Marita Alonso
Publicada

Las relaciones amorosas de Mario Casas con Melyssa Pinto y Timothée Chalamet con Kylie Jenner tienen en común la discreción con la que han abordado sus romances en redes. Algo que aunque no es extraño en el caso de los populares actores, sí lo es más en el de sus novias, que han convertido sus perfiles sociales en escaparates de sus vidas y negocios.

Mientras que hay quienes presumen del amor en internet en cuanto comienzan sus relaciones y hacen de su vida sentimental parte de su identidad digital, poniendo entonces en marcha el denominado hard launching, la práctica que hoy nos ocupa es la contraria. ¿Su nombre? El soft launching.

Se trata de una técnica de marketing que consiste en mostrar a la pareja poco a poco y de forma sutil. Chalamet ha subido a su perfil de Instagram una imagen en la que se ve la mano de Jenner sujetando uno de los galardones que el actor acaba de recibir por su papel en Marty Supreme.

Por su parte, Casas ha subido una fotografía en la que posa junto a la influencer de espaldas. Ambas imágenes son discretas y sutiles… Si no fuera porque millones de personas están al corriente de sus relaciones y ávidas por descubrir nuevos detalles del estado de sus romances, por lo que estos gestos, en apariencia nimios, en realidad gritan.

Método de protección

The New York Times habla del caso de la creadora de contenido Victoria Paris, que con 2 millones de seguidores ha preferido ser sutil a la hora de mostrar a su pareja tras haber visto cómo sus vínculos pasados sucumbían a la presión de las redes sociales.

“Para mí, el soft launching supone no subir la cara ni el nombre de usuario de la persona en cuestión. De esta forma, se limita la exposición y la responsabilidad de tener que responder. Quería poder compartirla de una manera más conservadora y aprender de mis errores pasados”, aclara.

Lara Ferreiro matiza que hay gente que cree que quienes se comportan así están ocultando a sus compañeros sentimentales. “Creo que puede ser positivo no mostrar la relación en redes sociales, aunque será el tiempo el encargado de determinarlo. No se recomienda publicar nada si llevas menos de seis meses” dice la psicóloga.

“No enseñar la pareja de forma inmediata supone crear un espacio seguro donde esta pueda consolidarse sin esa presión externa o social. Las primeras fases del vínculo son especialmente sensibles y la exposición temprana genera comparaciones, opiniones ajenas e interferencias, dice a Magas la autora de ¡Ni un capullo más! (Grijalbo, 2025).

"Si se muestra poco a poco y con tiempo, la historia de amor puede avanzar a su ritmo, se favorece la intimidad y se reduce la ansiedad”, añade.

Por su parte, Patricia Sánchez, experta en relaciones avanzadas y sexualidad consciente y autora de Amor sin filtros (Culbuks, 2025), comenta el caso de una pareja que tras pasar por una crisis, vio cómo el comportamiento de una de las partes cambió de forma llamativa en sus redes.

“Él dejó de subir fotos de ella, cuando llevaba 10 años haciéndolo. Al hablar al respecto, se dieron cuenta de que tras ese bache, él no sentía que hubiera seguridad en la relación. Si no mostraba sus imágenes era para que nadie preguntara ni debatiera sobre si habían vuelto o no y para que en el caso de que llegaran otras crisis, la gente no les atosigara”, dice.

Fama y privacidad

En el caso de los famosos, hay casos en los que deciden publicar fotos para que así la prensa les deje en paz de alguna manera. Es el caso de Joan Verdú y Laura Escanes y el de Aitana con Plex. También el de Katy Perry con Justin Trudeau y Jennifer Aniston con Jim Curtis, pues ambas parejas han oficializado sus lazos en redes sociales.

“A veces hay que tener cuidado con la estrategia de abrazar demasiado la privacidad, porque genera el perfecto contrario al despertar mayor interés”, matiza Sánchez.

Ferreiro comenta que, contra lo que pudiera parecer, diversos estudios indican que las relaciones más felices son las que comparten menos en internet. “El 54% de las mujeres reconoce que se ha comparado con otras parejas al ver lo que suben".

Incluso se ha visto que quien mantiene en privado su relación durante los seis primeros meses tiene un 30% más de posibilidades de que esta salga adelante. "Seis de cada 10 personas afirman sentirse más seguras cuando no hay exposición en internet”, dice.

Por si fuera poco, añade que el 49% de los jóvenes reconoce publicar por presión social. “Otro dato a tener en cuenta es que el 72% de las parejas que han sufrido una infidelidad ha indicado que las redes fueron el detonante…”, señala la psicóloga.

Un estudio que data de 2023 indica que difundir frecuentemente una relación incluso se vincula con tener unos niveles más bajos de satisfacción general y un estilo de apego ansioso entre las parejas.

Y un reciente estudio puesto en marcha por Cheerz revela que tres de cada 10 personas suben fotos con su nuevo noviazgo cuando tienen ganas de hacerlo, sin tener en cuenta el tiempo que llevan juntos o cuál es el tipo de compromiso que tienen.

El 27% señala que únicamente comparte contenido juntos al haber formalizado la relación, mientras que el 41% asegura no publicar nunca momentos románticos en las redes.

El consentimiento digital

Pero, ¿qué pasa cuando una de las partes quiere subir contenido siendo la otra más reservada? Ferreiro considera que el consentimiento digital es un límite básico: “Las parejas sanas tienen que hablar al respecto antes de publicar una foto. Pedir permiso supone demostrar respeto emocional".

Y añade: "La persona extrovertida debe comprender que la exposición no es neutra. La otra puede vivirlo como una traición pese a que la intención fuera absolutamente inocente. Cada publicación genera un impacto psicológico, comentarios externos, comparaciones, atención no deseada…”.

La aplicación de citas Bumble ha detectado una tendencia entre los solteros a tener en cuenta en la era del soft launching. Denominada quiet dating, describe una forma de vincularse más calmada, segura y centrada en uno mismo.

Supone pasar de “tengo que estar en una relación para sentir que voy bien en la vida” a “voy a conocer a gente sin prisa, sin demostrar nada y sin subirlo todo a Stories”.

Por eso, frente a la cantidad de personas que creen que ahora presumir de pareja en redes sociales es algo bochornoso, otras no llegan tan lejos pero sí valoran ir construyendo sus romances sin presiones externas y sin la necesidad de validación que es la que a tanta gente le empuja a publicar cosas que, en realidad, no querría compartir.

Es indudable que en la actualidad, la dimensión digital puede afectar profundamente a las relaciones, y lo cierto es que la generación Z está construyendo un nuevo léxico relacional que denota que la discreción prima en los vínculos actuales.

Sin embargo, no nos engañemos: si alguien de verdad quiere privacidad, no sube absolutamente nada de su pareja a sus redes sociales. Pero en la era de las dating apps, pudiera parecer que algo no es serio si no queda materializado en los perfiles virtuales.

Por ello, el soft launching no se trata solamente de sutileza, sino que para muchos puede funcionar como una estrategia para atraer a los seguidores y fomentar que pregunten por el nuevo novio o novia… Y de hacerse con el control, porque esta fórmula ofrece la posibilidad de controlar la narrativa.

Privacidad VS secretismo

Sin embargo, hay que tener cuidado en el caso de que la persona sienta que el otro le está ocultando. “Una cosa es la privacidad y otra el secretismo”, dice Lara Ferreiro. "La primera protege la relación mientras que lo segundo te esconde".

Y comenta en declaraciones a Magas: "Si es alguien que ha publicado siempre imágenes de sus parejas y a ti no, quizás pueda ser una señal de que hay una infidelidad de por medio o de que está formando un banquillo digital de ligues".

A juicio de la psicóloga, "si tu novio sube activamente su vida menos a ti y si evita presentarte a su entorno cercano, entonces entra el juego el denominado pocketing, que ocurre cuando la persona con la que estás saliendo se niega a presentarte a sus amigos y familiares o a publicar sobre ti en las redes sociales”.

Imagen de archivo de una pareja viendo fotos en un teléfono móvil. iStock

Indica que se puede tratar también de alguien con miedo al compromiso o que esté llevando una doble vida. "Cuando hay incoherencia entre lo que dice y lo que hace, cuando la falta de visibilidad que pone en marcha no sólo es online sino también fuera de pantalla, y cuando muestra una actitud defensiva al hacérselo ver, entonces sí es un tema a tratar".

En esos casos no se debe a que tenga una personalidad reservada, sino a que oculta algo. "La privacidad es sana; el secretismo, excluyente”, dice. La sobreexposición puede resultar negativa y quizás sea una fórmula con la que tapar grietas en la pareja mediante sonrisas forzadas y filtros, pero la privacidad extrema, en ocasiones, también puede resultar alarmante.

Lo fundamental es siempre conversar acerca de cómo se afronta también el vínculo en el plano digital. Porque en la actualidad, resulta imposible separar completamente ambas esferas. Si el amor ahora se cocina a fuego lento, no es extraño que en las redes sociales, que abogan siempre por la inmediatez, se muestren también las relaciones con calma.