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Las conservas forman parte desde hace décadas de la despensa española y se han convertido en uno de esos recursos que permiten comer bien incluso cuando el tiempo escasea. Entre latas, tarros de cristal y otros formatos listos para consumir, alimentos que tradicionalmente exigían largas horas de cocina han encontrado una nueva forma de entrar en los hogares.

Y pocas conservas representan mejor esa transformación que las legumbres. Los garbanzos, en particular, siguen ocupando un lugar destacado en la cesta de la compra: según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, correspondientes a 2024, representan el 43,1% del volumen total de legumbres consumidas en los hogares españoles.

Su éxito no se explica únicamente por el precio o por la comodidad de tenerlos ya cocidos, sino que los garbanzos son una fuente de proteínas vegetales, fibra, minerales y vitaminas del grupo B y, además, admiten prácticamente cualquier preparación, desde un sencillo plato de cuchara hasta recetas más elaboradas.

Hay propuestas que apenas requieren unos minutos y otras, como la que propone la chef Samantha Vallejo-Nágera, que con ingredientes cotidianos consiguen convertir esta legumbre de despensa en un plato de restaurante.

El truco de Samantha Vallejo-Nágera

Abrir un bote de garbanzos puede solucionar una comida en cuestión de minutos, pero también existe una diferencia importante entre limitarse a calentarlos y utilizarlos como punto de partida para una receta mucho más elaborada.

La que fue jurado de MasterChef propone, precisamente, pertenecer a este segundo grupo. Y para serlo, solo tenemos que saltearlos en una sartén junto con calabacín y cebolla, incorporando tomate y curry para conseguir una base especiada y aromática.

No se trata de disfrazar el sabor de la legumbre, sino de aprovechar su capacidad para absorber los sabores que la acompañan.

El calabacín desempeña un papel importante porque aporta humedad y una textura suave sin hacer que el plato resulte excesivamente pesado mientras que la cebolla ayuda a construir una base más sabrosa y el tomate aporta acidez y profundidad.

El curry, por su parte, introduce el elemento diferencial. Esta mezcla de especias aporta un gran perfil antiinflamatorio y antioxidante gracias a la combinación de especias como la cúrcuma y el jengibre. Además, es el responsable de buena parte del aroma de la receta.

Sin embargo, la verdadera gracia de la propuesta está en el contraste. Y es que, frente al calor y las especias de los garbanzos aparece una salsa fría elaborada con yogur, ajo y lima.

No podemos hablar de ellos sin haberlos probado antes, por eso, esta es la receta de Samantha Vallejo-Nágera para disfrutar de unos garbanzos de bote como nunca habías hecho.

Ingredientes

400 g de garbanzos de bote cocidos y escurridos

1 calabacín

1 cebolla

400 g de tomate frito

Curry en polvo, al gusto

1 lima

Sal y pimienta negra al gusto

Aceite de oliva virgen, al gusto

2 dientes de ajo

Una pizca de perejil fresco o cilantro

2 pan de pita

Mantequilla derretida

Paso 1

En una sartén con aceite a fuego medio, agrega el calabacín cortado en daditos, la cebolla picada, los garbanzos, sal, curry y tomate frito. Echa un chorrito de agua y deja guisar durante unos 30 minutos.

Paso 2

Mientras, prepara la salsa. En un bol añade el yogur, la corteza rallada de la lima, el zumo de la lima, pimienta negra, sal, un poquito de aceite y el ajo muy picado.

Paso 3

Cuando estén listos los garbanzos, ponlos en un plato encima de la salsa y acaba con un chorrito de aceite y un pellizco de perejil o cilantro para decorar y dar más sabor y aroma.

Paso 4

Y, por último, para el pan de pita simplemente divídelo en trocitos, pincélalos con mantequilla derretida y mételos al horno hasta que estén tostados. Y listos para untar el curry en ellos.

Los garbanzos, una legumbre con mucho más que ofrecer

Más allá de la comodidad del formato, los garbanzos tienen unas características nutricionales que explican por qué las legumbres ocupan un lugar importante dentro de una alimentación equilibrada.

Son una fuente de proteínas vegetales y aportan hidratos de carbono complejos y fibra, además de minerales como hierro, zinc, calcio y magnesio y vitaminas del grupo B. AESAN señala también su aportación de ácido fólico, un nutriente especialmente presente en las legumbres.

La fibra es uno de sus puntos fuertes. Este componente contribuye a aumentar la sensación de saciedad y forma parte de los nutrientes que ayudan al funcionamiento normal del aparato digestivo.

Precisamente por eso, incorporar garbanzos a las comidas puede ser una manera sencilla de conseguir platos más completos y saciantes, especialmente cuando se combinan con verduras como el calabacín y la cebolla.

También resulta interesante su contenido proteico. Aunque las proteínas de origen vegetal no tienen exactamente el mismo perfil de aminoácidos que las proteínas animales, las legumbres constituyen una fuente importante de proteína dentro de una alimentación variada.

Combinadas con cereales, frutos secos o semillas a lo largo de la dieta, permiten construir numerosas comidas basadas en alimentos vegetales.