Publicada

Merche habla de la música con pasión, de Cádiz con nostalgia y de su padre con emoción. Pero hay un tema que transforma por completo su voz: la maternidad.

La cantante gaditana, que lleva más de dos décadas instalada en Madrid, hablaba con sinceridad en una entrevista para EL ESPAÑOL donde recuerda cómo uno de los periodos más difíciles de su vida los casi siete años que tardó en completar la adopción de su hija Ambika, nacida en la India.

La artista siempre tuvo claro que quería formar una familia numerosa. De hecho, mucho antes de alcanzar el éxito, ya imaginaba un hogar lleno de niños. Sin embargo, los largos procesos administrativos acabaron modificando por completo aquel sueño.

"Yo quería tener cinco hijos y me quedé con una", confiesa. Una decisión que no estuvo marcada por la falta de deseo, sino por las circunstancias de una adopción internacional que se prolongó mucho más de lo esperado.

La cantante cuenta que comenzó el proceso con la ilusión de quien tiene muy claro su futuro. "Siempre dije: quiero tener cinco hijos, tres adoptivos y dos biológicos", explica. Pero el camino resultó mucho más complejo de lo que había imaginado.

Una espera interminable

Uno de los aspectos que más impactó a Merche fue descubrir que, mientras el expediente de adopción estaba abierto, no podía tener hijos biológicos sin que el procedimiento se paralizara.

"Durante el proceso no puedes tener hijos biológicos, y por supuesto tampoco puedes adoptar", relata. Según explica, si una mujer se quedaba embarazada durante ese tiempo, la adopción se detenía automáticamente y debía esperar varios años para retomarla.

Aquella situación convirtió la espera en una carrera de fondo cargada de incertidumbre. "Fueron cerca de siete años. No entendía el porqué, no entendía nada", recuerda.

Durante ese tiempo tuvo que presentar la misma documentación en varias ocasiones. Los expedientes caducaban, los trámites se retrasaban y los procesos administrativos parecían no avanzar. "Tuve que mandar los mismos papeles y los mismos exámenes tres o cuatro veces. La burocracia allí en la India no funcionaba", lamenta.

Lo que más le dolía era saber que ya conocía el rostro de la niña que esperaba. Una fotografía de Ambika permanecía colocada sobre la chimenea de su casa mientras los meses seguían pasando.

"La foto de mi niña estaba en la chimenea y pasaron tres años hasta tenerla en mis brazos", recuerda. Todavía hoy le cuesta comprender aquella situación. "¿Por qué mi hija tuvo que estar en un orfanato pudiendo estar conmigo ya?", se pregunta.

La artista reconoce que nunca encontró una respuesta satisfactoria a esa cuestión. Lo único que sabía era que debía seguir esperando.

'Supe que era mi niña'

A pesar de las dificultades, Merche jamás se planteó abandonar el proceso. Había tomado la decisión siendo muy joven y estaba convencida de que algún día llegaría el momento.

Cuando finalmente pudo abrazar a Ambika, sintió que toda aquella espera había merecido la pena. "Desde que la vi por primera vez supe que era mi niña", afirma.

La cantante utiliza una imagen muy especial para describir el vínculo que siente con su hija: el conocido mito oriental del hilo rojo, según el cual dos personas destinadas a encontrarse permanecen unidas para siempre aunque la distancia las separe. "Estábamos unidas por ese hilo rojo", asegura.

Hoy, ya adolescente, Ambika se ha convertido en el gran centro emocional de su vida. Merche habla de ella con orgullo y también con humor. "Vale por 200", bromea cuando recuerda aquel sueño inicial de tener cinco hijos.

Madre e hija comparten una relación muy estrecha. Tanto que la propia cantante asegura que a menudo se reconocen mutuamente en sus gestos y su forma de ser.

"Muchas veces se lo he dicho a ella y ella también me lo dice: 'Mami, somos iguales'".

'Componer es terapia'

La maternidad no es la única experiencia personal que ha marcado profundamente la vida de Merche. Durante la entrevista también recuerda la muerte de su padre, una figura fundamental en su trayectoria artística.

Conocido en Cádiz como "el catalán chico", fue una de las voces más populares del carnaval gaditano y una influencia decisiva en su carrera. La cantante explica que necesitó recurrir a la música para afrontar su pérdida.

"Componer una canción a mi padre fue una terapia”, reconoce. De hecho, asegura que no consiguió asumir realmente su fallecimiento hasta que terminó de grabarla.

"Yo no asimilé que ya no estaba hasta que grabé esa canción". Quizá por eso, tanto en su faceta de artista como en la de madre, Merche sigue defendiendo la misma idea: que las emociones necesitan tiempo para encontrar su lugar.

Ella lo aprendió esperando siete años a su hija y también despidiéndose de su padre a través de una canción. Dos experiencias distintas que terminaron marcando para siempre la historia de una mujer que nunca dejó de creer en el amor.