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De toda la vida, cuando pensamos en un sándwich, pensamos en uno de jamón york y queso. El clásico mixto —o bikini, como se conoce en Cataluña—, que tantas veces nos ha salvado una cena rápida y que tantas otras hemos disfrutado sin necesidad de complicarnos demasiado.

Son combinaciones que funcionan precisamente por su sencillez: dos rebanadas de pan, un relleno fácil de encontrar y una plancha o sandwichera para conseguir ese exterior dorado y crujiente. Pero el mundo del sándwich es mucho más amplio de lo que parece y cada vez son más las cocineras que experimentan con ingredientes menos habituales.

Una de ellas es Sofía, quien ha apostado por una combinación de jamón serrano, crema de trufa, piparras y cebolla caramelizada. El resultado juega con sabores salados, ácidos, dulces y aromáticos que mejoran considerablemente la experiencia que todos conocemos.

El secreto está en combinar sabores que se compensan

La elección del jamón serrano cambia por completo el perfil del sándwich. Frente al jamón cocido, de sabor más suave y delicado, el jamón aporta una presencia mucho mayor gracias a su punto de sal y a sus notas curadas.

No necesita grandes cantidades para hacerse notar y funciona especialmente bien cuando se acompaña de ingredientes capaces de equilibrar su intensidad.

Aquí entra la crema de trufa, que aporta uno de los aromas más característicos de esta combinación. La trufa tiene un sabor profundo, terroso y muy persistente, por lo que basta una pequeña cantidad para que se perciba.

En una preparación como esta, su función no es convertir el sándwich en algo excesivamente sofisticado, sino añadir una capa aromática que contraste con el carácter salado del jamón.

La grasa también juega un papel importante. Tanto el queso, si se incorpora a la preparación, como la propia crema ayudan a redondear los sabores y a que el conjunto resulte más untuoso.

Es una de las razones por las que los ingredientes con aromas intensos suelen funcionar mejor acompañados de elementos grasos: la grasa ayuda a transportar y prolongar determinadas moléculas aromáticas en la boca.

Pero la combinación necesita algo más para no resultar pesada. Y ahí aparecen las piparras, uno de los ingredientes que más personalidad aportan al conjunto.

Su acidez introduce un contraste inmediato con el jamón y la trufa, mientras que su ligero picor añade una sensación diferente a cada bocado. Eso solo si eres fan de ese efecto.

Las piparras tienen, además, una textura que rompe con la suavidad del resto de ingredientes. Mientras la crema de trufa y la cebolla caramelizada aportan una sensación más melosa, la piparra introduce un punto firme y crujiente, especialmente cuando se añade entera o cortada en trozos grandes.

La cebolla caramelizada, en cambio, cumple una función distinta. Su sabor dulce ayuda a compensar la salinidad del jamón y la intensidad aromática de la trufa.

Al cocinarse lentamente, la cebolla pierde parte de su pungencia y desarrolla sabores más dulces y profundos gracias a la caramelización y a la concentración de sus propios azúcares.

El resultado es una combinación en la que ningún ingrediente tiene exactamente el mismo papel y para probarlo, únicamente necesitamos cinco minutos de nuestro tiempo.

Ingredientes

2 rebanadas de pan de sándwich

Pasta de trufa

Queso, preferiblemente de Arzúa Ulloa

Jamón serrano

Piparras

1 cebolla

Mantequilla

Queso parmesano

Paso 1

Corta varias rodajas de queso Arzúa Ulloa (o el elegido)

Paso 2

En las rebanadas de pan, unta un poco de crema de trufa.

Paso 3

Corta las piparras.

Paso 4

En la rebanada de pan untada, coloca el queso, las piparras, el jamón serrano y un poco de cebolla caramelizada. Puedes hacerla tú o añadir de bote.

Paso 5

En una sartén, añade un poco de mantequilla y tuesta los sándwiches.

Paso 6

Colócalos en una fuente y ralla un poco de queso parmesano por encima.