Berlín

Martin Schulz ya no convence a los socialdemócratas alemanes, no como antes. El otrora presidente del Parlamento Europeo obtenía en marzo el 100% de votos a favor cuando se erigió presidente del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). En el congreso celebrado de jueves a sábado del pasado fin de semana, los 600 delegados que se dieron cita en el City Cube, un conocido recinto ferial del oeste Berlín, respaldaron mayoritariamente la continuidad de Schulz al frente del partido. Votó a su favor un 81,9%.

Ese porcentaje resulta engañoso. Los es, sobre todo, si se relaciona con la luz verde que dieron los delegados del SPD a que Schulz y compañía lleven a cabo un diálogo exploratorio con la Unión Cristiano Demócrata (CDU) que dirige Angela Merkel para formar Gobierno. “Los favorables a forjar una nueva coalición con la CDU son una minoría, la mayoría del SPD ve esta opción con escepticismo o, sencillamente, es algo que no quiere”, dice a EL ESPAÑOL Carsten Träger, diputado del SPD en el Bundestag. Él sabe que su partido atraviesa una importante crisis de identidad. El SPD “necesita reconstruirse”, asegura.

Träger encarna ese SPD que duda, especialmente ahora que se pide a los socialdemócratas “responsabilidad” para formar un “Gobierno estable”. Esto es justo lo que busca la CDU, donde ya han pasado página tras el fracaso en noviembre de las negociaciones entre conservadores, liberales del FPD y Los Verdes. La propia Merkel dejaba caer en su último video-podcast desde la Cancillería Federal su deseo de que haya un nuevo Gobierno en tres meses. Para la lideresa de los conservadores germanos, la mejor opción es reeditar una gran coalición, idea que hoy día tiene pocos amigos entre los socialdemócratas. Träger no es uno de ellos.

“Yo soy de los escépticos, porque me preocupa el SPD. Alemania necesita un SPD fuerte. Los hay que dicen que tenemos que pensar en el país y no en el partido, pero eso es andar corto de miras, pensar en Alemania, en el SPD, lo hacemos siempre, pero ahora tenemos que hacer todo lo posible por no estar dentro de cuatro años por debajo del 20% de los votos”, señala este diputado del SPD.

En las pasadas elecciones de septiembre, el SPD, después de una legislatura en el poder como socio júnior de la CDU, consiguió un 20,5% de los votos. Aunque se preveía un mal resultado para los socialdemócratas en esos comicios, ese fue el peor de su historia. Schulz aún pedía perdón el pasado jueves sobre la tribuna del City Cube por tamaña decepción.

Hoy día en el SPD los hay que se preocupan como nunca lo han hecho antes ante la posibilidad de volver a formar una gran coalición. Saben que les lleva a difíciles resultados electorales, como ya pasó este año o en 2009”, apunta a EL ESPAÑOL Julian Zuber, investigador y politólogo en la prestigiosa Hertie School of Governance de Berlín. En este sentido, Heike Gebhard, diputada socialdemócrata en el Parlamento regional de Renania del Norte-Westfalia, reconoce a EL ESPAÑOL que “estar en el Gobierno ha hecho perder claridad” al partido. “Tenemos un problema con nuestro perfil político, y ésta es una cuestión central”, sostiene Gebhard.

Dudas y crisis existenciales

Si lo que se busca es responder a este tipo de interrogantes existenciales, sentarse en una mesa de negociación con la CDU para plantearse si formar o no otra gran coalición no parece la mejor solución. Probablemente Schulz y compañía harían mejor tumbando al partido en un diván para someter su personalidad política a un exhaustivo análisis.

El SPD es un partido sin una línea política reconocible”, dice a EL ESPAÑOL el politólogo de la Universidad Libre de Berlin, Nils Diederich. “Después de las elecciones de septiembre, Schulz y la dirección decían que había que ir a la oposición, ¿Qué queda ahora de esa posición después de ocho semanas?”, se interroga este experto. Obviamente, la suya es una pregunta retórica. Zuber, el politólogo de la Hertie School of Governance plantea la duda existencial para la que ni el SPD ni ningún partido socialdemócrata europeo aún tiene respuesta: “¿Qué papel ha de jugar un partido socialdemócrata en una sociedad post-industrial?”.

El diario muniqués Süddeutsche Zeitung, que acostumbra a mirar con buenos ojos al SPD, etiquetaba hace unos días a la formación de Schulz como “el partido del mal humor”. Y tanto. “Sólo tenemos malas opciones entre las que elegir”, dice a EL ESPAÑOL Gero, un trabajador del SPD en Berlín que ha seguido estos días con gran interés los debates internos de su partido. Para él, dialogar con la CDU es la “menos malas” de las opciones.

Tolerar y apoyar puntualmente un Gobierno en minoría de Merkel es algo en lo que muchos piensan en el SPD. Volver a votar en unas nuevas elecciones es otra opción, aunque seguramente los socialdemócratas no puedan permitirse una nueva cita con las urnas sin antes pulsar la eventual reedición de una gran coalición.

Primeras condiciones a la coalición

Ésto es precisamente lo que harán Schulz y su equipo a partir de la tarde del miércoles. Schulz, consciente de los “tiempos difíciles” que atraviesa su partido, ha precisado que no habrá “automatismos” en ese diálogo. “No debemos gobernar a cualquier precio, pero tampoco podemos no querer gobernar a cualquier precio”, decía el líder de los socialdemócratas en su discurso del pasado jueves.

Bajo el brazo, los socialdemócratas llevan a las conversaciones con la CDU ideas de envergadura, tal vez demasiado grandes. A saber, hacer más justo el sistema sanitario del país, en el que hoy conviven seguros médicos privados y públicos de desigual cobertura, y fortalecer el proyecto europeo, a través incluso de una Constitución. “Quiero que haya una Constitución que establezca una Europa federal”, decía Schulz en el último congreso del SPD.

Que prosperen esas iniciativas está tan poco claro como que lo haga la ronda de negociaciones entre conservadores y socialdemócratas. Eso dependerá también de cómo reciba el SPD las prioridades de la CDU. En el partido de Merkel donde ponen el acento en una política más restrictiva en materia de inmigración. Ésta es una constante de los cristiano-demócratas tras la llegada al país de cerca 1,5 millones de demandantes de asilo entre 2015 y 2016.

En su edición dominical, el diario generalista berlinés Der Tagesspigel, veía a la “gran coalición ante grandes barreras”. En páginas interiores, Volker Kauder, jefe del Grupo Parlamentario que forman la CDU y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), vaticinaba “semanas difíciles” de negociación entre conservadores y socialdemócratas. “Las noches volverán a ser largas”, decía Kauder, aludiendo a las vanas veladas de las negociaciones de la frustrada coalición jamaicana. Kauder hablaba a sabiendas de que, en diciembre, el sol se pone algo antes de las cuatro de la tarde en Berlín.