En la imagen, propuestas de Saint Laurent, Dior y Chanel.

En la imagen, propuestas de Saint Laurent, Dior y Chanel. Reuters y Launchmetrics Spotlight

Moda

De la feminidad de Dior a la sahariana de Saint Laurent: las 'maisons' se reinventan para la primavera-verano de 2027

Las grandes firmas apuestan por la libertad de la mujer en todas sus formas como hilo conductor de sus colecciones y de la próxima temporada.

Más información: 'New minimal', la tendencia del otoño que actualiza el minimalismo y 3 looks para llevarla a diario

Titina Penzini
Publicada

Las grandes maisons vuelven a sus códigos fundacionales —el New Look de Dior, reinventado, eso sí, el tweed de Chanel, la sahariana de Saint Laurent, la exuberancia de Schiaparelli, el universo literario de Valentino o la sastrería de Givenchy—, pero lo hacen desde una mirada contemporánea, asentando muchas de las casas así los nombramientos de sus recientes directores creativos.

Hay una idea transversal en muchas de las colecciones: la necesidad de liberar la ropa de su propio peso histórico, algo que se apreció de forma clara en la propuesta de Jonathan Anderson.

Las estructuras se vuelven más ligeras, los tejidos más móviles, la transparencia adquiere protagonismo y la artesanía se convierte en una herramienta para transformar los códigos clásicos. Al mismo tiempo, otras casas abrazan el maximalismo, el exceso y la teatralidad.

El recorrido es así: de París al imaginario californiano, del oro de Saint Laurent a la ligereza de Hermès, pasando por la nueva libertad de Chanel, la poesía de Dior, el surrealismo cotidiano de Schiaparelli, la 'antibiblioteca' de Valentino y la mujer en movimiento de Givenchy.

¿La meta? Una temporada que demuestra que reinterpretar una maison no significa renunciar a su historia; la clave está en encontrar la forma de hacerla vivir de la mano de los ritmos y necesidades actuales sin perder la esencia.

Oro Saint Laurent

El desfile, presentado por Anthony Vaccarello el 29 de septiembre de 2026 en el Trocadéro de París, fue concebido como una verdadera apoteosis del universo Saint Laurent. El elemento dominante fue el oro, utilizado no simplemente como color, sino como materia, atmósfera y símbolo.

Además de este detalle reseñable, hubo otro que lució más si cabe al centrar la gama cromática en una única propuesta: la lectura del ADN de la maison con unos nuevos códigos. Más que inventar nuevos arquetipos, Vaccarello hizo algo especialmente significativo: revisitó el vocabulario histórico de la casa y lo llevó a un extremo de opulencia.

Entre las siluetas más destacadas estuvieron las saharianas, uno de los grandes emblemas de la firma; los trench coats; las blusas fluidas; las faldas portefeuille; los trajes de chaqueta; los blousons; los abrigos de hombros marcados XL; el smoking; y los vestidos de noche de extraordinaria teatralidad.

El rojo tiñe el oro en la última propuesta de Saint Laurent.

El rojo tiñe el oro en la última propuesta de Saint Laurent. Reuters

Un nuevo manifiesto

Vaccarello llevó el dorado hasta sus últimas consecuencias: desde el oro brillante y casi líquido hasta tonalidades antiguas, ámbar, bronceadas, bizantinas, renacentistas y Art Déco.

La colección convirtió el color en una especie de segunda piel. Lamé, organza, guipur, jacquard, brocado, muselina, algodón metalizado y látex recubierto fueron algunos de los materiales empleados. Uno de los aspectos más importantes al respecto, desde la perspectiva de la moda y la artesanía, fue la extraordinaria experimentación material.

La elección tiene además una profunda resonancia histórica: Yves Saint Laurent había declarado su fascinación por esto, asociándolo con la luz y la mujer. Vaccarello transforma esa referencia en el eje conceptual de toda la colección.

El accesorio como escultura

Los complementos siguieron la misma lógica maximalista. Destacaron especialmente los pendientes de gran tamaño, los zapatos de tacón muy pronunciado y, de manera particularmente llamativa, los tacones con formas de serpiente, que introdujeron un elemento casi surrealista dentro de la sofisticación dorada.

La propia puesta en escena hacía inevitable una lectura retrospectiva: una década de códigos Vaccarello condensada en una colección que parecía mirar simultáneamente hacia Yves Saint Laurent, hacia su propio legado y el futuro.

El cierre con Charlotte Gainsbourg, musa recurrente del director creativo, añadió una dimensión emocional. Su aparición y actuación culminaron un desfile que tenía más de ceremonia de despedida a su persona.

Dior: la nueva feminidad

Y si Saint Laurent mira al pasado a través del exceso y el oro, Dior propone el movimiento contrario: quitar peso a la historia para hacerla respirar.

Con Jonathan Anderson, la maison entra en una nueva dimensión. Para la primavera-verano 2027, el diseñador toma algunos de los códigos fundacionales de la casa—la Bar Jacket, la silueta corola, el traje y la feminidad del New Look— y los despoja de ciertas líneas encorsetadas para convertirlos en formas casi etéreas.

Anderson convierte el New Look en ligereza, transparencias y contemporaneidad, una especie de adaptación a las altas temperaturas del planeta.

Anderson mantiene el ADN de Dior, pero lo actualiza, liberando a la mujer.

Anderson mantiene el ADN de Dior, pero lo actualiza, liberando a la mujer. Launchmetrics Spotlight

La Bar Jacket, liberada

Uno de los gestos más significativos es la transformación de esta prenda, quizá el símbolo más reconocible de la maison.

La estructura rígida, entallada y casi arquitectónica concebida por Christian Dior en 1947 aparece reinterpretada en mousseline y tejidos semitransparentes. La cintura deja de ser una estructura constrictiva y se convierte en una insinuación que deja con ganas de más.

Por otro lado, la transparencia se convierte en uno de los grandes recursos de la colección. Chiffon, organza, encaje Chantilly y tejidos vaporosos sustituyen visualmente la densidad de los materiales tradicionales.

La nueva silueta Dior

Las tradicionales faldas corola reaparecen, pero transformadas en minifaldas multicapa, plisadas y traslúcidas, muchas veces acompañadas por blazers de chifón.

El volumen ya no nace de estructuras rígidas, sino de capas, movimiento y superposición, lo que se traduce en algo más pequeño, ligero y dinámico.

Punto de encuentro

Otro de los aspectos más interesantes es la incorporación del vocabulario masculino de Anderson al universo Dior.

Camisas de hombre, rayas diplomáticas, chaquetas smoking, tops de pijama, abrigos inspirados en la sastrería del siglo XVIII y prendas outdoor aparecen reinterpretados dentro de una silueta femenina.

Uno de los looks más interesantes de la propuesta de Dior.

Uno de los looks más interesantes de la propuesta de Dior. Launchmetrics Spotlight

Flores convertidas en materia

La dimensión romántica permanece, pero Anderson la lleva hacia un terreno casi escultórico. Flores tridimensionales en rosa, blanco y tonos pastel aparecen aplicadas sobre las prendas como pequeños jardines en movimiento.

El efecto recuerda a ramos de hortensias, pétalos flotantes y composiciones botánicas que pierden su peso físico.

Chanel y su nuevo idioma

Esta ligereza de Dior encuentra un eco particular en la casa francesa, aunque Matthieu Blazy plantea la libertad desde otro de los grandes códigos de la maison: el traje.

El desfile primavera-verano 2027, presentado en el Grand Palais, marca un momento decisivo en la construcción de su nueva era. El creativo no intenta romper con la esencia del atelier: reinterpreta su histórico lenguaje para hacerlos más ligeros, jóvenes y libres.

La libertad

La colección gira alrededor de las 'múltiples vidas' de Gabrielle Chanel.

Blazy habla de las diferentes mujeres que habitan dentro de una misma mujer y de cómo Chanel convirtió la ropa en una herramienta de libertad, movimiento y expresión personal.

El gran protagonista vuelve a ser el tailleur Chanel, pero llevado a un territorio más contemporáneo. Aparecen tweeds ligeros, flexibles y el sorprendente smocked tweed, una versión elástica y maleable que permite que el traje se mueva con el cuerpo.

Carrusel final de Chanel en la PFW.

Carrusel final de Chanel en la PFW. Reuters

Blazy introduce faldas transparentes, tejidos vaporosos y trajes de chaqueta llevados casi como una segunda piel. Todo ello da pie a una tensión entre la disciplina clásica del taller y una sensualidad mucho más actual.

Un nuevo símbolo

Uno de los elementos poéticos más importantes es el pájaro, asociado a la idea de Chanel emprendiendo el vuelo y conquistando su libertad. Aparece como motivo decorativo y también como referencia conceptual a lo largo de la colección.

Igualmente, se juega con proporciones muy bajas y faldas de cintura descendida, contrastadas con blazers más amplias y camisas largas. Es una manera de desmontar visualmente la silueta clásica del traje de la maison.

En cuanto a la paleta de colores, aunque permanecen los clásicos negro, blanco y beis, aparecen rojos intensos, rosas, estampados animales y combinaciones cromáticas más audaces, aportando una energía más juvenil.

El escenario

El desfile tuvo una puesta en escena extraordinaria bajo la cúpula del Grand Palais, con un suelo de tonalidad marcadamente rojiza, una gran luna y aves sobrevolando el espacio, creando una atmósfera casi extraterrestre.

El resultado es una colección más sensual, más móvil y más joven, donde el lujo ya no depende de la rigidez, sino de la capacidad de la prenda para acompañar el cuerpo.

Y quizás ahí está la verdadera apuesta de Blazy: hacer que Chanel vuelva a sentirse contemporánea sin dejar de ser inmediatamente reconocible como tal.

El camino de Schiaparelli

¿Qué ocurre cuando la haute couture abandona su pedestal y entra en el guardarropa cotidiano? Esa fue la pregunta que planteó Schiaparelli en París.

Para la primavera-verano 2027, Daniel Roseberry presenta una colección titulada Going Clear, en la que hace algo especialmente interesante: lleva el lenguaje exuberante y surrealista de la alta costura hacia el día a día, sin despojarlo de su teatralidad.

La propia casa plantea la colección como una búsqueda de su esencia, reducida a sus códigos fundamentales.

La nueva Schiap Jacket

La gran protagonista es esta prenda, reinterpretada como una pieza de noche y como objeto de deseo para el día.

Roseberry recupera la idea histórica de Elsa Schiaparelli de convertir la chaqueta en un auténtico lienzo artístico, pero la adapta a la mujer actual. Y es que puede que el aspecto más importante de esta colección sea la voluntad de disolver la frontera entre couture y ready-to-wear.

Es una propuesta particularmente contemporánea: la alta costura deja de ser una imagen intocable y se convierte en un vocabulario que puede mezclarse, transformarse y personalizarse.

El cuerpo como arquitectura

Las siluetas ajustadas tienen un papel fundamental. Roseberry incorpora vestidos de punto stretch de líneas muy depuradas, próximos a la figura, inspirados en la precisión de los vestidos de noche de Geoffrey Beene.

También aparecen breastplates o placas escultóricas sobre el busto, procedentes de su colección de alta costura de julio. En esta ocasión, sin embargo, la espectacularidad se encuentra integrada dentro de prendas de prêt-à-porter.

Zoología surrealista

Los accesorios mantienen el espíritu juguetón de la maison. Los nuevos bolsos combinan formas clásicas —como el hobo y el clutch— con detalles inesperados, entre ellos una boca de latón convertida en asa.

La joyería desarrolla toda una ménagerie de animales totémicos: caballos, delfines, cerdos, perros, gatos y arañas están en pendientes, brazaletes y broches. Es una manera muy Schiaparelli de convertir el complemento en una pequeña obra de arte, tal como lo hizo Elsa Schiaparelli en su momento.

La Antibiblioteca de Valentino

Alessandro Michele hace algo diferente aquí: convierte el conocimiento, los libros y todo aquello que todavía no hemos leído en materia para imaginar la moda. La colección es una de sus propuestas más conceptuales y exuberantes para la maison.

Bajo el título Antibiblioteca, se hace de la idea del libro no leído —tomada del concepto asociado a Umberto Eco— en una metáfora de todas las posibilidades de vestir, imaginar y ser.

El desfile tuvo lugar en la monumental Bibliothèque Sainte-Geneviève, frente al Panteón.

Los invitados llevaron volúmenes —nuevos o usados— que depositaron a la entrada, convirtiendo el escenario en una reflexión sobre el conocimiento, la imaginación y todo aquello que todavía no conocemos.

El creativo plantea así una mujer que puede ser simultáneamente lectora, intelectual, party girl, romántica y provocadora.

El regreso del maximalismo es una declaración de intenciones en la que aparece con mucha fuerza el ADN de Alessandro Michele: mezcla, acumulación, contraste y exceso. Faldas ornamentadas con plumas y bordados hacen acto de presencia junto a prendas mucho más sencillas como chaquetas masculinas que se enfrentan a encajes, corsés y vestidos de noche.

La oda al maximalismo de Michele.

La oda al maximalismo de Michele. Reuters

Los lazos son uno de los grandes gestos visuales de la colección. Aparecen sobredimensionados, transformando la silueta, marcando la cintura o revelándose dramáticamente en la espalda de vestidos largos.

El cierre fue particularmente espectacular: un vestido con un enorme bow negro.

Lazos, lazos y más lazos. Y color sin miedo. Así es el Valentino de Michele.

Lazos, lazos y más lazos. Y color sin miedo. Así es el Valentino de Michele. Reuters

El encaje adquiere una sensualidad muy contemporánea —muchas veces, en forma de pantalón y prendas que juegan deliberadamente con el see-through—, combinado con bordes de plumas de avestruz, flores tridimensionales y transparencias.

A todo color

Michele evita la armonía convencional y apuesta por combinaciones casi provocadoras. ¡Un verdadero maestro de la paleta cromática! Lo demuestra combinando el amarillo ácido y el rosa empolvado; el verde bosque con el rosa ciclamen; el lila y el naranja; y, por supuesto, el rosa intenso junto al rojo.

El negro y otras apuestas más sobrias también tuvieron cabida.

La joyería, al centro

Para una mirada particularmente interesante desde este universo, se trata de una colección importantísima.

Michele utiliza collares barrocos de gran volumen, múltiples cadenas, grandes perlas y pendientes oversize, además de botones-joya que funcionan casi como pequeños broches sobre las prendas.

El maximalismo de Valentino contrasta con otro tipo de fuerza: la de una mujer que se mueve, se protege y, al mismo tiempo, reivindica su sensualidad. Es el territorio de Givenchy.

El movimiento de Givenchy

El desfile se construyó alrededor de una idea muy contemporánea: perpetual motion, el movimiento constante de la mujer moderna. Burton buscó un guardarropa que no fuera sólo bello, sino que transmitiera seguridad, fuerza y libertad.

Los trajes sastre fueron fundamentales. Burton trabajó chaquetas y pantalones con una precisión extraordinaria, pero evitando que la sastrería se sintiera rígida. La ropa sigue las curvas y realza la anatomía femenina.

Uno de los recursos más interesantes fue transformar el cuero biker en piezas inesperadas: chalecos, pantalones e incluso monos completos. Este lenguaje rebelde se convierte así en lujo sofisticado.

Protección y sensualidad

La colección juega continuamente con opuestos: prendas protectoras frente a vestidos delicados, sastrería masculina frente a siluetas sensuales, cuero frente a encajes.

Especialmente llamativos fueron las americanas cuyas mangas se cruzaban delante del cuerpo, creando una especie de abrazo arquitectónico alrededor de la mujer.

Los flecos aportaron una dimensión casi cinética. Algunos vestidos coloridos estaban completamente atravesados por ellos y por franjas que se desplazaban con la figura, haciendo que el vestido pareciera cambiar mientras la modelo caminaba.

Color y optimismo

Aunque Givenchy conserva su tradición de negro y sofisticación, Burton introduce una paleta mucho más luminosa. Aparecen amarillos intensos, colores vibrantes, metálicos y combinaciones cromáticas inesperadas.

Uno de los detalles poéticos de la colección fueron los bordados de narcisos, que aportaron una nota floral muy gráfica y alegre.

Deporte sofisticado

Los vestidos racer, el cuero, las siluetas inspiradas en el motociclismo y determinados elementos deportivos fueron reinterpretados mediante encaje, sastrería y acabados de lujo.

Burton está convirtiendo Givenchy en una casa donde la mujer no tiene que elegir entre armadura y sensualidad: puede llevar ambas simultáneamente.

Marant y su trío de poder

El punto de partida de Kim Bekker, la directora creativa, fue Los Ángeles de los años 60, específicamente las fotografías de mujeres realizadas por Sam Haskins, con su luz difusa, cuerpos libres y una sensualidad que no necesitaba ser explícita.

La colección consigue algo muy propio de Marant: hacer que lo bohemio, lo sexy y lo sofisticado parezcan espontáneos. La colección tiene una atmósfera cinematográfica: sol, piel, libertad y cierta languidez californiana.

Bekker buscó específicamente ese contraste entre fragilidad visual y fuerza femenina.

Entre ornamentación y minimalismo

Este es probablemente el concepto central de la colección. Una camiseta puede aparecer realizada en encaje; un short deportivo puede estar cubierto de lentejuelas; una blazer escultórica puede acompañar un traje de baño. La propia casa describe la colección como el encuentro entre 'the adorned' y 'the unadorned'.

El macramé adquiere una importancia extraordinaria: aparece en faldas tubulares, vestidos espalda descubierta y otras piezas, aportando textura artesanal y un aire setentero sin abandonar la sensualidad. Y en línea con esto, hay una fuerte presencia de transparencias y siluetas inspiradas en la lingerie de los años 30, en tonos rosados, verdes y coral. Todo es muy ligero y nada está excesivamente construido.

Uno de los grandes atractivos de la colección son los bordados de apariencia vintage, rhinestones, cuentas, lentejuelas y tejidos con una pátina envejecida, como si cada prenda hubiera tenido una historia previa.

Igualmente, hacen acto de presencia vestidos cortos y vaporosos con estampados florales y paisley dibujados a mano, deliberadamente sun-faded, recuperando incluso referencias de una colección de Isabel Marant de 2013.

Espíritu nómada

Los accesorios son particularmente importantes: botas de tejido tipo cesta, bolsos de hombro trenzados, bucket bags ornamentados, sandalias brillantes y joyería de aire viajero. Los collares y pendientes con conchas y cuentas semejantes a semillas refuerzan esa sensación de verano, viaje y libertad.

Kim Bekker imagina una mujer que parece haber llegado directamente de un verano californiano de los años 60: sensual, libre, ligeramente deshecha y, al mismo tiempo, extraordinariamente sofisticada.

Hermès y el aire

La colección, diseñada por Nadège Vanhée, parte de una idea aparentemente sencilla pero muy poderosa: el aire, un elemento que, una vez más, se mezcla con el lenguaje de la libertad.

La diseñadora quiso traducir en ropa aquello que es ligero, móvil, respirable y casi imperceptible. El resultado fue una de las propuestas más etéreas y sensuales de la maison en los últimos años.

Uno de los grandes protagonistas fueron los vestidos transparentes, tejidos abiertos y mallas, llevados sobre bandeaus y prendas interiores gráficas.

La piel aparece, pero de una manera extremadamente sofisticada y controlada.

El cuero se vuelve liviano

Este es quizá uno de los mayores logros técnicos de la colección.

El cuero, material fundamental de Hermès, pierde su habitual peso visual y se convierte en tiras finísimas, perforaciones y estructuras de rejilla, aplicadas incluso sobre la malla.

Además, Vanhée juega con cremalleras y sistemas de apertura que permiten modificar la silueta. Algunas prendas pueden pasar de una forma corta a una más larga; en los pantalones, las cremalleras laterales permiten abrirlos y ajustar el volumen.

La construcción se convierte así en parte del lenguaje sensual de la colección.

Redefiniendo el nuevo lujo

Si algo une a estas propuestas es la voluntad de volver a mirar los códigos históricos sin quedar atrapados en ellos.

En este contexto, el verdadero lujo reside, además de en lo obvio, en la posibilidad de vestir la historia de una maison y, al mismo tiempo, hacerla propia. De cara al director creativo, sin perder la esencia del atelier, pero también de cada mujer que confíe en ellos.