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Belén Esteban vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que cada vez genera tanto debate como la presión por llevar una vida perfectamente saludable.

A sus 52 años, la colaboradora reconoce que no se identifica con esa obsesión por controlar cada alimento o convertir el ejercicio en una obligación diaria.

En una entrevista en el podcast Ac2ality, presentado por Abel Planelles y Daniela Álvarez, Esteban hablaba con naturalidad de su relación con la comida, el deporte y una forma de entender el bienestar mucho más alejada de las exigencias que proliferan en redes sociales.

Su postura es clara y no pretende convertirse en una recomendación nutricional. “La comida saludable está muy bien, pero a mí me parece un postureo total”, afirmaba. Y añadía, sin rodeos: “Prefiero un buen cocido con una buena pringá”.

Su rechazo a lo obsesivo

La colaboradora no se posiciona en contra de comer de forma equilibrada. Su crítica se dirige hacia lo que percibe como una tendencia a convertir la alimentación saludable en una especie de escaparate de perfección.

"Yo no voy en contra de nadie" explicaba durante la conversación. Lo que cuestiona es que determinados hábitos se presenten como la única forma válida de cuidarse, hasta el punto de generar culpa cuando alguien decide disfrutar de un plato más contundente.

"Ahora parece que no puedes comerte una oreja o una morcilla", comentaba. Su reflexión llega en un momento en el que las redes sociales están llenas de recetas saludables, rutinas deportivas y cuerpos que, muchas veces, se presentan como el resultado inevitable de llevar una determinada alimentación.

La Organización Mundial de la Salud establece que una alimentación saludable debe ser adecuada, equilibrada, moderada y diversa. No se trata, por tanto, de eliminar determinados alimentos de manera indiscriminada, sino de mantener unos hábitos que permitan cubrir las necesidades nutricionales.

En este contexto, la conversación sobre salud también ha empezado a prestar atención a la relación emocional con la comida. La ortorexia, término utilizado para describir una obsesión por comer de forma considerada saludable, puede llevar a comportamientos excesivamente restrictivos.

No al gimnasio

La relación de Belén Esteban con el ejercicio tampoco parece responder al modelo de disciplina deportiva que muestran muchas cuentas de redes sociales.

Durante la entrevista relataba una anécdota que resume su experiencia: "Me apuntó mi marido al gimnasio y fui dos días porque me bajaba el azúcar".

La colaboradora convive desde hace décadas con diabetes tipo 1, una circunstancia que requiere prestar especial atención a la actividad física. El ejercicio puede formar parte de una rutina beneficiosa para las personas con diabetes, aunque es necesario ajustar las necesidades de insulina y alimentación a la actividad realizada.

En su caso, aquella experiencia terminó por convencerla de que el gimnasio no tenía por qué convertirse en una prioridad. Esteban parece apostar por una idea diferente del bienestar, más relacionada con disfrutar de su tiempo y elegir qué cosas quiere incorporar a su día a día.

Actualmente, su actividad profesional se centra principalmente en las redes sociales. También reconoce que viaja con frecuencia y que ha podido recuperar tiempo para estar con su familia.

Más alejada de la televisión

Este cambio de ritmo también ha modificado sus prioridades. Después de años vinculada a la televisión, Esteban asegura que ahora disfruta de una agenda diferente, en la que tienen más espacio los viajes, su marido y su familia.

Su discurso no pretende defender una alimentación basada en platos contundentes ni cuestionar que otras personas elijan cuidarse de otra manera. Más bien refleja una reivindicación personal: poder disfrutar de determinados alimentos sin sentir que existe una obligación de justificar cada elección.

La misma idea aparece cuando habla de su hija, que actualmente vive lejos. "Nadie sabe lo que es tener a una persona querida muy lejos", confesaba.

Para Esteban, aprender a convivir con esa distancia también forma parte de aceptar que los hijos crecen y toman sus propias decisiones. "Hay que dejar volar a los hijos", afirmaba. Aunque reconoce que no resulta sencillo, encuentra tranquilidad al saber que ella es feliz.