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El caldo de verduras suele quedar en un segundo plano frente a los fondos de carne o pescado, conocidos por su sabor más intenso. A menudo se asocia con una elaboración ligera y poco sabrosa, aunque el resultado puede ser muy distinto si se emplea la técnica adecuada.

Así lo demuestra la chef catalana Ada Parellada, del restaurante barcelonés Semproniana, con una propuesta que apuesta por el equilibrio de los ingredientes y el cuidado de cada paso.

La clave está en respetar las proporciones y prestar atención al proceso. De esta forma, se consigue un caldo aromático, con un sabor profundo y lleno de matices, que puede disfrutarse solo o servir como base para enriquecer arroces, sopas y otras recetas.

La clave del caldo perfecto

Uno de los errores más habituales al preparar caldo de verduras es quedarse corto en ingredientes. Para conseguir profundidad de sabor, la cantidad importa, y mucho.

La receta de Jordi Cruz parte de una proporción clara: 1,5 kilos de verduras por 2,5 litros de agua. Esto permite extraer todo el potencial de los vegetales sin que el resultado quede aguado.

A esta base se suma la sal, calculada con precisión, lo equiparable a 10 gramos por cada litro de agua. Un detalle que marca la diferencia, ya que un caldo mal sazonado pierde gran parte de su atractivo.

Pero el toque más sorprendente llega al final. Una pequeña cantidad de salsa de soja blanca aporta ese punto umami que redondea el sabor sin alterar el color del caldo.

A diferencia de la soja tradicional, esta variedad es más suave, más clara y mucho más delicada. Su función no es dominar, sino potenciar el conjunto.

Cortar fino y cocer despacio

Más allá de los ingredientes, la técnica es fundamental. El primer paso clave es el corte de las verduras. No basta con trocearlas de cualquier manera.

Cuanto más finas sean, mayor será la superficie de contacto con el agua y más fácil resultará liberar aromas, minerales y vitaminas. Es un gesto sencillo, pero clave para el resultado final.

El siguiente punto crítico es la cocción. El caldo debe llevarse a ebullición, pero solo al principio. Una vez que empieza a hervir, el fuego debe bajarse inmediatamente.

La cocción lenta, durante aproximadamente una hora y quince minutos, permite extraer el sabor sin enturbiar el caldo. Si hierve con demasiada fuerza, el resultado pierde claridad y elegancia.

Este proceso pausado también ayuda a conservar mejor las propiedades nutricionales de las verduras, convirtiendo el caldo en una opción saludable y fácil de digerir.

Un básico que sirve para todo

El caldo de verduras no es solo una receta, es una herramienta en la cocina. Puede tomarse solo, como plato reconfortante, o utilizarse como base para arroces, sopas o guisos.

Además, tiene otra gran ventaja que es que se conserva muy bien. En la nevera aguanta varios días, y también se puede congelar sin perder calidad.

Ingredientes

El caldo más rico

  • 1,5 kg de verduras variadas (zanahoria, puerro, apio, nabo, chirivía, col…)
  • 2,5 litros de agua
  • 25 g de sal (10 g por litro)
  • 1 cucharadita de salsa de soja blanca (shiro shoyu)

Paso 1

Lava y pela todas las verduras.

Paso 2

Corta las verduras en trozos muy pequeños, lo más finos posible. Este paso facilita la extracción de nutrientes y sabor.

Paso 3

Coloca todas las verduras en una olla grande.

Paso 4

Añade los 2,5 litros de agua y la sal, calculando 10 g por cada litro. Lleva la mezcla a ebullición suave.

Paso 5

Cuando empiece a hervir, baja el fuego y mantén una cocción lenta durante 1 hora y 15 minutos. Evita que hierva fuerte para no enturbiar el caldo.

Paso 6

Retira del fuego y cuela el caldo, presionando bien las verduras para extraer todo el líquido.

Paso 7

Añade la cucharadita de salsa de soja blanca y remueve.

Paso 8

Prueba y echa sal a tu gusto.

Paso 9

Sirve caliente o deja enfriar para usar como base en otras recetas.

Esta receta es una opción práctica para quienes buscan cocinar con antelación y tener siempre a mano un fondo casero, mucho más saludable que las alternativas industriales.