Pueden aparecer postres más sofisticados, de autor, con premios, con sabores extravagantes... pero el bizcocho de yogur es una de esas recetas que siempre van a tener un lugar fijo en las casas.
Sencillo, económico y preparado durante generaciones con el mismo método, el famoso vasito de yogur como medida, el resultado es tan delicioso como familiar.
Pero que sea fácil no significa que siempre salga igual. La diferencia entre un bizcocho seco y otro ligero, jugoso y esponjoso está muchas veces en pequeños detalles: el orden de los ingredientes, la temperatura de los alimentos o la forma de incorporar el aire a la masa.
La pastelera Betina Montagne ha explicado uno de esos trucos que pueden cambiar el resultado. Su recomendación pasa por batir bien los huevos con el azúcar hasta conseguir una mezcla espumosa y dejar la ralladura de limón o la vainilla para el final.
No es necesario complicarse con una receta tradicional para tener un buen resultado. De hecho, buena parte de su encanto está precisamente en mantener una elaboración sencilla y respetar los tiempos de cada paso.
El truco está en los huevos
Uno de los errores más habituales al preparar un bizcocho es mezclar todos los ingredientes prácticamente a la vez.
Para conseguir una miga más ligera, conviene empezar por los huevos y el azúcar y batirlos hasta que la mezcla aumente de volumen y tenga un aspecto más pálido y espumoso.
Ese batido permite incorporar aire, algo importante para conseguir una textura más ligera durante el horneado. Después se pueden añadir el resto de ingredientes de forma progresiva, sin trabajar la masa en exceso.
Otro clásico de esta receta es utilizar el propio vasito del yogur para medir. La proporción tradicional emplea tres medidas de harina, dos de azúcar y una de aceite, de ahí que muchas familias hayan aprendido a preparar este dulce sin necesidad de utilizar una báscula.
También es importante que los ingredientes no estén recién sacados del frigorífico. Trabajar con ellos a temperatura ambiente facilita que la mezcla quede más homogénea y ayuda a conseguir una masa bien integrada.
Limón o vainilla
El yogur aporta humedad y una textura característica, pero el aroma es otro de los puntos que pueden transformar el resultado. La ralladura de limón es una de las opciones más tradicionales y aporta un toque fresco sin necesidad de añadir demasiado azúcar.
La vainilla es otra alternativa. Puede utilizarse en lugar del limón si se busca un sabor más cálido y dulce. En ambos casos, conviene incorporarla al final de la mezcla, cuando el resto de ingredientes ya está integrado.
La harina debe incorporarse tamizada junto con la levadura y poco a poco. Este paso ayuda a evitar grumos y permite trabajar la masa con suavidad.
El aceite de oliva suave completa la mezcla. Su sabor no debería resultar demasiado intenso para que el aroma del limón o la vainilla y el propio yogur sigan siendo protagonistas.
Horneado sin prisas
El horno debe estar previamente caliente. Una temperatura de alrededor de 180 grados es habitual para este tipo de elaboración, aunque cada horno puede comportarse de manera diferente.
El molde debe estar engrasado antes de añadir la masa. Una vez dentro del horno, es importante evitar abrir la puerta durante los primeros minutos, ya que un cambio brusco de temperatura puede afectar al crecimiento del bizcocho.
Ingredientes
- 1 yogur natural
- 3 medidas de yogur de harina
- 2 medidas de yogur de azúcar
- 1 medida de yogur de aceite de oliva suave
- 3 huevos
- 1 sobre de levadura química
- Ralladura de 1 limón o vainilla
Paso 1
Precalienta el horno a 180 ºC y engrasa el molde.
Paso 2
Bate los huevos con el azúcar hasta obtener una mezcla clara, aireada y espumosa.
Paso 3
Añade el yogur y mezcla hasta integrarlo.
Paso 4
Incorpora poco a poco la harina tamizada junto con la levadura.
Paso 5
Agrega el aceite y mezcla suavemente hasta conseguir una masa homogénea.
Paso 6
Añade al final la ralladura de limón o la vainilla.
Paso 7
Vierte la masa en el molde y hornea durante unos 35 minutos, vigilando la cocción según el horno.
El tiempo de cocción dependerá del tamaño y del tipo de molde. Como referencia, unos 35 minutos pueden ser suficientes, pero lo más importante es comprobar el punto al final de la cocción.
Para saber si está listo, se puede introducir un palillo en la parte central. Si sale limpio o con unas pocas migas adheridas, el bizcocho estará preparado.
Una vez fuera del horno, hay que dejarlo reposar antes de desmoldarlo. El resultado debe ser una miga tierna y aromática, con ese sabor de siempre que convierte al bizcocho de yogur en uno de los dulces caseros más reconocibles.
