Tratar con los más pequeños a veces puede ser complicado. En ocasiones anteriores te hablamos sobre lo que no debes decir nunca a un niño o sobre el trato con adolescentes, y hoy queremos centrarnos en algo común a prácticamente todos los infantes: las rabietas. Esos momentos explosión de gritos, llantos y berrinches, suelen ser normales, pero hoy te damos algunas claves para sobrellevarlos lo mejor posible.

Ya sea tu hijo, sobrino, nieto o que estés cuidando del niño o niña por cualquier circunstancia, seguro que en algún momento te vas a enfrentar a este tipo de situaciones. Según Guía Infantil, las rabietas suelen ser más intensas y frecuentes sobre los dos años de edad, ya que es una herramienta a la que recurrir para expresar y gestionar sus emociones. Por ejemplo, puede ser su modo de canalizar la frustración, el cansancio, el enfado, el hambre o cualquier otro malestar.

Cuando un niño tiene una rabieta la opción más cómoda o fácil para algunos adultos puede ser ceder ante lo que se demanda, pero esto no es una práctica recomendable, pues el pequeño se acostumbrará y verá que este tipo de conductas le funcionan, por lo que no dudará en repetirlas y perderemos autoridad, según afirma un artículo de Unicef.

Para intentar ayudarte, si se te presenta esta situación, te contamos algunas prácticas recomendables para saber cómo gestionar la rabieta de un niño o niña.

Mostrar calma

Gritar, llorar, tirarse por el suelo, agarrarse a tus piernas o incluso ponerse agresivo, son comportamientos que acompañan a una rabieta y antes los cuales el niño no puede notar que te alteras. Respira y habla pausadamente, sin dar importancia a las conductas que no son adecuadas e intentando desviar el foco del motivo que ha desencadenado la pataleta. Además, si el niño no corre peligro, incluso podemos ignorar lo que está haciendo y continuar a lo nuestro hasta que se calme.

Si estás en un lugar público o con más gente a la que puede molestar la escena, lo ideal sería intentar contener esa reacción explosiva llevando al niño con decisión una zona donde le podamos dar apoyo, indicándole que le puedes ayudar o con un gesto cariñoso si tienes ese vínculo con él.

No gritar

Como explicamos en el consejo anterior, es de suma importancia que no te pongas a su altura, es decir, evita gritar bajo cualquier circunstancia. Discutir con él o intentar imponerte alzando la voz solo servirá para que el niño siga con la rabieta. Apuesta por dialogar o, si no puedes, esperar a que la intensidad de la pataleta cese para hacerlo, sin prestarle demasiada atención siempre que las circunstancias lo permitan.

Intentar comprender

A veces, podemos caer en la negación ante algo que pida el niño y que por eso se desate la tormenta. En su lugar intenta entender lo que demanda antes de negarte. Algo que puede funcionar es ofrecer alternativas, por ejemplo si está pidiendo jugar con el móvil, puedes sugerir hacer otra actividad que le guste, como dibujar.

Adelantarnos

Si ya has pasado por algunas rabietas anteriores que se repiten por temas concretos, puedes intentar evitar algunas situaciones que conviertan el ambiente en propicio para que el niño pueda ponerse a gritar o llorar.

Según la situación, una opción para prevenirlo puede ser desviar el foco de atención, por ejemplo si pasáis por delante de una juguetería y normalmente quiere entrar y que le compren algo, será bueno darle un juguete que ya tenga y que le guste antes de pasar por el escaparate, para intentar que no esté pendiente, en este caso, de la novedad.

También podemos recurrir a explicar al niño algo que va a suceder o que tiene que hacer, mostrándoselo como algo normal o positivo, para que se pueda mentalizar y no le produzca mucho impacto. Esto puede funcionar para ocasiones como en las que tenga que ir al médico o hacer algo que normalmente no le resulte atractivo.

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