Bruselas

El veterano eurodiputado del PSOE Ramón Jáuregui (San Sebastián, 1948), que antes fue líder de los socialistas vascos y ministro de Presidencia, ejerce ahora de copresidente de la Asamblea UE-América Latina. Ha negociado en nombre de los socialistas europeos la última resolución sobre Venezuela aprobada este miércoles por la Eurocámara. En ella, el Parlamento Europeo reclama al Gobierno de Nicolás Maduro que libere de inmediato al líder opositor Leopoldo López y al resto de presos políticos y que permita un referéndum revocatorio antes de finales de 2016.

 

En conversación telefónica con EL ESPAÑOL, Jáuregui explica que en la negociación los socialistas se marcaron “dos líneas rojas”: que no haya sanciones y que la Eurocámara respalde el esfuerzo de mediación de Unasur, en el que participa el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. La resolución ha contado con el apoyo de populares, liberales (grupo al que está adscrito Ciudadanos) y conservadores británicos. El eurodiputado del PSOE critica la abstención de Podemos y el voto negativo de su socio electoral IU y defiende que la izquierda no puede quedarse al margen de las denuncias de los abusos democráticos de Maduro en Venezuela.

 

¿Cómo definiría la actual situación en Venezuela? ¿Ve riesgo de enfrentamiento civil?

 

Yo creo que no es un horizonte real en el corto plazo. Pienso que todavía hay expectativas de una mediación no terminada que puede dar frutos. Tengo la esperanza de que la comunidad internacional presione de manera fuerte y unida -porque en esto está desde el Vaticano a la ONU, pasando por la OEA, Estados Unidos y por supuesto España- a favor de una solución negociada, de una hoja de ruta pactada entre Gobierno y oposición. Si eso fracasara, hablaríamos de otros horizontes. Pero creo que en este momento debemos seguir manteniendo la esperanza de que eso prospere.

 

¿Cuál diría usted que es el principal mensaje de la resolución de la Eurocámara?

 

Hemos sido capaces de hacer una descripción bastante cruda de los problemas que está viviendo el pueblo venezolano en este momento y por supuesto la democracia venezolana. En eso hemos sido muy rotundos y hemos pedido al Gobierno el respeto a las reglas básicas de un Estado de derecho: separación de poderes o respeto a las decisiones de la Asamblea Nacional. Todo ello en el marco de una urgente liberación de presos que por razones políticas están en la cárcel. Y desde luego hemos denunciado el abuso de poder sobre el poder legislativo y el poder judicial y sobre el sistema de control electoral.

Pedimos al Gobierno de Maduro que cumpla las reglas básicas del Estado de derecho: separación de poderes y respeto a las decisiones de la Asamblea Nacional

 

Al mismo tiempo, hemos sido consecuentes con pedirle a la oposición que negocie una salida pactada. Porque las soluciones de Venezuela y los venezolanos tienen que ser pacíficas, tienen que ser democráticas y por tanto tienen que ser pactadas. Para mí, el mérito de la resolución está en el equilibrio entre ambas posiciones, que creo que hay que mantener en un conflicto tan endiabladamente complejo como el venezolano.

 

El grupo liberal reclamaba sanciones contra altos cargos del Gobierno de Maduro, ¿por qué no figuran en el texto?

 

Nuestro grupo se negó rotundamente a que la resolución incorporara una amenaza de sanciones al régimen venezolano. ¿Por qué? Porque no era congruente pedirle al Gobierno una serie de cosas y al mismo tiempo amenazarle con sanciones. Era absolutamente desproporcionado. Era como echar una bomba en el jardín de la casa. Ahí nos tuvimos que plantar porque la negociación fue dura en ese terreno. Lo quería especialmente el grupo liberal y el PP también aceptaba.

 

¿En qué fase cabría hablar entonces de sanciones al régimen venezolano?

 

La comunidad internacional está pidiendo la mediación. No hay nadie en el mundo, ninguna autoridad internacional, que esté planteándose sancionar al régimen venezolano, porque a la larga también sancionas al propio pueblo. Las sanciones son el grado supremo de un conflicto internacional, como el que ha mantenido la UE con Rusia a raíz de Ucrania. Pero allí hubo una violación de fronteras y una guerra. Toda la comunidad está pidiendo a Unasur y a los expresidentes, que es la única vía que hay en este momento de contacto (entre Gobierno y oposición), que sigan en ese trabajo.

No hay nadie en el mundo, ninguna autoridad internacional, que esté planteándose sancionar al régimen venezolano

 

Yo he terminado una conversación hace unos minutos (el miércoles por la tarde) con Lilian Tintori (la esposa de Leopoldo López). Y me ha dicho: por favor señor Jáuregui, sigan ustedes trabajando en esa dirección. Nadie había visitado a Leopoldo López hasta que ha ido el presidente Zapatero. Nadie había hablado con Maduro en tres años de nuestra parte. La comunidad internacional está cogida de ese clavo. No es nada fácil encontrar una hoja de ruta común.

 

¿Cuál debe ser el papel de la oposición?

 

Algo en lo que yo insisto es en decirle a la oposición que, teniendo una mayoría como la que tiene, no puede limitarse a establecer una hoja de ruta para echar al presidente sólo. Porque los venezolanos le han votado también para que resuelva sus problemas. Y es el momento en Venezuela de llegar a algunos acuerdos, aunque sea de medidas macroeconómicas básicas, para evitar la inflación por ejemplo, que empobrece al máximo a los más pobres. O que permita un plan de cooperación como el que estamos queriendo hacer desde Europa. Ese tipo de cosas se pactan. Y el enorme apoyo que tiene la oposición política venezolana también tiene que ejercerse con ese sentido de responsabilidad. Si no, van a perder la confianza de los ciudadanos.

El enorme apoyo que tiene la oposición política venezolana también tiene que ejercerse con responsabilidad. Si no, van a perder la confianza de los ciudadanos

 

La hoja de ruta de salida de este conflicto tiene que hacerse por supuesto con arreglo no solo a la constitución venezolana, sino a las elementales normas de funcionamiento de un Estado de derecho. Y aquí repito, no puede haber presos políticos, tienen que respetarse las decisiones políticas de la Asamblea y no pueden conculcarse a través de un poder judicial controlado. Pero, paralelamente, tiene que haber la capacidad de pactar entre Gobierno y oposición, en el ejercicio de sus respectivos poderes, soluciones para el país.

 

La oposición dice que el Consejo Nacional Electoral les ha validado 1,3 millones de firmas para pedir el referéndum revocatorio contra Maduro. ¿Es ésta una posible salida?

 

Es una salida porque es democrática y es constitucional. Pero en mi opinión es el último extremo. Para mi es la consecuencia de un fracaso en el diálogo. Si no hay solución a los problemas de Venezuela entre Gobierno y oposición probablemente estamos condenados a un revocatorio, que no olvidemos es muy traumático. Porque somete al país a una tensión brutal con el riesgo de una fractura social de difícil recuperación. ¿Es posible? Sí ¿Es democrático? Sí ¿Es constitucional? Sí. Ahora, es una salida políticamente muy dura. Y yo creo que mejor que eso es un acuerdo.

Un referéndum revocatorio sometería a Venezuela a una tensión brutal con el riesgo de una fractura social de difícil recuperación

 

¿La UE está haciendo lo suficiente para ayudar a una salida de la crisis en Venezuela? ¿Debería implicarse más?

 

Desde luego el Parlamento Europeo está teniendo una actividad intensísima y hemos sido la voz democrática internacional más potente. La Alta Representante [para la Política Exterior, Federica Mogherini] está también muy motivada en este asunto. Pero los poderes son limitados. No olvidemos que estamos hablando de una esfera nacional que se mueve muy difícilmente. Hemos comprobado que ni siquiera las autoridades regionales han sido capaces de mover aquello. Ni Unasur, ni la OEA, ni Brasil o Argentina. Nuestros poderes son limitados. Pero yo creo que Europa está muy presente y yo no haría ninguna crítica a lo que la señora Mogherini está haciendo en este tema.

 

¿Cómo debería ser este plan de cooperación con Venezuela que reclama la Eurocámara?

 

Venezuela no vive una crisis humanitaria, pero sí una crisis de desabastecimiento muy grave que requiere un plan de cooperación. Ese plan tiene que ser aprobado por el país. Si no lo aprueba el país, no se puede llegar allí con barcos y con aviones para ayudar. Lo que se ha recogido en Madrid en medicamentos, según me ha dicho Lilian Tintori, si Maduro no deja entrar los aviones no llega. Por eso creo que es muy importante que el Gobierno de Maduro se quite el orgullo y admita esas ayudas. En la resolución le pedimos al Gobierno venezolano que, por favor, admita esta cooperación, que estamos deseando poder prestar.

Venezuela no vive una crisis humanitaria, pero sí una crisis de desabastecimiento muy grave

 

Podemos e Izquierda Unida no han apoyado la resolución de la Eurocámara y dicen que es un arma para la campaña electoral española, ¿qué opinión le merece?

 

El tema de Venezuela no ha sido elegido de forma oportunista este mes. Está en el epicentro del debate político en Europa desde hace meses. Está presente todos los días. Yo no creo que esto sea tan importante para la campaña española, pero nuestra actuación aquí no tiene nada que ver con eso.

 

En segundo lugar, no tiene explicación ni abstenerse ni votar en contra. La posición de Izquierda Unida es absolutamente contraria, antagónica a todo el discurso crítico que hacemos los demócratas al régimen venezolano. Porque realmente Izquierda Unida está envuelta en el chavismo absolutamente. Están absolutamente en la versión gubernamental, que es imposible de sostener desde un punto de vista mínimamente objetivo.

No tiene explicación ni abstenerse ni votar en contra. Desde la izquierda tenemos que ser tan contundentes como cualquiera contra el abuso del poder

 

Además, ha sido Izquierda Unida la que ha forzado el voto nominal a las enmiendas que ha presentado a la resolución para poner en evidencia a Podemos, su socio en las elecciones españolas, curiosamente. Podemos ha hecho equilibrios, votando unas cosas sí y otras no y al final absteniéndose. Pero, y éste es mi discurso hacia ellos, yo creo que ser de izquierdas es ser demócratas.

 

Desde la izquierda tenemos que ser tan contundentes como cualquiera contra el abuso del poder, la obstrucción de la democracia, el no respeto de las minorías. La izquierda tiene que ser punta de lanza en esas denuncias. No tiene por qué haber ninguna objeción en eso. Y a mi me da pena que quien se proclame de la izquierda sea incapaz de hacer esa denuncia. Es compatible defender la mediación política en el conflicto venezolano y denunciar los abusos democráticos. Y ese es el equilibrio que Podemos no ha querido respetar.

 

El hecho de que Venezuela se utilice como arma política en España, ¿no socava la capacidad de mediación del país?

 

El problema es que Venezuela está muy presente en la vida española, pero también porque el presidente Maduro la tiene tomada con el presidente del Gobierno. No creo que sea sólo culpa nuestra. Pero al Gobierno de España, la política de mediación que está protagonizando el presidente Zapatero le parece muy bien. Me consta. Hay plena comunicación entre el ministro Margallo y el presidente Zapatero en todo lo que se está haciendo ahí. Porque hay una convergencia de intereses.

Es compatible defender la mediación política en el conflicto venezolano y denunciar los abusos democráticos. Y ése es el equilibrio que Podemos no ha querido respetar 

Yo creo que a España le interesa un papel más centrado, de favorecer la mediación y mantener interlocución con el Gobierno, que no es incompatible con poder hacer denuncias. En ese terreno, algunas posiciones políticas en nuestro debate electoral no ayudan, ni tampoco algunas visitas. En el asunto Venezuela hay que jugar mirando a Venezuela, no mirando a nuestros intereses partidarios.

Es evidente que la izquierda comunista tiene una pesada carga en no ser capaces de admitir que el régimen chavista fracasó en la gestión socioeconómica de sus inmensos recursos y que aunque hizo cosas que respondían a vectores sociales como el reparto de la riqueza, ha acabado construyendo un sistema dudosamente democrático. Yo pienso que la izquierda no puede mantenerse al margen de esa denuncia y no puede sostener teorías conspiratorias absolutamente paranoicas, diciendo que a Venezuela le está acosando una alianza del capital y no sé qué cosas más.

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