Trabajar en una pescadería implica madrugar, conocer bien el producto y afrontar un empleo físico que no siempre resulta atractivo para los más jóvenes.
En España hay cerca de 10.000 pescaderías activas, en las que trabajan unas 20.000 personas, según FEDEPESCA.
Aunque la pesca en el mar sigue siendo un ámbito mayoritariamente masculino, la presencia de mujeres aumenta de forma notable cuando la actividad se desarrolla en tierra.
En las pescaderías, de hecho, ellas representan cerca del 50% de la plantilla, lo que convierte a este ámbito en uno de los espacios del sector pesquero con mayor presencia femenina.
Una de esas profesionales es Virginia, una joven de 28 años que no llegó al oficio por vocación ni por tradición familiar.
La pescadera ha contado su experiencia en una entrevista concedida a Infobae España, donde explica que antes se había especializado en otro ámbito, pero la falta de oportunidades laborales terminó llevándola a trabajar en una pescadería.
Su trabajo diario
La jornada empieza muy temprano. Antes de abrir al público hay que montar el mostrador, recibir el género y colocarlo correctamente en las cámaras.
Después llega la atención al cliente, precisamente una de las partes del trabajo que más disfruta Virginia.
La joven asegura que el oficio no le resulta especialmente complicado, aunque reconoce que en algunos momentos requiere bastante esfuerzo físico.
Mover mercancía, manipular cajas pesadas o trabajar con bloques de hielo son algunas de las tareas que exigen mayor resistencia.
Sin embargo, sus primeros meses en el sector también le permitieron conocer una realidad mucho menos amable.
"Vino mi jefe de zona y entre risas le dijo a un compañero que yo no me preocupara, que tenía el puesto asegurado porque le gustaba tener a una mujer en cada tienda para que limpiase", explica.
Virginia asegura que tanto en el sector como dentro de su propia empresa todavía pueden encontrarse actitudes machistas.
Pese a ello, mira al futuro con optimismo y confía en que siga reduciéndose la brecha entre hombres y mujeres dentro de la profesión.
También cree que la tecnología y la inteligencia artificial acabarán modificando algunas de las tareas que hoy realizan estos profesionales.
Virginia imagina, por ejemplo, que en el futuro algunas máquinas podrían encargarse de determinados cortes de pescado, aunque por ahora no ha percibido grandes cambios en ese sentido.
Sí aprecia otra transformación: la desaparición progresiva de los mostradores tradicionales en algunos supermercados y centros comerciales.
Cada vez más establecimientos optan por sustituir la pescadería atendida por bandejas de pescado en autoservicio.
Aun así, Virginia considera que seguirá siendo necesario contar con profesionales que trabajen en el almacén para cortar, preparar y envasar el producto.
Por eso, está convencida de que el oficio seguirá existiendo, aunque cambie la forma en la que el pescado llega al consumidor.
Problemas de conciliación
Otro de los principales problemas del sector es, según Virginia, la dificultad para conciliar la vida laboral y personal.
En su caso, trabaja de lunes a domingo con turnos rotativos y asegura que solo dispone de cuatro fines de semana libres al año.
Virginia no es madre, pero conoce de cerca las dificultades a las que se enfrentan algunas de sus compañeras que sí tienen hijos.
Según explica, compatibilizar los horarios de la pescadería con la vida familiar resulta muy complicado y cree que es uno de los grandes asuntos pendientes del oficio.
A esta situación se suma el salario. La joven considera que los sueldos deberían reflejar mejor tanto la especialización como las condiciones en las que trabajan.
A su juicio, cobran poco para el trabajo que realizan y para el nivel de conocimiento que exige manipular y preparar correctamente el pescado.
Los salarios de pescaderos y pescaderas se sitúan alrededor de los 1.300 euros mensuales, una cantidad similar a la de otros empleos del comercio minorista.
Sin embargo, quienes trabajan en una pescadería desarrollan su jornada entre hielo, cuchillos, bajas temperaturas y kilos de pescado fresco.
Por ello, Virginia reclama una mejora de las condiciones laborales, tanto a través de salarios más altos como de horarios que faciliten el descanso.
Entre sus principales peticiones está poder disfrutar de más fines de semana libres y lograr una mejor conciliación.
Falta de relevo generacional
A las condiciones laborales se suma otro problema que amenaza al sector: la falta de relevo generacional.
España es uno de los países de la Unión Europea con mayor consumo de pescado, solo por detrás de Portugal, pero cada vez resulta más difícil encontrar jóvenes dispuestos a dedicarse al oficio.
Una muestra de esta situación es el cierre de más de 5.000 pescaderías en la última década.
La transformación también se aprecia en los supermercados, donde el pescado envasado y las bandejas de autoservicio han ido ganando terreno frente al mostrador tradicional.
La falta de tiempo para cocinar y el auge de los productos preparados también han influido en este cambio de hábitos.
A ello se suma el menor conocimiento entre las nuevas generaciones sobre cómo elegir, limpiar o preparar distintas especies de pescado fresco.
Desde FEDEPESCA apuntan precisamente a la falta de relevo generacional como uno de los principales problemas del sector.
Los cambios sociales han provocado que, en muchos casos, ni los hijos de los propietarios ni los propios empleados quieran hacerse cargo de estos negocios cuando sus responsables llegan a la jubilación.
