Tuvo que venir a España un rey extranjero para que las puertas de las facultades se abriesen a las estudiantes femeninas. Así lo dictaminó una Real Orden firmada por Amadeo I de Saboya el 2 de septiembre de 1871, que daba luz verde a la joven María Elena Maseras a continuar con sus estudios de Segunda Enseñanza y matricularse posteriormente en la Universidad de Barcelona. La accesibilidad del monarca efímero, llegado de Italia en pleno Sexenio Democrática, marcó un hito en la historia de España: aquella catalana se convirtió en la primera mujer en cursar una carrera sin necesidad de disfrazarse de hombre, como había hecho Concepción Arenal tres décadas antes.

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Elena Maseras fue la alumna universitaria pionera. En el curso 1872-1873 se matriculó en la Facultad de Medicina para cursar esta especialidad, completando cuatro asignaturas con la nota de aprobado —Anatomía General y Disección, ambas de primer y segundo curso—. Según explica la historiadora Consuelo Flecha García en su obra Las primeras universitarias en España, 1872-1910, los nombres de esta joven y otras compañeras como Dolores Aleu Riera y Martina Castells —el trío del que bebe el personaje de Amelia Folch en la serie El Ministerio del Tiempo— causaron al principio una reseñable sorpresa en aquellos círculos, pero la mayoría de alumnos y catedráticos les brindaron una aceptable acogida.

Sobre las mujeres de aquella época no pesaba ninguna prohibición en cuanto a su formación universitaria. No porque estuviese bien visto que acudiesen a las facultades abarrotadas de varones, sino porque no se contemplaba semejante panorama. Nadie en la comunidad académica ni en la administración se iba a imaginar que un grupo de jóvenes féminas quisiese formarse, ¡y mucho menos para ser doctoras! Era un progreso para el que la sociedad española no estaba preparada: en 1882, mediante otra Real Orden, se suspendió "en lo sucesivo la admisión de las Señoras a la Enseñanza Superior". No recuperarían este derecho hasta 8 de marzo de 1910.

Elena Maseras. Ministerio de Universidades

A pesar de ese vacío legal que les permitió matricularse en régimen de enseñanza oficial, "no asistían a las clases porque suponían que los condicionamientos de que vivían rodeadas por el hecho de ser mujeres, les impedían su presencia en las aulas aunque no existiera una prohibición legal", explica Flecha García. Pero un profesor, según se narró en la revista El Siglo Médico, forzó su presencia al hacer indispensable la asistencia para presentarse a los exámenes ordinarios: "La sorpresa que se apoderó de los escolares allí reunidos al ver a su condiscípula, a la que saludaron con una salva de aplausos, ya pueden figurarse nuestros lectores". Era Elena Maseras, que no podía sentarse con sus compañeros, entre los que se encontraba su hermano, sino al lado del maestro. 

Pero la aventura de esta joven, nacida en Vilaseca (Tarragona) en 1853, no tendría un final feliz. Las trabas de la sociedad patriarcal harían inviable su sueño de convertirse en doctora. Maseras terminó la carrera de Medicina en 1878, seis años después de matricularse, y cuando en la Universidad Central de Madrid se enteraron de que estaba aplicando para hacer el Doctorado, su futuro se empezó a truncar. Tuvo que saltar mil obstáculos y enviar otras tantas solicitudes para obtener el Grado de Licenciada en la Universidad de Barcelona, el 27 de octubre de 1882.

Precisamente estas dificultades hicieron que Dolores Aleu se convirtiese en la primera mujer licenciada, también esquivando todo tipo de escollos burocráticos. Ella fue la única de esta primera camada en poder ejercer como médica. Montó su propia consulta en Barcelona y trabajó allí durante veinticinco años.

De doctora a maestra

Elena Maseras, escribe Consuelo Flecha García, "fue la primera de un grupo de mujeres que, rompiendo una, hasta entonces, incuestionable convicción social mayoritaria respecto de la naturaleza y funciones que correspondían a su sexo, llegaron a acceder a esos estudios secundarios y universitarios a pesar de que su presencia en ellos, después de una ausencia multisecular —había sido un proyecto imposible para cualquier mujer desde la creación de los mismos en la Baja Edad Media—, estuvo acompañada de sentimientos y actitudes dispares por parte de sus coetáneos; los testimonios encontrados reflejan, según los casos, sorpresa o incomprensión, rechazo o desconcierto, apoyo o admiración".

Pero al mismo tiempo que se dilataba su título de médico profesional, Elena Maseras siguió estudiando. Realizó en esos años de incierta espera los estudios de Magisterio, obteniendo los títulos de maestra elemental y maestra superior. La enseñanza sería finalmente su empleo, tras aprobar unas oposiciones, durante el resto de su vida. Primero en Vilanova i la Geltrú, y luego en Mahón (Menorca), donde sería la profesora de la primera escuela pública de niñas de la localidad. El 4 de diciembre de 1905, a los 52 años, murió a causa de una patología cardíaca.