El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, en sus siglas en inglés) ha dado a conocer este jueves la cifra de periodistas presos por motivo de su trabajo en todo el mundo, que este 2021 ha alcanzado un nuevo récord, con China como el mayor carcelero de informadores por tercer año consecutivo.

En su censo anual, el CPJ recoge la existencia de 293 periodistas encarcelados a nivel global y 50 de ellos en China, con la particularidad de que por primera vez se incluyen varios en Hong Kong, como el magnate Jimmy Lai, a raíz de la ley de seguridad nacional implementada en ese territorio.

Birmania, que hace un año no estaba en la lista, ha sido catapultada al segundo lugar tras el golpe militar de febrero y la persecución a los medios independientes, con 26 personas en custodia identificadas como periodistas, aunque la situación "es peor de lo que sugiere ese total", dice el ente.

Otros de los grandes carceleros de periodistas son Egipto (25), Vietnam (23), Bielorrusia (19), Turquía (18); Eritrea (16), Arabia Saudí (14), Rusia (14), Irán (11) y Etiopía (9).

El CPJ destaca el caso en Bielorrusia, que tiene su mayor número de periodistas encarcelados desde que se empezaron a recabar datos en 1992 y cita las "medidas extremas" de su líder, Aleksandr Lukashenko, para arrestar al periodista crítico Raman Pratasevich.

También preocupa el caso de Etiopía, que sufre el "mayor retroceso" para la libertad de prensa en el África subsahariana con nueve periodistas en custodia este año, en medio de la guerra civil entre las fuerzas gubernamentales y el frente popular de liberación de Tigray.

Latinoamérica

En Latinoamérica constan seis periodistas presos en total -tres en Cuba, dos en Nicaragua y uno en Brasil- que suponen un número "relativamente bajo", pero a pesar de ello la organización advierte de "un perturbador declive en la libertad de prensa en la región".

El CPJ apunta que la cifra total de encarcelados no ha bajado de 250 en los últimos seis años, lo que refleja una "creciente intolerancia al reporteo independiente" y una mayor tendencia de los líderes autócratas a "ignorar el proceso legal debido y saltarse normas internacionales para mantenerse en el poder".

Además, con la preocupación global por la Covid-19 y el cambio climático, "los gobiernos represivos son claramente conscientes de que la indignación pública por abusos de los derechos humanos se amortigua y los gobiernos democráticos tienen menos apetito por las represalias políticas o económicas", sostiene la organización.