Publicada

Las albóndigas son uno de esos platos que forman parte de la cocina de muchos países. Aunque cada lugar tiene su propia manera de prepararlas, la idea es prácticamente siempre la misma: carne picada, algunos ingredientes para darle sabor y una buena salsa para acompañarlas.

En España, además, son uno de esos platos que inevitablemente recuerdan a la cocina de casa. Las hemos comido de pequeños, en guisos familiares y con recetas que han pasado de una generación a otra. Y es precisamente ahí donde está parte de su encanto.

Porque hacer unas buenas albóndigas no tiene demasiado misterio, pero sí requiere cuidar algunos detalles. La carne debe quedar jugosa, la mezcla tiene que estar bien condimentada y la salsa necesita tiempo para concentrar todo el sabor.

A partir de una receta tan tradicional, cada cocinero tiene sus propios trucos. Hay quien añade leche o pan para conseguir una masa más tierna, quien apuesta por diferentes especias y quien tiene un ingrediente concreto que marca la diferencia.

Es el caso de Samantha Vallejo-Nágera, cocinera y exjurado de MasterChef, que ha compartido en sus redes sociales, en colaboración con El Pozo, su particular manera de preparar este clásico.

El ingrediente que incorpora a su receta de albóndigas es el jamón curado, que utiliza para potenciar el sabor del sofrito.

En concreto, la cocinera añade unos 250 gramos y completa después la elaboración con unos 200 mililitros de caldo de carne. El resultado es una salsa más intensa y sabrosa, sin complicar demasiado una receta que sigue siendo muy sencilla de preparar.

Ingredientes

Ingredientes para las albóndigas de Samantha

  • 250 h de carne picada de cerdo
  • 25 g de jamón curado en tacos
  • 1 diente de ajo picado
  • 3 cucharadas de leche
  • Sal al gusto
  • Harina de trigo para rebozar y freíd
  • 0.5 Cebolla picada muy fina
  • 1 cucharada pequeña de pimentón dulce
  • Azafrán
  • 50 ml de vino blanco
  • 150 ml de tomate rallado natural
  • 200 ml de caldo de carne o verduras

Paso 1

En una cazuela amplia, añade un chorrito de aceite de oliva y sofríe el ajo picado. En cuanto coja un poco de color, incorpora la cebolla muy picada.

Paso 2

Cocina a fuego medio, removiendo, hasta que quede pochada y empiece a dorarse.

Paso 3

Cuando la cebolla esté en su punto, incorpora los taquitos de jamón. Remueve para que se 2 integren con el sofrito y suelten su sabor.

Paso 4

Luego añade una cucharadita de pimentón y unas hebras de azafrán. Mézclalo todo bien para que las especias se activen con el calor, pero sin que se quemen.

Paso 5

Desglasa el sofrito con un chorro de vino blanco. Deja que evapore el alcohol durante unos minutos.

Paso 6

Incorpora el tomate rallado natural. Cocina a fuego lento hasta que la salsa espese ligeramente y los sabores se concentren.

Paso 7

Mientras el sofrito se cocina, mezcla en un bol la carne picada con sal, ajo picado y los taquitos de jamón (si has reservado parte para esto).

Paso 8

Amasa bien. Después, añade pan remojado en leche y mezcla hasta conseguir una masa jugosa y compacta.

Paso 9

Con las manos ligeramente humedecidas, forma bolitas del tamaño de una nuez. Enharínalas ligeramente para que mantengan su forma al freírlas.

Paso 10

Calienta aceite en una sartén profunda hasta que humee ligeramente. Fríe las albóndigas hasta que estén doradas por fuera.

Paso 11

Cuando el sofrito esté bien cocinado, añade el caldo (de carne o verduras) y deja que rompa a hervir. Esta será la base de cocción de las albóndigas. Remueve y ajusta de sal si hace falta.

Paso 12

Una vez fritas, escurre las albóndigas y agrégalas directamente a la cazuela con la salsa.

Paso 13

Cocina a fuego medio-bajo durante 20 minutos, removiendo de vez en cuando con suavidad para que no se rompan.

Paso 14

Emplata y acompaña con patatas fritas o arroz.

Más allá de su sabor, esta receta tiene algo que la hace especialmente apreciada: su sencillez. No es un plato complicado ni requiere técnicas sofisticadas, pero sí paciencia y cuidado en cada paso.

Esa es precisamente una de las claves de la cocina tradicional española, donde los guisos se construyen lentamente y los sabores se desarrollan con el tiempo.

Es un plato que gana con el reposo. Como ocurre con muchos guisos tradicionales, las albóndigas están incluso más sabrosas al día siguiente, cuando la salsa ha tenido tiempo de asentarse y los ingredientes han terminado de integrarse.

Además, se trata de un plato muy versátil y completo desde el punto de vista nutricional. La carne aporta proteínas de calidad, mientras que el sofrito incorpora verduras y especias que enriquecen el perfil del plato.

El jamón curado intensifica el sabor sin necesidad de añadir demasiada sal, y el caldo ayuda a crear una salsa rica que invita inevitablemente a mojar pan. Por eso suelen servirse acompañadas de patatas fritas, arroz blanco o incluso simplemente con una buena barra de pan para disfrutar hasta la última cucharada.