Esta conversación con Patricia della Giovampaola d’Arenberg por teléfono comienza con una pregunta que tiene una respuesta implícita: ¿Cuál es su ciudad favorita? Con la certeza de que cualquier persona con distintas residencias por el mundo responderá que depende de la época del año. Sin embargo, D’Arenberg tiene un poder chispeante de seducción en cada una de sus respuestas. No en vano, podría ser calificada como icono global e inspiración para toda una generación de la intelectualidad y los círculos más elitistas internacionales.

"Pues te vas a reír. Con Buenos Aires me pasa algo muy difícil de explicar. A mí me encanta desde siempre esa ciudad y no sé por qué. Será que llegué muy joven y me gustó aquella época… Porque es caótica, violenta, imperfecta, tiene todos los defectos, pero tiene algo que me gusta, algo de tango".

Pregunta: ¿Hay alguna pregunta en esta entrevista que no contestaría?

Respuesta: No hay ninguna pregunta a la que no conteste. Estoy abierta a cualquier tema.

Biografía en tres ciudades

Patricia d’Arenberg descuelga el teléfono desde Punta del Este, la ciudad peninsular más al sur de Uruguay. Es obligado describir el lugar desde el que lo hace. La Mansa es como llaman los puntaesteños a su playa más tranquila de la desembocadura del Río de la Plata, del lado oeste de la ciudad, bien diferente a La Brava, que al llegar al océano tiene gran oleaje. A lo lejos se puede adivinar la literaria Isla de Lobos, para los que buscan ya aguas realmente movidas. Hay refranes locales que aluden precisamente a esta idea: imaginar que uno pudiera elegir lo que le sucede, en función del lugar al que decide ir.

P: En tres lugares, ¿cuál sería un buen resumen de su biografía?

R: Primero de todo sería Montepulchano, mi pueblo, donde nací y crecí, fui al colegio, de dónde era mi padre. Es un pueblo en el que todo está en altura, estamos a 600 metros sobre el nivel del mar, mi liceo estaba arriba del pueblo. En la mañana siempre era la última en levantarme. Mi hermana pequeña iba al mismo colegio, y mi padre nos decía que si estábamos listas pronto nos llevaba en el coche y si no, tendríamos que ir a pie. Pues me recuerdo siempre a pie porque nunca estaba lista y dicen que desarrollé unas piernas muy fuertes por subir rápido para llegar al colegio [sonríe].

Es una declaración de intenciones, algo así como “tendré que subir caminando pero tengo mis tiempos”.

Obvio [responde con cierta ironía sardónica].

¿Y después?

Buenos Aires fue mi gran amor. Estuve ahí en los 30 y fueron unos años maravillosos, tengo muchísimos amigos de entonces. Después, al encontrarme con Rodrigo d’Arenberg que era residente uruguayo pero francés, aprendí a venir a Uruguay y a vivir en Francia.

¿Y París?

Después de la muerte de Rodrigo, hace ya catorce años, yo tenía muy buena relación con toda la familia de él y otras personas, así que París seguía significando mucho. Después de tres años conocí a Jean-Paul…

¿Le gusta estar en París?

París es París. Siempre tiene cosas que ofrecer, la gran cultura, las mejores exposiciones en los mejores museos del mundo… Y aparte está su belleza, es la ciudad más hermosa del mundo, ciertamente un poco convulsionada últimamente, pero el mundo entero lo está, ¿no crees?

Siendo italiana, ¿tiene una complicada relación emocional con Roma, como decía Freud?

Roma es una ciudad fantástica, con calles desordenadas, sucia, llena de gente que va y viene. Es una bellísima mujer que ya llegó a la madurez y que no tiene que fingir nada.



¿Existe una combinación ciudad-época del año que sea perfecta?

Los veranos los he pasado últimamente en una finca en el campo al lado de mi pueblo. Ahora que soy mayor aprecio más mi pueblo. Pero yo diría que noviembre en Buenos Aires. Jacarandás en flor, gente haciendo deporte, se parece un poco a Madrid, ¿no? Madrid es una ciudad muy divertida, se come muy bien, espero volver pronto a Madrid.

El día a día de Patricia

En una época de primera línea mediática y después en su madurez como persona de relevancia internacional y empresaria, ha estado interesada en diferentes causas benéficas y, en particular, las que tienen que ver con la mujer. Por ejemplo, es embajadora de la ONG THRibune en Francia, entre otros proyectos desde los que trabaja en la defensa de los derechos humanos. Para ella, es imprescindible “aportar en lo posible para ayudar a otras personas”.

Patricia d'Aremberg.

P: ¿Cómo comienza y cómo termina un día suyo, ahora en Punta del Este?

R: Me levanto temprano. Me gusta leer los periódicos, soy una fanática de la información, tengo suscripciones a diez diarios del mundo entero. Incluso por la noche, antes de dormir suelo leer los de otros lugares: al acostarme leo los italianos, La Repubblica y Le Figaro, y por la mañana los uruguayos, argentinos y españoles.

D’Arenberg explica que “Uruguay es un país chico, tiene tres millones y medio de habitantes”. La zona en la que se encuentra su actual residencia se caracteriza por “una intensa vida social, sobre todo en esta época, pero este año sigue siendo diferente. Hacemos alguna cena muy temprano en algún lugar abierto, sin gente alrededor”. La última película que le ha gustado es The Tragedy of Macbeth de Joel David Coen, y está leyendo Anéantir el último libro del polémico poeta y ensayista francés Michel Houellebecq, una reflexión sobre la vida y, precisamente, los traslados y lo inesperado.

P: Nada es imaginable supongo, pero la situación actual lo era un poco menos.

R: Nada, en efecto, pero es una injusticia para todos que tengamos que vivir una época tan tremenda sin saber dónde está el final.

Me pregunto si se imaginaba cómo iba a ser su vida cuando era pequeña

"Me acostumbré desde pequeña a ver palacios antiguos e iglesias con frescos, pero siempre tuve ganas de viajar"

Como te decía, yo nací en un pueblo en la Toscana, Montepulciano, en la provincia de Siena. Un lugar precioso, me acostumbré desde pequeña a ver palacios antiguos e iglesias con frescos entre los olivos, pero siempre tuve ganas de viajar e ir a lugares. Tenía el amor de Argentina, porque el hermano de mi madre había llegado después de la guerra y todos nosotros crecimos con la música que nos mandaban y cuando nos venían a ver, era una fiesta. Así que Argentina siempre estuvo en mi futuro, no sé si tanto Francia, quizá hubiera imaginado más Estados Unidos.

Llegó a Francia por azar… ¿Cuándo fue la primera vez que visitó París?

Debió de ser en los años ochenta, quizá en el 1985. No fue una ciudad con la que tuviera un amor a primera vista, como me ocurrió con Buenos Aires. Visitaba París como turista, con 18 años y con mis padres [sonríe]. París y yo no tuvimos un amor instantáneo, eso vino después, cuando conocí gente, hice amistades, cuando supe su esencia. Ahora hace una década que eso fue posible también por mi novio, Jean-Paul Enthoven, que es francés hasta la médula. Escuchamos la televisión y cualquier cosa en Internet en francés.

Entre ustedes hablan francés…

Sí, con Jean-Paul hablamos francés [teniendo en cuenta aquí, nota al margen, que su pareja es uno de los editores y filósofos más importantes de Francia].

Así que estamos hablando de una versión francesa de Punta del Este.

[Asiente y sonríe].

¿Cuáles son sus temas de conversación más habituales, si me permite la indiscreción?

Sí, yo contesto a cualquier pregunta. Desgraciadamente ahora mismo, sería la Covid. Si no, con Jean-Paul hablamos mucho de política, de las próximas elecciones en tres meses, de literatura [aclarar aquí que se trata de un gran experto en la obra de Proust].

¿Les resulta algo que podamos sacar en positivo de esta situación?

Ojalá que la parte buena de la globalización, recordar la importancia de la solidaridad…

¿Qué será lo primero que hará cuando termine la pandemia?

Besar el suelo.

Cuidados personales

¿Tiene una rutina de cuidados personales?

Voy al gimnasio por la mañana, soy muy de trabajar la fuerza y la resistencia del cuerpo. Para relajar hago yoga todos los días desde hace muchos años. Con el lock-out todas las tardes hacía cursos de yoga online con una monitora. No me gustan los deportes de competición, me gusta estar sola, concentrarme en mi cuerpo y en mis cosas. Tengo profesores por Zoom y si no me arreglo sola. Me gusta mucho caminar, no sé conducir…

¿No conduce?

Yo no conduzco, ya sé que es rarísimo que alguien no sepa. Pero conozco a otras personas que tampoco lo hacen, como por ejemplo Bernard-Henri Lévy (el mejor amigo de mi novio) no conduce.

¿Un momento muy luminoso y otro oscuro de su biografía?

En los últimos años con Jean-Paul he logrado tener un equilibrio psicofísico importante. Fíjate que soy extremadamente hipocondríaca, pero hice mucho psicoanálisis, ¡sé mis defectos! Momentos oscuros también, pienso en las muertes de mis padres, mi marido, siempre están asociados con la pérdida…

¿Le agrada la popularidad?

Me gusta, sí. He tenido varias épocas de popularidad. Cuando llegué a Argentina como modelo, fui sumamente popular. Recuerdo que cuando iba a la playa me pedían autógrafos y mi madre se asustaba, y yo le decía que la gente es normalmente muy buena. Fui una de las primeras mujeres entonces en 2009 en escribir un blog después de la muerte de mi marido en 2007, y recuerdo que tenía un millón de visitas por mes… Ha habido varios momentos.

Icono de elegancia

Patricia d'Aremberg.

¿Cuál sería un personaje histórico con el que le gustaría cenar sin mirar el reloj?

Hay muchas biografías estimulantes…. Por ejemplo con una italiana que conquistó París: Catalina de Medici, toscana, que fue reina de Francia.

Decía Truman Capote [en concreto refiriéndose a Jackie Kennedy] que algunas personas eran capaces de generar sin ningún esfuerzo un autorretrato cada día para proyectarse de modos espectaculares. Surge la pregunta si todas esas mujeres que han pasado a la historia como iconos por una imagen impactante tendrían algo en común. Patricia responde que “quizá haber hecho un análisis muy claro de una misma, sentirse cómoda con su personalidad, saber cuáles son tus defectos y tratar de vivir con los ojos abiertos”.

Es usted conocida por su elegancia ¿qué mujer le ha parecido enfática por su carisma, no sólo por su belleza?

He conocido a algunas de las mujeres más elegantes del mundo. Diría que Jacqueline de Ribes, es increíble, puede que se trate de la mujer más elegante del mundo, un icono desde luego.

Al googlearla, aparece una foto espectacular suya entrando a una gala MET en Nueva York, el evento más deseado del mundo… ¿Cómo se elige una prenda para un evento tan importante?

"La verdad es que me aburre probarme vestidos"

Sí, es llegando al baile de 2018 en el MET, una fiesta muy bien organizada, con un vestido Versace couture que se diseñó sobre mí. Yo elijo todo lo que me pongo, ya sé lo que me va bien y lo que no. El naranja es un color que me sienta muy bien y sé el tipo de vestido que me puede favorecer. Este fue un vestido de alta costura que tardamos un tiempo en decidir desde que se hiciera el dibujo en Milán, los ensayos en París dos veces y las pruebas en NYC. La verdad, siendo sincera, es que me aburre probarme vestidos, últimamente me los compro en marcas online como net-a-porter o matchesfashion y me funciona.

¿Tiene alguna prenda que considere amuleto?

Tenía una maravillosa pulsera de Lorraine Schwartz [se refiere al famoso modelo “against evil eye” que llevan muchas súper estrellas de Hollywood], que es un brazalete con pequeños diamantes, se cayó y se rompió.

Eso dicen que es bueno, porque libera alguna envidia.

Sí, lo arreglé en París, pero se me ha vuelto a romper… [Hace pensar, inevitablemente, en la envidia que puede suscitar].

¿Cambiaría algo de su biografía?

No, siempre he sido muy consciente de lo que quiero y hago.

¿Cuál es su objetivo pendiente?

Quisiera llegar a mis años de la vejez tranquila y con equilibrio. Tengo una amiga de 92 años que es un ejemplo para mí, ¿te imaginas por lo que tuvo que pasar? Si tuviera que elegir un símbolo vital puede que eligiera un olivo toscano, de los que tienen muchas aceitunas, un árbol de Siena muy arraigado, que dura muchos años y sigue dando frutos, y frutos…

Noticias relacionadas