia de los medios no afines, prohibición de facto de las marchas del Orgullo y otros ataques a la sociedad civil. El Parlamento Europeo describe a Hungría como una “autocracia electoral”.
Todas las fuerzas de derecha radical antieuropea -integradas en el grupo Patriotas por Europa- apoyan a Orbán. Pero lo que más ha alarmado a los líderes europeos son las últimas investigaciones periodísticas que apuntan a que tanto el líder húngaro como su ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, filtran al Kremlin, en tiempo real, el contenido de las discusiones en Bruselas, incluidos documentos confidenciales.
Pese a que el Gobierno húngaro ha convertido los ataques a la UE y a Ucrania en el eje central de su campaña, las instituciones comunitarias han optado por un perfil bajo, evitando cualquier movimiento que pudiera proporcionar munición en la recta final electoral. Solo en los últimos días, Bruselas ha calificado de “extremadamente preocupante” la posibilidad de que Orbán esté conspirando con Putin contra el bloque.
"La votación del 12 de abril será la más importante para la UE en 2026: lo que está en juego es que la Unión Europea pueda salir reforzada, o que siga fracturada y lenta a la hora de actuar, lastrada por la obstrucción húngara", explica a EL ESPAÑOL la investigadora del Centre for European Reform Zselyke Csaky.
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, durante un Consejo Europeo
"Si gana la oposición, se abriría una oportunidad que podría permitir a la UE avanzar en cuestiones importantes de política exterior, ampliación -ya que Orbán también veta en solitario cualquier avance en la adhesión de Kiev al club comunitario- y sanciones", apunta Csaky.
