Emmanuel Macron llega a su vista de Estado a España in extremis, en su ocaso político y peleando con Pedro Sánchez por impulsar su propia proyección internacional.
El francés culmina su mandato el próximo año, obligado por la Constitución, y celebra elecciones, como en España.
Amenazados por la subida del coste de la vida y una fuerte impopularidad, ambos afrontan la cita en sus horas más bajas: las encuestas dan al presidente galo el ratio de aprobación más bajo de su mandato, un 16% entre los electores, según Ipsos, y Pedro Sánchez se ha hundido hasta casi el 27%, según un estudio de SocioMétrica para este periódico.
Aunque han sido destacados sus desencuentros en política migratoria, militar o ferroviaria, los dos comparten el ánimo de estrechar lazos en los asuntos que les unen.
Macron y Sánchez afrontan este encuentro con un liderazgo tocado por las ásperas derrotas que han sufrido sus partidos en las legislativas y regionales, mientras les crecen los extremos de izquierda y derecha.
Ante el desgaste, ambos miran hacia fuera para asentar su posición internacional: el francés intenta coronarse como faro del nuevo giro en la defensa europea y el presidente español como el líder global de la socialdemocracia.
Todo, en busca del protagonismo que han perdido dentro de casa y con la mirada puesta en perpetuar su legado más allá de sus mandatos.