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Hay platos que forman parte de la cocina de cualquier familia y que, precisamente por su sencillez, parecen no tener ningún secreto. Los macarrones con tomate son uno de ellos, una receta habitual en muchas casas españolas que admite todo tipo de versiones y que sigue siendo un clásico para pequeños y mayores.

Sin embargo, conseguir que unos macarrones pasen de ser un plato más a convertirse en esa receta que todos esperan repetir puede depender de un solo detalle. No hace falta recurrir a ingredientes sofisticados ni complicar la elaboración: a veces, la diferencia está en añadir algo que aparentemente nada tiene que ver con la pasta.

Eso es precisamente lo que ha hecho durante décadas Pepita López, una cocinera de 81 años, cuyos macarrones tienen un ingrediente poco habitual que aporta más sabor y una textura especialmente cremosa: el foie gras. Un truco que aprendió en casa y que, con el paso de los años, ha terminado convirtiéndose en una de esas recetas familiares que pasan de una generación a otra.

Foie gras y mantequilla para unos macarrones deliciosos

Más allá de la receta en sí, la historia que comparte Pepita con el medio citado refleja una forma de entender la cocina que hoy resulta cada vez menos habitual. Ella misma explica que nunca ha asistido a clases de cocina y que tampoco utiliza teléfono móvil.

Todo lo que sabe lo aprendió observando a su madre y esta, a su vez, había heredado los mismos conocimientos de la generación anterior. Esa transmisión oral ha permitido que una receta aparentemente sencilla continúe prácticamente intacta después de alrededor de cien años.

Uno de los aspectos más llamativos de su forma de cocinar es que demuestra cómo un ingrediente inesperado puede modificar completamente el resultado y, en su caso, es el paté de hígado de pato.

En realidad, el efecto tiene una explicación culinaria muy clara. El paté contiene grasa, proteínas y un intenso sabor procedente del hígado, ingredientes que, al mezclarse con el tomate caliente, se integran por completo en la salsa.

En lugar de quedar como un añadido independiente, se funde con ella y aporta una mayor profundidad de sabor, además de suavizar la acidez natural del tomate.

La mantequilla desempeña un papel parecido. Los cocineros profesionales utilizan con frecuencia pequeñas cantidades de mantequilla al finalizar algunas salsas porque ayuda a emulsionarlas, aporta brillo y consigue una sensación más cremosa en boca.

Aunque la cantidad sea mínima, modifica la textura y hace que la salsa envuelva mejor la pasta, ofreciendo una sensación mucho más agradable al comer.

Otro detalle interesante de la entrevista es la explicación sobre el uso del término "foie gras". Muchas personas piensan inmediatamente en un producto gourmet de elevado precio, aunque ella se refiere realmente al clásico paté en lata que puede encontrarse fácilmente en cualquier supermercado.

Imagen de unos macarrones. iStock

Esa denominación se popularizó hace décadas porque numerosas marcas comercializaron estos patés utilizando el nombre francés, hasta el punto de que acabó formando parte del lenguaje cotidiano de muchas familias españolas.

Ese pequeño matiz también ayuda a entender el origen de la receta. Durante buena parte del siglo XX la carne picada no era un ingrediente habitual en muchos hogares debido a su precio, mientras que el paté resultaba económico, se conservaba durante mucho tiempo y permitía enriquecer platos sencillos con muy poca cantidad.

Gracias a ello, muchas familias conseguían elaborar una comida más completa y con mayor intensidad de sabor sin incrementar demasiado el gasto.

Con el paso de los años, aquella solución nacida de la necesidad terminó convirtiéndose en una tradición familiar. Lo que comenzó como una forma inteligente de aprovechar ingredientes accesibles acabó siendo una receta que los más pequeños esperaban cada vez que acudían a casa de sus abuelos.

En el caso de Pepita, asegura a La Vanguardia que sus nietos siguen pidiéndole estos macarrones cada vez que van a comer y que ahora son sus propios hijos quienes continúan preparándolos en sus hogares, manteniendo vivo un legado culinario que ha pasado de generación en generación.

Lo mejor de todo esto es que prepararlos es muy sencillo, tanto, como seguir su receta.

La receta de Pepita

200 g de macarrones

1 cucharada de sal

2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

1 cucharadita de mantequilla (unos 8-10 g)

½ cebolla mediana, picada finamente

1 bote de paté de hígado de pato (foie gras) de 110-125 g

250-300 g de tomate frito (aproximadamente un vaso o un bote pequeño)

50 g de queso rallado (opcional, para servir)

Paso 1

En una olla con agua hirviendo, añade los macarrones y cuécelos durante 10 minutos. Escúrrelos y resérvalos.

Paso 2

En una cazuela, añade un chorrito de aceite y una cucharadita de mantequilla. Incorpora media cebolla cortada en trocitos y sofríela hasta que esté tierna y ligeramente dorada.

Paso 3

Cuando la cebolla esté a medio sofreír, añade un botecito de foie gras (Pepita usa la marca Mina, pero se puede utilizar cualquiera) y remueve para que se integre.

Paso 4

Agrega el tomate frito y vuelve a remover.

Paso 5

Incorpora los macarrones y mezcla bien.

Paso 6

Sirve el plato caliente y añade queso rallado si lo deseas.