El elevado precio de la vivienda ha llevado a muchas personas a buscar oportunidades en el mercado de segunda mano. Comprar un piso para reformarlo y venderlo después, o convertirlo en la vivienda definitiva, parece una fórmula atractiva para ahorrar dinero o incluso obtener beneficios.
Sin embargo, el arquitecto y divulgador Edu Saz (@edusaz) lanza un aviso para quienes creen que este tipo de operaciones siempre salen rentables. A su juicio, afirmar que comprar un piso para reformar es la mejor inversión "es falso".
El experto explica que una vivienda aparentemente barata puede acabar convirtiéndose en un auténtico pozo sin fondo si no se analiza con detalle antes de firmar la compra.
Un sueño que puede terminar muy caro
Reformar una vivienda de segunda mano para adaptarla por completo es el objetivo de muchas familias. No obstante, Saz asegura que también ha visto numerosos casos en los que esa ilusión ha terminado agotando todos los ahorros de los propietarios.
Según explica, existen inmuebles que parecen una auténtica ganga. Encontrar una vivienda anunciada por 50.000 euros puede transmitir la sensación de estar ante una gran oportunidad.
El problema aparece cuando comienza la reforma. En algunos casos, el coste de las obras llega a duplicar o incluso triplicar el precio pagado por la vivienda, haciendo que la inversión final sea muy superior a la prevista.
A ello se suma otro error frecuente: comprar sin comprobar que el inmueble cumple toda la normativa urbanística.
Aunque pueda parecer extraño, el arquitecto recuerda que todavía hay personas que adquieren viviendas con irregularidades legales o construcciones fuera de ordenación sin conocer realmente su situación administrativa.
Estas circunstancias pueden impedir determinadas reformas, obligar a modificar el proyecto o generar problemas legales en el futuro.
La expresión que debe hacer saltar las alarmas
En uno de sus vídeos, Edu Saz señala una frase muy habitual en los anuncios inmobiliarios que merece especial atención: "para reformar".
El arquitecto aclara que esa expresión no siempre implica un problema grave. En ocasiones solo indica que la vivienda necesita una actualización estética.
Sin embargo, también puede esconder deficiencias estructurales, humedades, instalaciones obsoletas o patologías constructivas cuyo coste solo se descubre una vez iniciadas las obras.
Precisamente por eso recomienda inspeccionar el inmueble con detenimiento antes de tomar cualquier decisión.
Reformar una casa no es lo mismo que reformar un piso
Otro de los aspectos en los que más insiste el arquitecto es en diferenciar una vivienda unifamiliar de un piso.
En una casa hay que revisar elementos que normalmente no preocupan en un edificio de viviendas, como la cubierta, la fachada, la cimentación, la estructura o las redes exteriores de saneamiento y abastecimiento.
Todos estos trabajos pueden incrementar de forma considerable tanto la complejidad del proyecto como el presupuesto final.
Además, durante la obra pueden aparecer humedades ocultas, problemas estructurales, instalaciones antiguas o nuevas exigencias legales que obliguen a modificar el proyecto y disparen el coste inicialmente previsto.
De hecho, Saz asegura que no es raro comenzar una reforma presupuestada en unos 60.000 euros y terminar gastando más de 300.000.
La cuenta que muchos compradores no hacen
Para evitar este tipo de situaciones, el arquitecto recomienda calcular el coste completo del proyecto antes de comprar la vivienda.
Ese presupuesto debe incluir no solo el precio del inmueble, sino también la reforma, los honorarios técnicos, licencias, impuestos, tasas e imprevistos.
Solo así es posible saber si la operación sigue siendo rentable o si el supuesto chollo acaba costando mucho más de lo esperado.
Antes de firmar también aconseja comprobar que la vivienda es completamente legal y que las obras previstas podrán ejecutarse conforme a la normativa urbanística.
Comprar un piso para reformar puede seguir siendo una excelente inversión y la oportunidad de crear un hogar totalmente personalizado. Pero, según Edu Saz, únicamente cuando se conoce el estado real del inmueble, se calcula el presupuesto con rigor y se estudian todos los riesgos antes de dar el paso.
