Las claves
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El abogado limeño José Jerí fue congresista por accidente, y fue presidente por accidente. Hoy abandona la jefatura del Estado fruto de otro accidente, en forma de moción de censura por "inconducta en sus funciones" y "falta de idoneidad para ejercer el cargo".
A diferencia de la más habitual destitución por "incapacidad moral permanente", que requiere una mayoría cualificada de 87 votos en un Congreso de 130 escaños, este recurso constitucional sólo demanda una mayoría simple de 66 síes o menos, siempre que haya menos diputados presentes. Fue así como prosperó este martes la destitución del líder del conservador Somos Perú, cuyo mandato no finalizaba hasta julio.
El también expresidente del Congreso enfrentaba en la sesión extraordinaria de este martes hasta siete mociones de censura. Sobrevivir era misión imposible. Sólo su propio partido y el fujimorista Fuerza Popular defendieron su continuidad. Faltaban apoyos.
Por eso, la primera de las siete mociones de censura recibió el respaldo de 75 legisladores. Más que suficiente. "La mesa directiva declara la vacancia del presidente de la República", confirmó el congresista Fernando Rospigliosi.
Jerí se convierte en el cuarto presidente en ser destituido a manos del Legislativo en los últimos diez años. Antes que él cayeron víctimas en la Cámara sus predecesores Martín Vizcarra, Pedro Castillo y Dina Boluarte.
Jerí será, además, el tercer mandatario consecutivo sacrificado en la institución maldita para los presidentes del Perú. Aunque la votación no tuvo lugar en el Congreso, sino en el auditorio José Faustino Sánchez Carrión de la capital.
El líder de Somos Perú, de 39 años, llevaba apenas cuatro meses en el cargo, adonde llegó en octubre del pasado año, tras la destitución de la impopular Boluarte, incapaz de resolver la acuciante crisis de seguridad.
Su corto período de tiempo a la cabeza del Estado no le ha impedido dejar un balance nefasto. Cuando sucedió a Boluarte, célebre por obtener el menor índice de aprobación de cualquier líder internacional, trascendió su pasado oscuro. Mensajes inapropiados a menores de edad, contratación de servicios de prostitución y acusaciones por corrupción.
En la Presidencia su comportamiento no parece haber sido mucho más pulcro. La Fiscalía de la Nación abrió a finales de enero una investigación en su contra por "tráfico de influencias y patrocinio ilegal de intereses" por mantener encuentros clandestinos con Zhihua Yang, un empresario de nacionalidad china cuya empresa había recibido licitaciones públicas.
El presidente interino se citó con Yang en un restaurante chifa de Lima. Una cita a la que acudió con el rostro cubierto para evitar ser reconocido, algo que no consiguió.
También trascendió a la luz pública que Jerí había recibido de madrugada en el Palacio de Gobierno a otro empresario chino, Ji Wu Xiaodong, investigado por crimen organizado y tala ilegal, hasta el punto de tener una orden de arresto domiciliario en vigor.
Este mes, el horizonte judicial del ya expresidente se ennegreció aún más después de que la Fiscalía abriera una segunda investigación contra él por "tráfico de influencias" por participar presuntamente en la contratación de nueve mujeres en su Gobierno.
En el transcurso de su mandato, uno de los más breves de la historia reciente del Perú, un registro sólo superado por Manuel Merino, que ostentó el cargo durante cinco días, Jerí se mostró incapaz de resolver o mitigar la crisis de inseguridad a pesar de escenificar mano dura.
Las cifras de homicidios no sólo no han descendido en estos cuatro meses, sino que han aumentado de forma significativa, como denunció este martes la diputada Susel Paredes Piqué, del Partido Morado.
Muchos pensaron que Jerí, como subrayó el analista Daniel Zovatto, trataría de maniobrar para que su eventual salida no se produjera por censura, sino mediante una vacancia presidencial, mecanismo que eleva el umbral de votos necesarios de 66 a 87. "La diferencia no es menor: es la frontera entre una caída casi segura e inmediata y una supervivencia improbable", adelantaba Zovatto.
Pensaron bien. La legisladora Ana Zegarra Saboya, del partido Somos Perú, tomó la palabra este martes en el Congreso para proponer la vacancia en lugar de la censura con el fin de evitar incurrir en una infracción constitucional. Sus argumentos no convencieron a nadie, sin embargo, y el debate parlamentario siguió el curso previsto.
El país andino se quedó sin presidente a falta de ocho semanas para la primera vuelta de las elecciones generales del 12 de abril. En teoría, el sucesor de Jerí sería el actual presidente del Congreso, el citado Fernando Rospigliosi. El fujimorista se convertiría en el octavo jefe del Estado de los diez últimos años, el cuarto en los últimos cinco.
"Esta rotación constante en la cúspide del poder no es solo un síntoma de debilidad política; revela un sistema que ha perdido su anclaje normativo y ha normalizado la destitución presidencial como mecanismo ordinario de resolución de conflictos", escribe Zovatto. "En Perú, la excepción se ha convertido en regla".
Rospigliosi dejó claro, sin embargo, que no tomará posesión del cargo. Su renuncia obliga a los diputados a elegir a un nuevo presidente del Congreso que asuma de manera automática la jefatura del Estado. Una votación que tendrá lugar este mismo miércoles.
No sería la primera vez que ocurre esta anomalía institucional. El expresidente Francisco Sagasti, ahora procesado por presunto abuso de autoridad, asumió el cargo de este modo en 2020.
"La política peruana ha entrado en un auténtico círculo vicioso institucional. Desde el intento fallido de autogolpe de diciembre de 2022, pasando por la vacancia de Pedro Castillo y la posterior caída de Dina Boluarte en octubre de 2025, hasta la actual crisis que envuelve a Jerí, el Congreso ha actuado más como un árbitro imprevisible que como un socio de gobernabilidad".
La Constitución, lejos de ofrecer estabilidad, se ha convertido en un campo de batalla donde figuras como la censura y la vacancia por “incapacidad moral permanente” son utilizadas de manera recurrente, e incluso superpuesta, evidenciando la fragilidad del diseño institucional.
A pesar de las turbulencias, la economía peruana marcha por buen camino. Es la más estable de la región. Aunque paradójico, el fenómeno no es producto del azar. "Perú ha preservado una disciplina fiscal relativamente conservadora: la deuda pública se mantiene en niveles moderados en comparación con muchas economías emergentes y avanzadas, y el Banco Central, bajo la conducción de Julio Velarde desde hace muchos años, ha resguardado con celo la credibilidad de la política monetaria", apunta Zovatto.
