Las bajas laborales siguen batiendo récords en España. Solo en 2025 se registraron cerca de 9,76 millones de procesos de incapacidad temporal, un volumen que ha situado el absentismo entre las principales preocupaciones de empresas, economistas y administraciones públicas.
Lo que más llama la atención a los expertos no son solo las cifras, sino el cambio de perfil. Lejos de concentrarse en los trabajadores de mayor edad, los economistas aseguran que los jóvenes de entre 16 y 34 años acumulan más bajas laborales que quienes tienen entre 55 y 64, una diferencia que atribuyen al aumento de los problemas de salud mental.
No es el único dato que rompe con las ideas preconcebidas. Informes de la AIReF apuntan a que el perfil que más solicita una incapacidad temporal es el de un trabajador con contrato indefinido, salario medio y antecedentes de haber estado de baja el año anterior, un fenómeno que refleja cómo han cambiado tanto el mercado laboral como la forma de entender la salud en el trabajo.
La salud mental cambia el perfil de las bajas laborales
El fuerte incremento del absentismo laboral se ha convertido en uno de los grandes debates económicos en España. Desde 2013, el número de bajas médicas no ha dejado de crecer hasta alcanzar cifras nunca vistas y, junto a ese aumento, también ha cambiado el perfil de quienes más recurren a ellas.
Una de las voces que ha analizado esta evolución ha sido el economista y profesor de la Universidad de Barcelona Gonzalo Bernardos. Durante una intervención en el programa Más Vale Tarde, el experto llamó la atención sobre un dato que rompe con muchas de las ideas preconcebidas sobre las bajas laborales.
"Los jóvenes entre 16 y 24 años y entre 25 y 34 tienen más bajas que los que tienen entre 55 y 64 gracias a los problemas de salud mental", afirmó Bernardos, poniendo el foco en un fenómeno que, según explica, refleja un cambio profundo tanto en la sociedad como en el mundo del trabajo.
Durante décadas se asociaba la incapacidad temporal principalmente a enfermedades físicas o lesiones derivadas del desgaste laboral y, por ello, lo habitual era pensar que los trabajadores de mayor edad serían quienes más necesitarían interrumpir su actividad profesional por motivos de salud.
Sin embargo, la realidad actual dibuja un escenario diferente, donde los problemas psicológicos han ganado un peso creciente.
El economista considera que buena parte de esta evolución responde a una mayor concienciación sobre la salud mental. Situaciones como la ansiedad, la depresión, el estrés prolongado o el agotamiento emocional, que durante años permanecieron invisibles o incluso estigmatizadas, hoy son reconocidas como problemas de salud que requieren atención médica y, en muchos casos, una incapacidad temporal para favorecer la recuperación.
El economista Gonzalo Bernardos.
A ello se suma un entorno laboral que también ha cambiado. La incertidumbre, la presión por alcanzar objetivos, la hiperconectividad o la dificultad para desconectar del trabajo forman parte del día a día de muchos empleados jóvenes, especialmente en sectores con elevada exigencia psicológica.
Aunque Bernardos reconoce que existen casos de fraude, considera que reducir el debate únicamente a quienes utilizan indebidamente las bajas supone ignorar una realidad mucho más compleja.
"Ojo, sí que hay trabajadores que son realmente una lacra para la empresa, pero también muchísimos jefes inaguantables y a los trabajadores no les queda más remedio que pedir la baja", aseguró durante su intervención televisiva.
En su opinión, mejorar la situación pasa por reforzar los recursos sanitarios, aumentar el número de profesionales médicos y agilizar la atención para quienes realmente necesitan tratamiento.
De ese modo, sostiene, podrían reducirse tanto las bajas excesivamente prolongadas como el impacto económico que generan.
El profesor también considera que el cambio generacional ha influido de forma decisiva. Hace varias décadas, muchas personas continuaban trabajando pese a sufrir un importante deterioro psicológico por miedo a perder el empleo o por el estigma social que existía alrededor de los problemas de salud mental.
Hoy esa percepción ha cambiado y las nuevas generaciones recurren con mayor frecuencia a la incapacidad temporal cuando consideran que su situación psicológica les impide desarrollar su actividad laboral con normalidad.
Otros perfiles con mayor probabilidad de pedir una baja
La percepción de Gonzalo Bernardos coincide con algunas de las conclusiones recogidas por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), organismo que ha analizado en profundidad cómo influyen las características laborales de cada trabajador en las incapacidades temporales.
Estos datos fueron explicados recientemente por la periodista económica Pilar García de la Granja en el programa Herrera en COPE, donde destacó que el perfil de quienes más solicitan una baja responde a varios factores que van mucho más allá de la edad.
Uno de los aspectos más llamativos es el efecto del tipo de contrato. Según el informe de la AIReF, el paso de un contrato temporal a uno indefinido incrementa un 62% los días de baja por incapacidad temporal.
Además, tras la reforma laboral, la probabilidad de iniciar una baja durante el mes siguiente al cambio contractual aumenta alrededor de un 30%.
Los economistas interpretan que la mayor estabilidad laboral reduce el miedo a perder el empleo y facilita que los trabajadores soliciten una incapacidad temporal cuando realmente la necesitan.
No significa necesariamente que enfermen más, sino que cuentan con una mayor protección para poder recuperarse sin el temor inmediato de quedarse sin trabajo.
La AIReF también identifica otros rasgos que aparecen de forma repetida. El perfil más habitual corresponde a trabajadores con contrato indefinido, salario medio y antecedentes de haber estado de baja el año anterior.
Haber pasado previamente por una incapacidad temporal aumenta significativamente la probabilidad de volver a solicitar otra en el futuro.
Los datos reflejan además que las bajas son más frecuentes en empresas de gran tamaño que en pequeñas compañías, presentan una mayor incidencia en el sector público que en el privado y afectan más a las mujeres que a los hombres.
En el extremo contrario aparecen los trabajadores autónomos. Las cifras muestran que presentan niveles considerablemente inferiores de incapacidad temporal, una diferencia que muchos expertos relacionan con el elevado coste económico que supone dejar de trabajar cuando los ingresos dependen directamente de la actividad diaria.
Debido a las cifras, organismos como la AIReF insisten en que la solución no pasa únicamente por endurecer los controles, sino también por mejorar el funcionamiento del sistema sanitario.
Entre sus propuestas figuran reforzar la atención primaria, reducir las listas de espera, incrementar el seguimiento de las incapacidades temporales y revisar determinados incentivos presentes en la normativa y en los convenios colectivos.
