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La historia de Pepita es la de cada vez más jubilados y también recuerda a la de muchos jóvenes en España, quienes enfrentan importantes dificultades para hacer frente al incremento en el precio de los alquileres.

Un coste medio del alquiler que en nuestro país ronda entre los 1.150 y 1.155 euros mensuales para un piso medio o los más de 1.500 euros de media en lugares como Madrid y Baleares y cuyos precios no dejan de encarecerse.

También lo hacen los precios por habitaciones en España y más concretamente en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, donde estas superan incluso los 500 euros. Es en la Comunidad Valenciana donde encontramos la segunda región más cara y donde vive Pepita. Esta mujer de 80 años contaba recientemente su experiencia en El Intermedio.

Y es que, asegura que su pensión de apenas 800 euros mensuales no le permite poder pagar un alquiler para ella sola, razón por la que se ha visto obligada a compartir piso con otras 4 personas mayores de 60 años que pasan por la misma situación.

Una situación insostenible por la que esta jubilada asegura que estaría actualmente viviendo en la calle si no fuera por la ayuda de la ONG 'Hogares comunes': "Hay cuatro habitaciones y como los cuatro estamos en esta misma situación, que no tenemos suficiente economía para acceder a un alquiler... Para acceder a un alquiler te piden por una habitación hasta 500 euros", explica.

O comes o pagas un alquiler

" Yo cobro la paga de viudedad, ya me dirás que me queda para comer. O comes o pagas", asegura. Sin embargo, esta no ha sido siempre su realidad, en el pasado sí llegó a poder permitirse pagar un alquiler, pero la crisis inmobiliaria actual se lo imposibilita.

"Yo cobro de pensión poco más de 800 euros al mes. Es imposible pagar un alquiler en Valencia. Yo estaba de alquiler, hasta que los precios empezaron a subir tanto que ya no pude pagar y la señora del piso me dijo que no me lo podía rebajar y me fui a la calle", recuerda. "¿Y por qué esta persona me tira a mí a la calle si yo estoy pagando religiosamente mi alquiler?", lamenta.

Una situación que, asegura, la obligó a tener que compartir piso a su edad para librarse de estar en la calle. "Si no tuviera un hogar compartido ahora mismo viviría en la calle", confiesa. En cuanto a la organización que siguen siendo 4 en un mismo piso, asegura que es muy llevadera: "La limpieza la tenemos a una persona que viene una vez a la semana y limpia las zonas comunes y cada semana paga uno. En la nevera cada uno tiene una balda. ".

Con ella vive Vicente, un hombre de 64 años que también se vio afectado por una situación similar: "Me tiraron del piso donde estaba y con mi pensión no tenía bastante para poder pagar una habitación ni poder pagar un piso. Entonces acudí a la asistencia social y me pusieron en contacto con Hogares compartidos".

En cuanto a la experiencia de vivir con más personas, asegura que nunca se siente solo: "Salir de la habitación y ver que no es tu piso y no estás tú solo... te sientes un poco raro. Pero luego es verdad que fueron muy pocos días. Enseguida te sientes a gusto. Te sientes acompañado para cualquier cosa que quieras hacer", explica.