Roma

La gestión del coronavirus en Italia puede ser un modelo para España. El país con forma de bota ha demostrado que cuanto mayor y más rápida sea la contención del Covid-19, con las debidas excepciones, mejor se podrá controlar el contagio. Bien es cierto que, al principio, cualquier presidente de un Ejecutivo tiende a tomar precauciones lentamente antes de empezar a aprobar unos decretos leyes más restrictivos de cara a la libertad de movimiento de las personas.

Pero, tres semanas después del inicio del contagio, en Italia se ha podido comprobar que más tiempo se tarda en aplicar las medidas, más paciencia habrá que tener a la hora frenar el coronavirus. Entre otras cosas, porque en España el Covid-19 está ampliándose más rápidamente: si los primeros 4.000 casos en Italia tardaron unos 15 días en aparecer, en España tan sólo ha sido necesaria una semana.

Aunque ahora el primer ministro transalpino, Giuseppe Conte, goza de la estima de los italianos por la gestión del coronavirus en Italia; para él no ha sido un camino de rosas. Al principio fue muy contundente por haber decretado enseguida la zona roja en el primer foco de la infección, hace tres semanas, a unos 70 kilómetros de Milán.

Fue muy criticado por ello, sobre la base de que una fuerte estrategia de contención del virus, especialmente en las regiones de Lombardía y Véneto –el motor económico del país–, según la oposición iba a afectar al PIB italiano. Cuando empezaron a aumentar los contagios en Lombardía, el presidente de dicha región, pidió al premier medidas aun más fuertes, al igual que algunos partidos de su Ejecutivo. Algo que Conte ha ido aplicando de forma escalonada, pero progresiva. Sin provocar alarma entre los italianos.

El resultado está siendo positivo. Los transalpinos están respetando el decreto ley que impone una cuarentena general en todo el país, prueba de ello es que las calles y plazas italianas están casi desérticas. La población está concienciada y hace la compra con normalidad sin tomar al asalto los supermercados. Los italianos, de hecho, están acostumbrándose a una nueva relación con el hogar, también con la ayuda de la tecnología: pedidos a domicilio de servicios de lavandería, compras por internet, servicios de películas y series por streaming.

Hay quien, a través de internet, organiza campañas de recaudación de fondos para ayudar en distintas iniciativas. Los artistas musicales y los presentadores más conocidos del país componen canciones y lanzan mensajes divertidos y emocionantes por las redes sociales para animar a los italianos a seguir las recomendaciones del Gobierno para proteger a ellos mismo y a los demás. "Somos conscientes del esfuerzo y el sacrificio de todos", dijo este viernes el presidente del Gobierno italiano, Giuseppe Conte.

Primer foco en Codogno

El Covid-19 empezó a preocupar a Italia hace tres semanas, el 21 de febrero, cuando se detectó el primer foco de contagio con epicentro en la localidad de Codogno, a unos 70 kilómetros al sur de Milán, en la norteña región italiana de Lombardía. A partir de ahí, la decisión del primer ministro italiano, Giuseppe Conte, hace tres fines de semana, fue clara: cierre de Codogno y otros nueve municipios y la institución de una zona roja, con un cordón sanitario vigilado por efectivos policiales y militares. Nadie podía salir ni entrar. En cuestión de un fin de semana, se produjo el primer centenar de contagiados.

El problema principal fue que, en esos días, se identificó el paciente 1, pero en ningún momento el paciente 0, así pues, la persona procedente de China que pudo infectarlo. Entre el contagio del paciente 1 y la detección del primer foco del contagio en Italia y Europa, además, pasaron una serie de días clave que propagaron el Covid-19 por el norte de Italia. Pero era difícil, por no decir imposible, dibujar el esquema completo de los desplazamientos de aquellos que, a posteriori, terminarían siendo nuevos afectados. Lo cierto es que, en la primera semana tras el contagio, empezaron a tener lugar los primeros casos positivos dentro de Lombardía. En cuestión de poco tiempo, se decretó el cierre de los principales lugares públicos de toda la región: colegios, universidades, tiendas, iglesias.

Mientras tanto, la gestión del coronavirus se convirtió –al contrario respecto a hoy, donde la situación es mucho más seria– en una caso político entre Gobierno y oposición. El jefe del Ejecutivo transalpino, Giuseppe Conte, habló de "una gestión no del todo correcta, fuera de control", dado que, entre otras cosas, según confirmó el propio premier, fue "un hospital el que ha contribuido a la difusión del virus" por no haber respetado los "protocolos". Y cuando el premier habló de un "hospital", se refiería indirectamente al de Codogno. Por esta razón, el presidente del Ejecutivo italiano estuvo dispuesto incluso, en "ausencia de coordinación" entre las regiones y el Gobierno, a "suspender la transferencia de competencias en materia de sanidad". Este comentario, poco acertado por Conte teniendo en cuenta la emergencia sanitaria, abrió un conflicto con la oposición liderada por el soberanista líder de la Liga, Matteo Salvini, ya que los presidentes de las principales regiones afectadas por el coronavirus pertenecen a la formación leguista.

Toda Italia, zona roja

Conforme fueron aumentando los casos positivos por coronavirus en el norte de Italia, el Gobierno de Giuseppe Conte empezó a meditar unas medidas de contención cada vez más contundentes, aunque escalonadas. Hace 10 días, por ejemplo, decretó el cierre de los colegios, universidades y centros de formación en toda Italia. Hace una semana, extendió la zona roja no sólo a Codogno y los otros nueve pueblos del foco del contagio, sino a toda la región de Lombardía y otras 14 provincias italianas colindantes a la misma. Así pues, al convertirse esta enorme área en una zona de acceso restringido, aislando a unos 15 millones de personas, muchos italianos se apresuraron, a principios de esta semana, para alcanzar por ejemplo la estación central de Milán para desplazarse a las ciudades del Sur del país de las que procedían. Mientras tanto, se suspendió la liga de fútbol italiana.

El pasado martes, el presidente del Gobierno italiano, Giuseppe Conte, tomó la decisión definitiva: convertir toda Italia en una zona roja, que el premier denominó "zona protegida". Y, de paso, evitar escenas como la de la estación de Milán, con italianos moviéndose libremente comprometiendo la contención del virus en todo el país. Solución: todas las tiendas cerradas, prohibidos los desplazamientos fuera del término municipal de residencia y obligatoriedad de permanecer en casa. Sí o sí.

Excepciones para las personas: se puede salir por razones de trabajo, salud o para hacer la compra. Excepciones para las tiendas: deberán permanecer abiertos supermercados, farmacias y fruterías; para evitar el miedo de la gente a quedarse sin los bienes de primera necesidad. Pero había otra excepción problemática, resuelta con otro decreto ley en la noche del miércoles: si hasta entonces los bares, pubs y restaurantes podían abrir desde las 6.00 hasta las 18.00 horas; a partir del jueves tuvieron que echar el cierre. Su apertura, aunque fuera sólo diurna, comprometía la limitación del contagio y, sobre todo, la cuarentena generalizada a domicilio para lograrla. Con la aplicación del nuevo decreto ley este jueves, los italianos empiezan a acostumbrarse, poco a poco, a una vida en cuarentena.

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