El reportero y analista paquistaní Rahimullah Yusufzai cuenta con legítimo orgullo profesional que es uno de los pocos periodistas en el mundo que ha entrevistado a solas al saudí Osama Bin Laden, el fundador y líder de la red yihadista Al Qaeda. Hace diez años que Estados Unidos mató a tiros al instigador y patrocinador de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Al criminal supremo del terrorismo internacional. Al héroe de la guerra santa.

Noticias relacionadas

—Lo entrevisté dos veces, ambas en Afganistán. La primera, el 25 de mayo de 1998, fue como parte de un grupo de periodistas que acudimos a la rueda de prensa que había convocado para anunciar la yihad, la guerra santa, contra Estados Unidos e Israel. La segunda, a solas, fue el 23 de diciembre de 1998, a las diez y media de la noche, en un campamento en el desierto en el distrito de Maiwand, cerca de Kandahar, la capital de los talibanes. La entrevista duró cuatro horas, a la luz de los todoterrenos— relata a EL ESPAÑOL.

Yusufzai, que a sus 66 años es una autoridad del periodismo en Pakistán y Afganistán, se precia de que todas las partes lo respetan y confían en él por la objetividad de sus informaciones. Es el responsable de la edición en Peshawar, ciudad paquistaní cercana a la frontera afgana, en la conflictiva región de las Áreas Tribales, del diario paquistaní The News International y colabora desde hace décadas con la cadena británica BBC, en sus servicios en pastún (su lengua materna) y urdu, tras haber trabajado como corresponsal para la televisión estadounidense ABC, que emitió el vídeo de su entrevista exclusiva con Bin Laden, y la revista Time, que publicó la versión escrita.

De su trayectoria destaca además que es el único periodista en el mundo que ha entrevistado al trío que formaron Osama Bin Laden, su entonces mano derecha y luego sucesor al frente de Al Qaeda hasta hoy, el egipcio Ayman Al Zawahiri, y el fallecido jefe de los talibanes afganos, el mulá (clérigo) Mohamed Omar:

—Al mulá Omar lo entrevisté trece veces en persona y fui el primero y último en hacerlo, entre 1995 y 2001, después del 11 de septiembre.

Añade que también fue el primer periodista extranjero que entró en Kabul en septiembre de 1996 y vio colgado de un poste el cadáver del expresidente Najibullah, cuando los talibanes tomaron la capital afgana dentro de la guerra civil entre los grupos de antiguos muyahidines que, al igual que Bin Laden, habían luchado contra la ocupación soviética del país en los años 80 y principios de los 90.

Dos aniversarios claves

Hablamos con Rahimullah Yusuzfai para preguntarle por su experiencia, en el contexto de las efemérides de dos hitos en la historia de la yihad con la que grupos integristas como Al Qaeda, el Estado Islámico y sus asociados locales (como los que se han declarado autores del asalto que le ha costado la vida esta semana a los periodistas españoles David Beriáin y Roberto Fraile en Burkina Faso) han marcado al mundo.

En este 2021 se conmemoran veinte años de la matanza de cerca de tres mil personas en las Torres Gemelas y el Pentágono, aprobada por Bin Laden y ejecutada por 19 terroristas suicidas de nacionalidad saudí que secuestraron cuatro aviones de pasajeros para usarlos como bombas volantes. El ataque desencadenó como respuesta la invasión de Afganistán por Estados Unidos y sus aliados, entre ellos España, para acabar con los campamentos de fundamentalistas islámicos armados de Bin Laden y desalojar del poder a sus anfitriones, los talibanes.

Antes, este domingo, 2 de mayo, se cumple el aniversario de otra fecha histórica: hace justo diez años, las fuerzas especiales estadounidenses, los SEAL, asaltaron en helicópteros la casa de Abbottabad, en Pakistán, donde se escondía Bin Laden y lo mataron a tiros. Iba armado e intentó defenderse, según aseguró el gobierno de Barack Obama. Tras confirmar con pruebas de ADN que su enemigo número uno era ese hombre alto y envejecido (nacido en 1957, aparentaba más de 54 años), envolvieron su cadáver con un sudario blanco siguiendo el rito musulmán y desde el barco de guerra USS Carl Vinson lo arrojaron al fondo del océano Índico, de forma que sus seguidores no tuvieran una tumba a la que ir de romería como un santo.

El periodista Rahimullah Yusufzai interviene en un encuentro en la Asociación de la Prensa de Karachi (Pakistán) el 8 de enero de 2018.

Después de un primer encuentro personal en Karachi, Pakistán, en enero de 2018, la conversación de EL ESPAÑOL con Yusufzai se completa, por videoconferencia, con una entrevista en la mañana de este sábado, 1 de mayo, víspera del asesinato o ajusticiamiento de Bin Laden. El 1 de mayo es, además, la fecha que figuraba como límite de la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán en el acuerdo que el gobierno del entonces presidente Donald Trump firmó con los talibanes en Qatar el 29 de febrero de 2020 como parte de las negociaciones de paz de los integristas con el gobierno afgano, que debería poner fin a 42 años de guerra.

El plazo se ha rebasado sin que aún se hayan reunido las condiciones para la retirada de las fuerzas internacionales, incluidos los 24 militares que quedan de los más de 30.000 que España ha enviado al país asiático desde 2001. Las partes, subraya Yusufzai, se han dado cuatro meses de prórroga, con el horizonte simbólico del 11 de septiembre como nueva fecha límite.

—Todos han entendido que no puede haber una solución militar y que hay que alcanzar un acuerdo político. Es muy difícil, pero tengo esperanzas.

El anuncio de la yihad

El veterano reportero detalla que la primera vez que se encontró en persona con Bin Laden fue el 25 de mayo de 1998, en una habitación en el llamado Campamento Árabe o Campamento Al Badr (que significa en árabe “luna llena” y alude a la más importante victoria del profeta Mahoma), cerca de la población afgana de Zhawar, en la provincia sureña de Jost, como integrante de un grupo de trece periodistas paquistaníes y uno chino a quienes el millonario empresario de la construcción reconvertido en caudillo de la lucha contra los “infieles” occidentales había convocado para una rueda de prensa.

Los informadores, después de cruzar clandestinamente las montañas fronterizas de Waziristán llevados por militantes islamistas y esperar luego durante tres días, se encontraron con un hombre carismático, de maneras suaves y educadas pero de temible mensaje, encarnado en el subfusil kaláshnikov que reposaba en su regazo y con el que posó para las fotos (como la que Yusufzai se hizo a su lado y que nos envía para ilustrar este texto; la imagen “está en la Fundación del 11 de Septiembre en Nueva York”, acota).

El antiguo guerrillero antisoviético, que se cree, fue beneficiario en otros tiempos del apoyo de la CIA en la causa común contra el comunismo, anunciaba que había lanzado el Frente Islámico Internacional para la Yihad Contra Cruzados y Judíos. Yusufzai transmitió para la BBC la declaración de guerra de Osama contra los “cruzados” de Estados Unidos, por intervenir en la política de los países musulmanes y manchar con su presencia los lugares santos musulmanes de Arabia Saudí, y contra los “judíos” de Israel, por la ocupación de los territorios palestinos.

El periodista, que fue quien más preguntas formuló en la histórica entrevista colectiva, le planteó otras cinco cuestiones a solas a su término, sobre todo personales, como cuántos hijos tenía de sus tres o cuatro mujeres. Era difícil precisar la extensión de su familia porque mencionaba sólo a los hijos varones, no a las hijas.

—“He perdido la cuenta”, me respondió.

La rueda de prensa de Bin Laden enfureció al mulá Omar, líder del régimen talibán que había acogido al exiliado saudí después de su salida de Sudán en mayo de 1996, no por su contenido, sino porque no le había pedido permiso. En Afganistán no podía haber dos jefes, sólo uno, le dijo por teléfono el mulá Omar, muy enfadado, a Yusufzai cuando el clérigo lo llamó a su oficina de Peshawar para que le confirmara la noticia que había escuchado en la BBC.

El periodista recibió días después otra llamada: era Al Zawahiri, quien le comunicaba en inglés que Bin Laden, sentado a su lado, quería transmitir una breve declaración para reafirmar su lealtad al mulá Omar, tratando así de aplacar el conflicto. Yusufzai tomó nota e informó de ello.

La guerra con tácticas terroristas de Al Qaeda y sus asociados contra Estados Unidos que proclamó Bin Laden en la rueda de prensa de mayo de 1998 se materializó dos meses y medio después, cuando, el 7 de agosto, dos atentados con camiones bombas volaron las embajadas estadounidenses en Nairobi (Kenia) y Dar es-Salam (Tanzania), matando a más de doscientas personas.

Fue entonces cuando Bin Laden se hizo famoso en todo el mundo. Estados Unidos, con Clinton de presidente, lanzó el 20 de agosto un ataque aéreo con misiles contra objetivos en Sudán y Afganistán, incluidos aquí los campamentos yihadistas internacionales de Bin Laden.

—Al día siguiente del ataque de Clinton Bin Laden me llamó y me pasó al teléfono a Al Zawahiri, que hablaba inglés. Me quería dar la noticia: “He sobrevivido al ataque y voy a vengarme”.

Segunda entrevista

Unos meses después, en diciembre, añade Yusufzai, Bin Laden se volvió a poner en contacto con él para concederle una entrevista en solitario, sabiendo que a través de él sus palabras llegarían a los grandes medios internacionales con los que colaboraba el periodista paquistaní. Antes, el líder de Al Qaeda se había asegurado de que el mulá Omar le permitiera pronunciarse, para evitar enfadar de nuevo a su anfitrión talibán por ir por libre, como había ocurrido en mayo.

Bin Laden junto a tres periodistas. Rahimullah Yusufzai, a la derecha.

Rahimullah Yusufzai hizo un viaje agotador que lo llevó por carretera de Peshawar a Islamabad, la capital paquistaní, donde, en un vuelo de Naciones Unidas, voló a Kandahar (Afganistán), con escalas en Jalalabad y Herat.

En Kandahar, después de seis horas de espera, lo recogió un grupo de árabes que lo llevaron al encuentro de Bin Laden a bordo de un todoterreno Land Cruiser que conducía el antiguo policía egipcio Tasser Abdullah, también conocido como Muhammad Atef, quien entonces era el “número dos” de Al Qaeda. En el vehículo iba también el egipcio y antiguo cirujano oculista Ayman Al Zawahiri (en la transcripción inglesa de su nombre), entonces “número 3” e ideólogo de la organización y, a sus 69 años, actual jefe.

Al cabo de dos horas, de noche, se desviaron por una pista de tierra y llegaron a un pequeño campamento en el desierto. Allí esperó la llegada desde otro escondite de Osama Bin Laden. Con su videocámara, grabó su aparición: caminaba con la ayuda de un bastón y encorvado por, según le dijo Al Zawahiri, un dolor de columna. Los guardaespaldas le borraron esas imágenes.

Aunque Yusufzai estaba agotado por el viaje, le habían instado a hacer la entrevista de noche porque era el ramadán, el mes sagrado de los musulmanes, y así Bin Laden, más descansado, podía comer y beber agua y té (cree que necesitaba líquido en abundancia por una afección en el riñón) sin incumplir el ayuno obligatorio de las horas diurnas.

Era el 23 de diciembre de 1998. Se sentó con el fugitivo en una gran tienda de campaña, rodeado de unos 25 miembros de su séquito. Para mejorar la iluminación del vídeo, ayudantes del líder encendieron las luces delanteras de dos todoterrenos.

En la entrevista, en la que Bin Laden hablaba en árabe, invocando a Dios y al profeta Mahoma al inicio de cada frase, y Al Zawahiri traducía al inglés, el hombre más buscado del mundo reconocía su papel como instigador de los atentados de las embajadas, y de los muchos que vendrían después, y llamaba a los musulmanes del mundo a unirse a su guerra contra los infieles occidentales y los gobiernos árabes aliados de EEUU.

La psicología de Bin Laden

—¿Qué recuerdo guarda de Bin Laden, de su aspecto y su psicología?

—Físicamente, era muy alto. Yo mido seis pies [1,83 metros] y él, seis pies y cuatro pulgadas [1,95 metros]. Era un hombre de pocas palabras. Tenías que seguir haciéndole preguntas y preguntas para que hablara. Aunque entendía el inglés y hablaba algo de pastún, urdu y persa, prefería expresarse en árabe, su lengua materna. Cada vez que empezaba a dar una respuesta, alababa a Dios, Alá, y al Profeta Mahoma. Es algo que me pareció muy interesante.

—No tenía miedo de nadie. Decía: “Quiero morir como un mártir. Nunca me rendiré, nunca huiré, lucharé”. Y yo le pregunté: “¿Cómo puede usted enfrentarse a una superpotencia? Está escondido en Afganistán, no puede dormir dos noches consecutivas en el mismo sitio. Es el hombre más buscado del mundo. No tiene muchos recursos”. Y me dio una larga respuesta:

—“Está equivocado. La única superpotencia es Dios, Alá. Mire, ¿una superpotencia, Estados Unidos? Sólo las tropas americanas huyeron de Líbano cuando los ataques con bombas [de 1983]. En Mogasdicio, la capital de Somalia, derribaron su helicóptero militar y arrastraron a sus ocupantes por las calles, y sus tropas se fueron del país…”. Dio muchos ejemplos de que Estados Unidos estaba amenazado y no era querido en muchas partes del mundo. Él creía en lo que hacía. Tendría razón o estaría equivocado, pero creía que estaba haciendo alguno bueno.

—Otra cosa: Al Qaeda nunca asumía la responsabilidad por estos ataques antes del 11 de septiembre. Todos los ataques contra Estados Unidos, en Líbano, en Somalia, en Yemen, Kenia, Tanzania… Él nunca reivindicó la autoría. Le pregunté, “¿quién lo ha hecho?”, y me dijo: “Quienes quiera que lo hayan hecho, los alabo y me alegro por ellos. Han hecho lo correcto. Pero no lo hemos hecho nosotros”.

—Este hombre, como se sabe, era muy rico, miembro de una de las familias más ricas de Arabia Saudí, pero era muy sencillo. Su ropa, su comida, su estilo de vida eran sencillos, porque vivía en un estado de guerra. Le pregunté también: “En los ataques de Al Qaeda, mueren sobre todo inocentes, muchos de ellos musulmanes”. Me respondió: “Lo siento, pero no puedo evitarlo. Si se lanza un ataque, y alguien está en el momento y el lugar equivocados, puede resultar dañado. Esto sucede en una guerra. Gente inocente también muere o es herida”. Era esta clase de persona. Esto explica su psicología.

Rahimullah Yusufzai rememora como una victoria profesional el viaje de vuelta. El enviado de la cadena árabe Al Jazeera, Jamal Ismail, había grabado otra entrevista en solitario con Bin Laden la noche anterior, pero se quedó a descansar, mientras que Yusufzai, sabiéndolo, se apresuró en cuanto terminó la grabación a regresar esa misma madrugada a Pakistán, sin dormir, para poder entregar las imágenes a la cadena ABC, que recogió sus cintas en Islamabad y difundió el reportaje el 25 de diciembre, antes que Al Jazeera.

—Yo corrí más. Con los 25.000 dólares que me pagó ABC News, me compré mi casa. Me invitaron luego una semana a Estados Unidos y conocí a todos los jefes de la ABC.

¿Fin de Al Qaeda?

Cuando Estados Unidos cazó al fin a Bin Laden hace ahora diez años, Yusufzai explicó entonces que Al Qaeda estaba en su momento más débil. ¿Su fundador ha caído en el olvido o sigue ejerciendo influencia incluso muerto, como un fantasma de la Historia? ¿Se está recuperando su organización? Responde el analista:

—No, no creo que Al Qaeda sea más fuerte ahora que hace diez años. Ha recibido muchos golpes, ha sufrido mucho. Si pierdes a tu fundador y líder, Osama Bin Laden, eso te debilita mucho. Incluso antes de que lo mataran hace diez años, Al Qaeda ya era muy débil. Lo mataron diez años después del 11-S. Para entonces, a muchos miembros los habían matado, herido, capturado. Muchos quedaron inactivos o dejaron la región de Afganistán y Pakistán. Al Qaeda ya era débil y se debilitó aún más después del asesinato [usa la palabra inglesa “killing”] de Bin Laden. Después del 11-S, Al Qaeda no ha sido capaz de repetir atentados como ésos, en especial después de que mataran a Bin Laden. Él vino a esconderse a Pakistán tratando de sobrevivir.

—Al Qaeda nació y tenía su cuartel general en esta área cerca de Peshawar, donde vivo, entre Pakistán y Afganistán. ¿Y ahora, cuántos miembros le quedan? El antiguo secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, dijo en septiembre de 2020 que a Al Qaeda le quedan menos de doscientos hombres en Afganistán. Hace unos meses, un informe de Naciones Unidas señaló que son entre doscientos y quinientos. Yo creo que son menos de cien. Intentan esconderse, sobrevivir. Muchos se han hecho viejos, han vuelto con sus familias. El sucesor de Bin Laden, Al Zawahiri, no está activo porque tiene que mantenerse oculto para sobrevivir, no puede contactar con su gente de esta región o del resto del mundo. No puede preparar un nuevo gran ataque ni lograr los recursos para ello.

—No creo que estén acabados ni completamente destruidos, pues aún siguen ahí. Y mientras que están en una situación débil en Afganistán y Pakistán, están reclutando nuevos miembros y grupos afiliados, en Oriente Medio, en África. Algunos hombres de Al Qaeda se pasaron a las filas del Daesh, al Estado Islámico, que tenía su propio líder, Al Bagdadi, y son aún más extremistas, y eso, de alguna manera, contribuyó a debilitar a Al Qaeda, porque se dividieron en dos facciones. Al Qaeda es una organización más madura, con combatientes comprometidos, pero su liderazgo no está activo. Estados Unidos dice que Al Qaeda ha dejado de ser una amenaza, y puede que tenga razón, pero creo que no importa cuál sea su fuerza o su número de miembros, van a seguir intentando lanzar ataques.

Razona además el periodista que la muerte de Hamza Bin Laden, hijo del fundador, en un ataque aéreo estadounidense del que se supo en 2019, frustró la posibilidad de que un líder joven suceda a Al Zawahiri, que ahora tiene 69 años.

Amenazas

Rahimullah Yusufzai dice que recibido amenazas por su trabajo, en las que no profundiza. Sin embargo, el más grave incidente, en el que por poco lo matan, lo atribuye no a los señores de la guerra, militantes o terroristas a los que ha ido a entrevistar, sino a unos delincuentes comunes que lo asaltaron en 2005 cuando viajaba con su chófer en su todoterreno Toyota tipo pickup.

—Eran dos hombres armados. Me intentaron secuestrar. Uno de ellos salió del campo para interceptarnos en la carretera. Mi valiente conductor, Zortalab Khan, es muy bueno y apretó el acelerador, lo desequilibró y siguió mientras ambos nos disparaban. Yo me agaché. Uno disparó todo el cargador, 30 balas, y el otro, el que había perdido el equilibrio, se recuperó y nos disparó también. Fueron unos 48 balazos en total. Impactaron contra la furgoneta y escapamos por poco. Fue un milagro que sobreviviéramos.

Este hombre elegante y afable, padre de seis hijos (cuatro varones y dos mujeres) que lo han hecho abuelo, se declara creyente en Dios y devoto de su oficio periodístico, que ejerce de forma sumamente racional y objetiva. Sobre su encuentro en solitario con la figura que sigue encarnando el mal para muchos y la heroicidad para no pocos, señala una paradoja:

Hoy no podría publicar en Pakistán esa entrevista con Bin Laden, por la ley que prohíbe entrevistar y dar la voz a grupos armados por considerarlo fomento del terrorismo.

Argumenta que su trabajo ha consistido siempre en ganarse la confianza de sus entrevistados y fuentes, reflejando con fidelidad sus declaraciones. Pero aclara:

—Eso no significa que los apoye. Yo siempre hice preguntas muy duras a Osama Bin Laden y al mulá Omar. Siempre. Están grabadas y publicadas. Pero eso no les importaba a ellos, porque veían que yo era un periodista justo y que no tomaba partido.

—¿Qué consejo les da a los futuros periodistas y a los colegas en ejercicio?

—Ser periodistas es nuestra elección. Es un oficio muy duro, sobre todo si trabajas en zona de conflicto. Tu vida está en peligro. Muchos periodistas han sido asesinados. Pero si quieres conseguir una buena historia, tienes que arriesgarte. Debes tener cuidado, tomar precauciones, pero puede pasar cualquier cosa. Tienes que estar preparado para eso. Tres cosas hacen falta: tener buen criterio para sopesar dónde puedes ir y dónde no, qué entrevista es más importante; trabajar duro y ser honesto. No puedes revelar tus fuentes ni aunque te metan en la cárcel.