La actual sala de exposiciones del edificio Alcalá 31 fue concebida por Antonio Palacios como un espacio entre columnas para albergar el Banco Mercantil. Bajo una traslúcida bóveda de cañón, ahora cubierta para su conservación, este lugar era primordialmente una sala de cambios. Ahora, marcando un nuevo récord de visitantes, acoge la exposición El Japón en Los Ángeles. Los archivos de Amalia Avia.

El Japón en Los Ángeles, 1995. Colección Familia Muñoz Avia Amalia Avia

Al acceder al edificio comienzan a llamar la atención sobre sí numerosos detalles: las imponentes puertas, las barandillas desmontables, las lámparas neogóticas, los mármoles y los cristales paveses. Un salón central que se despliega en una exposición llena de detalles y de días grises. “Nunca ves un cielo azul en su pintura, todo es gris, todo son días plomizos”, explica Rodrigo Muñoz, el hijo de Amalia Avia, la artista cuya individual ocupa ahora este espacio. Quizá el éxito de visitantes de esta exposición esté en el encaje de tres melancolías: la de la época que vivimos, la del lugar en que sucede la exposición y la de un conjunto de obras tan impactante como el acervo de Amalia Avia (Santa Cruz de la Zarza, Toledo, 1930 – Madrid, 2011). 

Rodrigo Muñoz, el hijo de Amalia Avia

Con dos espacios elevados que comunican por escaleras laterales, Alcalá 31 es sin duda uno de los espacios institucionales más difíciles de comisariar de la capital. Comisariar o curar significa, en este contexto, elegir qué artista debe colgar de las paredes de un espacio, cuáles de sus obras deben exponerse, en qué orden, y con suerte, que la suma de todas esas elecciones diga algo en conjunto.

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Hay una melancolía irresistible en el resultado de la exposición comisariada por Estrella De Diego, titulada “El Japón en Los Ángeles. Los archivos de Amalia Avia”, que contiene más de 100 piezas y es la primera gran retrospectiva de la artista. Es inevitable imaginarse este espacio lleno de escritorios y papeles precisamente en la época en la que Amalia Avia daba sus paseos por Madrid... Y pensar que a la artista, que tanta sensibilidad tenía a los espacios, quizá le gustaría que sus telas y papeles melancólicos llenasen todas esas superficies antes repletas de montañas de contratos, cheques grapados a folios y máquinas de escribir con cintas de la segunda mitad del siglo XX. El tesoro de Avia ha atraído estos meses a miles de personas: las imágenes de un Madrid que aún sigue desapareciendo.

Un archivo melancólico

Amalia Avia es una pintora que comenzó su actividad en los años 50, en el estudio de Eduardo Peña en Madrid, y que se suele adscribir a una generación de pintores madrileños quizá denominados de un modo demasiado genérico: “realistas de Madrid”. Entre ellos se cuentan el pintor Lucio Muñoz, con quien se casó en 1960. La última gran exposición de Amalia fue, como explica su hijo Rodrigo, “en el año 97, cuando expuso en el centro cultural de la villa. Han sido más de dos años de trabajo para esta selección de obras”. 

“¿Cómo era mi madre?”, retumba la pregunta en la mente de Rodrigo Muñoz: “Era ante todo una mujer muy vital. Aparentemente muy alegre, muy expansiva, muy genial, que saludaba a los invitados que iban a su casa a gritos, era cariñosa y alegre. Con los hijos era extraordinariamente cariñosa y muy afectiva, muy unida a nosotros, anteponía la relación con nosotros a cualquier cosa".

La taberna , 1972. Óleo sobre tabla. Colección particular

"Y sin embargo, claro, hay algo como contradictorio y que siempre le chocaba a todo el mundo que la conocía y a nosotros mismos, incluso a ella misma: que siendo así, su pintura sin embargo tiene una capa de grisura, de melancolía, casi de tristeza, que se fija en realidades más bien decadentes, en lugares muy envejecidos, muy castigados por el tiempo. Nunca ves un cielo azul en su pintura, todo es gris, son días plomizos”, explica. 

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Para él, la explicación está en una personalidad con universos que coexistían, como su pintura: “Es que alegre… ¡a lo mejor no lo era tanto! Ella llevaba por dentro muchas cosas que a lo mejor sólo asomaban en la pintura. Una persona por otra parte tan genial, tan disparatada, tan despistada, tan loca, que siempre llevaba el bolso abierto, que se dejaba las llaves del coche puestas, que tenía un carácter muy simpático y querido por todo el mundo”. 

“Eso es lo que yo creo”, añade, “que la pintura es un modo de expresión de cierta forma de ser o ciertas sensibilidades, o de algo que uno lleva muy dentro y ahí se veía. Le salía pintar esas cosas, ella era una persona muy sensible que había pasado por cosas muy terribles en su infancia: había perdido a su padre asesinado en los primeros días de la guerra, a dos hermanos por tuberculosis y todo eso en su caso le había dejado una huella especial que de una manera u otra acabó saliendo. Esa sensibilidad tan grande que tenía la acabó sufriendo en forma de depresión en sus años finales, marcó mucho su vida”. 

Mercado de Santander, 1988. Óleo sobre tabla. Colección Familia Muñoz Avia

“A mi madre”, continúa, “le apasionaban los demás y la gente. Pero sin embargo en su pintura eso no está. En su pintura la figura humana sólo aparece al principio, siempre en grupo y de una forma bastante anónima... Y luego desaparece. Pero a mí me parece que es realmente lo humano lo que le interesa. Ella decía: 'Aunque no esté pintando personas, en cierto modo las pinto, en esas puertas están esas personas'. En esas pintadas, en esos letreros de las tiendas, en esos sillones en los que se va a sentar alguien o se ha sentado alguien, la huella humana sigue siendo lo que más le interesa”. 

El origen de la muestra

Según explica su hijo, fue una conferencia de Estrella De Diego sobre Amalia Avia, que se encuentra online en la página de la Fundación Santander, la semilla de esta exposición: “La idea original llegó de la Comunidad de Madrid, de Tania Pardo, que habló con Estrella De Diego”. 

“Estrella reivindica”, sigue relatando, “el papel de Amalia Avia y la necesidad de visibilizarla más de lo que se la conocía. Y a través de otros inputs surgió la idea de la galería Maisterra Valbuena. Tania me llamó y nos propuso esta exposición que para nosotros fue un regalo. Es verdad que mi madre, si bien tuvo un gran reconocimiento en vida y una vida profesional como pintora importante, obtuvo muchas ventas y éxito de crítica con el paso de los años.

Ella murió en 2011 y en la última etapa de su vida ya ocurría: era una pintora poco conocida y muy olvidada. Según Estrella De Diego esto se debe a su condición de mujer y también a su condición de realista, y a una cierta manera de malentender su pintura”.

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La primera exposición individual de Amalia Avia tuvo lugar en 1959, en la galería Fernando Fe de Madrid, tras la cual pasó a exponer en Juana Mordó, Biosca y Juan Gris. Coincidiendo con los trabajos de preparación de esta exposición, se dio una singular circunstancia: “Por otra parte mi primo y yo estábamos inventariando y preparando una catalogación de la obra de mi madre. Yo hice un llamamiento en Twitter y en otras redes para localizar obra de Amalia Avia, que nos iba a venir bien para la exposición porque Estrella había seleccionado bastantes cuadros que no teníamos ni idea de dónde estaban”. 

“Este llamamiento”, añade, “tuvo mucho eco y gustó mucho porque empezaron a aparecer muchos cuadros, pero además creamos un correo específico para ello, loscuadrosdeamalia@gmail.com, y todavía siguen llegando ejemplares, la gente escribe reconociéndola y avisando de que tienen un cuadro pintado por ella... Varios de los cuadros de la exposición han podido llegar gracias a eso. Son dos iniciativas diferentes que coincidieron y se retroalimentaron”. 

El éxito que Amalia Avia cosecha en Madrid

Respecto al elevado número de visitantes, el hijo de la artista explica a magasIN que lo que no estaba en ninguna de sus previsiones era "el éxito de la exposición, que supera cualquier expectativa": "Estamos absolutamente maravillados. No hacemos más que pensar en lo que pensaría mi madre si viera esto, porque ella tuvo éxito en vida, pero la cantidad de personas que está viendo esta exposición… ¡Cómo se ha corrido la voz! Lo llena que está siempre la sala y el eco en todos los medios es algo maravilloso. Algo que ya podíamos intuir pero sólo en parte, porque la pintura de mi madre conecta mucho con la gente, tiene un carácter de testimonio y de memoria que conecta con públicos de muchas edades”. 

Cuaderno de registro de Amalia Avia (1984-1992)

Para Marta Rivera De la Cruz, Consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid, muchas personas “han descubierto a una pintora desconocida para el gran público a pesar de que fue aclamada en vida por su obra, que es de una calidad excepcional. Ha sido la muestra más visitada en la Sala Alcalá 31 de los últimos diez años, con más de 47.000 visitantes hasta la fecha. Han acudido muchos grupos y nos ha sorprendido especialmente cómo ha conectado con el público joven”.

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Añade que “de las más de cien obras expuestas, que son todas maravillosas": "Me gustaría destacar todas aquellas que recuperan rincones que ya no están y las que recuerdan los que todavía perviven, como las puertas del Ministerio de Educación, con las que los visitantes pueden toparse justo al salir de la exposición, o la fachada del Viva Madrid, un local emblemático del barrio de Las Letras”.

Según Rodrigo Muñoz, “lo que ha colocado la exposición en otro lugar ha sido el hecho de tener una comisaria como Estrella De Diego, que la ha sacado de un discurso establecido de ella como mera pintora realista, como una más de los pintores de Madrid. Estrella la coloca en otro lugar que va más allá del realismo y la sitúa como una pintora que no es fácilmente categorizable, que tiene algo de realista, pero que también lo tiene de pop y casi de conceptual en sus planteamientos de series que hay en su pintura, tiene una mirada muy fotográfica también y en definitiva Estrella la redimensiona como artista y le da un carácter mucho más moderno que a nosotros nos encanta aprender, y entenderlo”. 

Foto de las escaleras del metro de Amalia Avia (1971)

“¿Cómo llamar 'realista' a quien nunca hace copias literales, sino traducciones sentimentales que, vistas desde el nuevo orden del archivo, construyen un documento del paso del tiempo y sus estragos y sus indultos?”, se pregunta Estrella de Diego en el texto de la muestra. “¿Cómo llamar “realista” a una creadora que tiene al tiempo un toque pop –cuando convierte los objetos corrientes en especiales al retratarlos en sus cuadros–; algo figurativo– entendido el término como lo opuesto a lo abstracto–; algo conceptualizante –cuando trueca la autoría por las series–; que es fotógrafa, archivera, documentalista, reportera…”.  

El recuerdo de Amalia Avia 

“Ella era muy humilde y modesta”, puntualiza su hijo: “Le daba pudor enseñar su pintura, que tuviera valor y se vendiera, esas cosas comerciales del arte le costaban, pero a la vez era una enorme profesional con una ambición pictórica que hizo una larguísima trayectoria, que pintó toda su vida. La recuerdo ante todo pintando, cuando no estaba atendiendo obligaciones, o con la familia o amigos... Su trabajo era pintar. Y no hizo otra cosa en toda su vida. De una manera silenciosa y más bien discreta”. 

Escaleras del Metro, 1971. Colección Familia Muñoz Avia Amalia Avia

Lo que hace especial a Amalia Avia es la mirada que tiene”, añade, “porque se fija en realidades en las que a lo mejor nadie se estaba fijando: ese Madrid a punto de desaparecer, esa ciudad a punto de desaparecer, esas tiendas que estaban a punto de derruir o transformar, esos cierres ajados, esas puertas tapiadas, esas fachadas llenas de desconchones, toda esa realidad tan desgastada en la que el paso del tiempo es tan evidente, es la seña de identidad de Amalia Avia y lo que la hace verdaderamente especial".

"Que en cierto modo también lo es cuando mira en los interiores y se fija en objetos muy alejados del estereotipo del interior más o menos idílico. Se fija en realidades muy populares y en objetos a los que dota de personalidad, los aparadores, las sillas, las mesas… Eso es lo que la hace especial. Más allá de las clasificaciones”.  

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“Una frase que ella decía a mi padre y que resume muy bien el carácter de mi madre”, termina explicando a magasIN Rodrigo Muñoz: "Mira, Lucio, a mí me gusta más mi pintura que la tuya, pero si a uno de los dos ha de irle bien, prefiero que sea a ti". Eso resume muy bien "el carácter de mi madre": "No le importaba sentirse pintora consorte y el éxito al que daba de verdad importancia era el de mi padre porque consideraba que a él mismo le importaba más. Esta exposición es una muestra de que mi madre no era una pintora de ratos libres, sino alguien con una mirada muy especial y que puso mucho esfuerzo y tesón por sacar a la luz su mirada. Hizo toda su vida lo que mejor sabía hacer, que era pintar”.