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Las claves

Se cumplen diez años del Brexit, el referéndum más estúpido de la historia. Los datos lo demuestran.

El ex primer ministro David Cameron lo convocó para resolver las divisiones internas del Partido Conservador y acabó partiendo al país en dos.

El referéndum es un arma de doble filo. Primero, porque traslada al pueblo la responsabilidad de los gobernantes.

Segundo, porque la campaña está sometida a manipulación. Basta recordar al populista Nigel Farage asegurando que Bruselas regulaba hasta el tamaño de los plátanos.

Y tercero, porque el resultado hipoteca durante décadas a las generaciones que no pudieron votar.

La votación fue ajustadísima: 51,9% a favor, 48,1% en contra. ¿Es suficiente esta diferencia para ejecutarlo?

Las consecuencias están ahí: el Reino Unido va camino de su séptimo Primer Ministro; según el think tank UK in a Changing Europe, las exportaciones han caído más de un 10%, el número de funcionarios se disparó un tercio para poder gestionar el Brexit (que terminó por anular sólo el 23% de la legislación de la UE).

Además, buena parte de los inmigrantes europeos han sido sustituidos por trabajadores de fuera, que era precisamente contra lo que clamaban los defensores.

El Brexit se convocó para resolver un supuesto problema interno y acabó creando un conflicto para todo un país.

Tanto, que diez años después una mayoría de británicos preferiría revertirlo, según la empresa global de investigación YouGov.

Por todo ello y por lo que está por ver, este seguirá siendo el referéndum más estúpido de la historia.