Sira se ha hecho mayor o, mejor dicho, ha cogido aplomo: el personaje más carismático y aclamado de María Dueñas -que ya conquistó a medio mundo en El tiempo entre costuras-, regresa ahora con una novela editada por Planeta que lleva como título su nombre, como una forma de empaque, como una forma de seguridad madura, como una forma de crecimiento irredento.

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Ya Sira no es aquella chica costurera que elaboraba mensajes clandestinos para combatir al nazismo: ahora es mucho mejor. En este libro, que se desarrolla entre Jerusalén, Londres, Madrid y Tánger, nuestra protagonista, más herida, más decepcionada, más rota pero también más fuerte, vivirá el turbulento contexto social de Tierra Santa previo al nacimiento del Estado de Israel.

Y el atentado contra el legendario hotel King David. Y su propia maternidad. Y la pérdida de tantas cosas buenas y bellas. Y nuevas aventuras al servicio de la inteligencia británica. Se hará pasar por reportera de la BBC, viajará a Madrid, conocerá a Eva Perón, peleará en Marruecos. Se enfrentará a sus fantasmas y los abrazará también; con más años, con más sabiduría, con más rabia.

Madurez femenina 

“La madurez la dota de nuevas perspectivas y nuevos flancos en su vida”, cuenta María Dueñas a este periódico. “Antes estaba más por la voluntad de otros, ahora es más dueña de su destino. Pero en cualquier caso sigue siendo una mujer carismática y atractiva en todos los sentidos, pero desde un ángulo más sólido”.

Dueñas cree que una mujer es interesante en todas sus edades, aunque a veces la ficción se olvide de qué les pasa a las heroínas una vez que se casan, o que se realizan profesionalmente, o que son madres. No tanto la literatura, pero el cine las relega a lugares secundarios, lugares sin acción: como si a partir de cierto cumpleaños, la hembra adulta ya no tuviese nada que contar ni que vivir.

María Dueñas. Carlos Ruiz.

Como si toda su historia fuese su flor, su vivísima juventud. Ignoran lo fundamental: su fuerza creciente, como expresa María: “Esa esa una queja frecuente en las actrices: el hecho de que a partir de cierta edad ya no se las contrata, mientras que los hombres maduros pueden hacer de galanes, las mujeres maduras quedan relegadas a la madre o a papeles de poco protagonismo. Pero es una tontería, porque las mujeres de cierta edad, como yo, seguimos muy activas y trabajando repletas de ilusiones, y eso lo transmitimos. No estamos para ninguna retirada: nada más lejos de la realidad”, guiña.

Machismo literario

¿Por qué una novela firmada por un hombre y protagonizada por otro tiene lectores y lectoras pero parece que al revés no: por qué la literatura firmada y protagonizada por mujeres se sigue recibiendo entre el público como si fuese de nicho, como si sólo fuese destinada a ellas? ¿Son los lectores varones españoles, aún, machistas? “Sí”, chasquea Dueñas. “Bueno, no creo que sea una mirada voluntariamente machista, pero sí hay cierto prejuicio machista que se arrastra por el tiempo. Las mujeres todavía tenemos que seguir proclamando que nuestras novelas no van sólo para un público femenino, que nuestro interés es llegar a los lectores en general, y que no queremos imponer barreras de un género u otro”, esboza.

¡Que lo femenino es universal! “Exactamente”, sonríe. “Pero todavía queda un poquito de trabajo por hacer”. María Dueñas cuenta que ella siempre se ha sentido libre porque ha tenido la “suerte” de crecer en una familia donde siempre se respiró igualdad. “Ocho hermanos: cuatro chicos y cuatro chicas. Y unos padres que nos han tratado por igual a todos. Mi madre siempre trabajó, así que también fue para mí un referente de emancipación, aunque soy consciente de que esta crianza no es así en todas partes”.

“Fue un enorme avance llegar a la universidad, pero no sucedió hace tanto, y nos estamos labrando la vida en el mundo laboral. Aún queda un poquito de camino por recorrer y ahí sí que tenemos que estar alerta”, sostiene. “La emancipación femenina es, sobre todo, económica. Si hoy muchas mujeres se pueden separar es porque trabajan y porque no tienen que estar sometidas a un hombre porque dependan de él”.

Maternidad

¿Y qué hay de la maternidad: cree Dueñas que desexualiza a la mujer -como se ha dicho tradicionalmente: cuando empiezas a ser ‘madre’ dejas de ser ‘mujer deseante y deseada’- o que la lastra laboralmente? “Cada vez menos, pero es cierto que eso todavía está ahí: las mujeres aún nos tenemos que plantear cuándo es más oportuno ser madres y cómo va a afectar a nuestra vida profesional ese hecho. Llegará un día en que cada cual pueda tener hijos cuando le apetezca sin temer a entorpecer su vida, pero ese día no es hoy. No lastra, no es un cortapisas que te anule y te bloquee drásticamente, pero sí entorpece”, señala.

En la novela habla también de los hombres buenos, leales y parcos a los que les cuesta expresar su sentimientos, como le ocurre a Marcus. “Está bien que los hombres hablen de amor, pero es aún mejor que lo demuestren con sus acciones”. Y de suegras hostiles como Olivia. “Sí es cierto, como dices, que es un clásico ya la madre del marido o del novio que siempre saca las uñas por sus polluelos y son incapaces de encontrar la virtud en las mujeres que tienen cerca, pero en este caso, Sira tampoco pone mucho de su parte… son un choque de trenes”, sonríe.

Evita Perón: el cameo

Y se refiere también, cómo no, al tremendo icono de Eva Perón: “En esa España deprimida, pobre y hambrienta, fue un soplo de aire fresco. Venía prometiendo -así lo vendió al régimen- y lo cumplió, el traer cargamentos de trigo y de carne, ayudar a paliar el hambre que España sufría entonces”, relata. “La esperaban como agua de mayo, pero el personaje en sí desbordó todas las expectativas. Joven, rubia, arreglada con sus abrigos y sus joyas, con su manera de actuar tan peculiar… hacía esperar a Franco, decía lo que le salía del alma, rompía los protocolos. Esa España de ordeno y mando la consideraba una excentricidad”, explica.

María Dueñas. Carlos Ruiz.

“Y es verdad que tenía esas incongruencias de ser una abanderada de los más humildes y a la vez una amante del lujo, pero más allá de eso, era una mujer con una voz propia muy interesante y que carecía de cualquier tipo de educación formal o de preparación, y aún así elaboró un discurso muy coherente y muy reivindicativo. Su figura carismática perdura y su eco también”.

¿Sigue existiendo hoy la lucha de clases? “Existe la lucha de clases, pero de manera distinta: no se articula igual que en el pasado, pero por supuesto sigue habiendo gente muy privilegiada y gente que no, siguen existiendo tremendas desigualdades que ojalá se lograran superar… ya no hablamos tanto de ‘clase obrera’ como de gente sin empleo, inmigrantes, gente desposeída, gente que necesita de lucha”.

¿En qué revolución cree María Dueñas? “La palabra ‘revolución’ también nos suena un poco pasada, más bien de décadas anteriores, pero sí que tenemos que seguir progresando y corrigiendo muchas cosas de nuestra sociedad que no se van a arreglar con revolución pero sí con trabajo, visibilización y conciencia de esas desigualdades o esos segmentos desfavorecidos que tienen que ser mejorados”.

Lenguaje inclusivo 

¿Lenguaje inclusivo? “Sí, adelante, pero encontrando el equilibrio. Hay que estar vigilantes para no haber desde una perspectiva masculina que deje a las mujeres de lado, pero pienso que en exceso, el desdoblamiento por ejemplo puede ser muy cansino, es largo, y tedioso y repetitivo… en el punto medio está la virtud, pero hay que ser conscientes de que el lenguaje es un arma para muchas cosas y tiene el poder de transmitir diversos juicios”.

¿Y la -e del género queer o del género en transición, de los que no se identifican ni con lo masculino ni con lo femenino? “Me parece muy bien que cada uno reivindique lo que quiera, pero soy doctora en Filología y hay cosas que me chirrían mucho desde el punto de vista más técnico o más profesional. Me parece que son salidas de pata de banco que no vienen a cuento y que no van a cuajar porque no tienen ninguna razón de ser”.