Mimunt Hamido nació y se crio en Melilla, en el seno de una familia musulmana. Desde pequeña vio las diferencias entre su educación y la de sus compañeras cristianas y, cuando a los ocho años le bajó la regla, experimentó las exigencias que se imponen a las jóvenes musulmanas como la prohibición de llevar faldas cortas, tirantes o bañadores. "En mi temprana adolescencia el hiyab, el velo islamista, aún no había colonizado el Magreb. Tenía que observar muchas normas, pero esa, afortunadamente, no era una de ellas".

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En las últimas décadas Mimunt ha visto en primera persona cómo el islamismo radical, las corrientes wahabistas y salafistas, han colonizado Europa ante la pasividad y, a veces, el impulso de los diferentes gobiernos del continente. Incluso en su propia familia algunas mujeres que solían vestir "al modo europeo" comenzaron a usar el hiyab y a adoptar comportamientos anticuados como no permitir la entrada a ningún hombre, ni siquiera de la familia, si estaban solas en casa.  

Desde hace tiempo es coordinadora del blog No nos taparán, "una red de mujeres del entorno musulmán" que se oponen "a la expansión del fundamentalismo islámico y su símbolo más destacado, el velo". Ahora publica No nos taparán. Islam, velo y patriarcado (AkaI), un libro en el que explica la realidad intrínseca que implica llevar hiyab, a la vez que cuenta su experiencia dentro de una familia musulmana y reúne los testimonios de otras muchas mujeres a las que ha tenido que cambiar los nombres por cuestiones de seguridad.  

"Yo llevo años, como muchas compañeras, en las redes sociales hablando de este tema. Teníamos muchas cosas en contra: a la derecha porque somos moras, a la izquierda porque el discurso es muy incómodo, y a los islamistas en contra", explica en conversación con MagasIN.

Portada de 'No nos taparán'.

La idea principal que quiere dejar clara es que el hiyab no es solo ropa ni un pañuelo. "Es un símbolo y llevarlo conlleva unas normas sociales y morales para esa mujer, para esa niña. Aquí estamos hablando de símbolos misóginos y religiosos que acarrean unas consecuencias. Tú te pones una cruz al cuello y eso no te quita de llevar un bikini para ir a la playa o echarte un novio budista, musulmán o judío; pero a una chica musulmana el hiyab se lo impide, eso es lo que debemos tener en cuenta".

Y recuerda: "A los hombres musulmanes no les pasa nada porque no llevan ningún símbolo religioso. Es algo para las mujeres, nada más, y eso sexismo, se tiene que entender". 

Mimunt no está en contra de las mujeres que llevan hiyab, su propia madre comenzó a usarlo porque "tuvo una vecina islamista y la convenció de que se lo pusiera porque 'así son mejores musulmanas'". Su problema viene de la imposición que se ha extendido en las comunidades musulmanas y de que se justifique su uso diciendo que "solo es ropa", cuando conlleva una serie de prácticas y normas que, en su opinión y experiencia, atacan la libertad de la mujer.  

"En Europa hay libertad de llevarlo, no sé de qué se quejan de la libertad de llevarlo si ya la tienen pero, ¿tienen la libertad de quitárselo?", pregunta. "Porque hay hijabistas -mujeres musulmanas que visten a la moda respetando el hiyab- muy famosas en Instagram que han tenido millones de seguidores haciendo apología del hiyab y que cuando se lo han quitado han recibido amenazas de muerte y todo tipo insultos. ¿Eso es la libertad?".

Feminismo islámico

Feminista convencida, esta melillense es completamente contraria al conocido como "feminismo islámico" que reivindica el papel de las mujeres en el islam, y que en muchas ocasiones defiende el uso del hiyab. "Cuando tú llevas el hiyab tienes que asumir que no puedes decir que eres feminista, estás llevando un símbolo patriarcal. Mi madre por ejemplo lo lleva, pero acepta esa moral religiosa". 

Por esta razón salta particularmente contra la izquierda porque "apoya a la derecha extremista islámica". "De la derecha hablo poco porque no espero nada, gran parte de su discurso e ideario es xenófobo y racista, lo que no pensábamos nosotras es que la izquierda comprara este discurso del islam extremista que le están vendiendo a la gente joven como el verdadero. El sistema islamista ha fagocitado la religión anteponiendo símbolos políticos, porque el hiyab se ha convertido en un símbolo político, a la espiritualidad".

Los 'petrodólares'

Para Mimunt uno de los grandes problemas son los jóvenes hijos de inmigrantes que se han criado siguiendo este islam verdadero y que "creen que el hiyab es su identidad". "Han conseguido que tengamos una identidad religiosa. A eso ha contribuido que en España y el resto de Europa a toda esa masa de inmigración magrebí se nos contase como musulmanes". 

Mezquita de la M-30 de Madrid.

El sentimiento muchas veces de desarraigo unido a la educación recibida y a la inversión económica y política para extender esa rama del islam hizo el resto. "Hay muchos poderes económicos y políticos. Arabia Saudí tiene sus 'petrodólares' y lo que quiere es que su islam sea visible en el espacio público. Por eso en España les han consentido que paguen la construcción de mezquitas como la de la M-30 de Madrid. Como la pagó Arabia Saudí impone al imán que dará su discurso. Eso se extrapola a toda Europa".

Esta permisividad hacia el discurso islamista radical provoca, para Mimunt, una fuerte desigualdad que perjudica a las niñas de familias musulmanas y aboga por recuperar, de verdad, el laicismo en los espacios públicos. "Ningún gobierno de los que hemos tenido se ha atrevido, ni siquiera este que se dice tan de izquierdas, a coger el toro por los cuernos".

"Cuando dicen por ejemplo que si prohibimos el velo en las escuelas, estoy hablando de menores, esa niña no va a ir al colegio, es como ¿qué me estáis contando? La educación es obligatoria en España hasta los 16 años y si esa niña no va al colegio pues los servicios sociales tendrán que actuar. Lo que hay que hacer es aplicar la lógica y la ley. ¿Cómo vas a educar en igualdad si una niña con hiyab no puede ir a clases de natación, por ejemplo? ¿Eso es igualdad? ¿Eso es respetar los derechos de esa menor? No". 

"Hay un pastón que se llevan asociaciones contra la islamofobia que son provelo y mezquitas de la Comisión Islámica. En Cataluña le han dado dinero a la banca halal (islámica), pero a asociaciones que trabajan ayudando a chicas que las quieren forzar a casarse no. Es más barato decir: 'Bueno vosotros como estáis en las mezquitas os dejamos rezar, que no queremos conflictos'. Eso tiene una palabra: es racismo".

Desprotección gubernamental

Una de las cosas que más decepciona a Mimunt de la actuación gubernamental española es que ni siquiera se defienda a este sector musulmán que apoya estas cuestiones, tal y como le ha ocurrido a ella y a sus compañeras.

"Hay muchas páginas de musulmanes creyentes que están completamente de acuerdo con esto y otros que no lo dicen mucho públicamente porque no se atreven. Nosotras aguantamos amenazas de muerte y el Gobierno no dice nada. Lo hemos denunciado, se lo hemos dicho la ministra de Igualdad y jamás ha dicho que es intolerable. Está denunciado a los Mossos hasta emisoras de radio en Cataluña islamistas donde el locutor decía públicamente, tengo los audios, que estaba muy bien que le dieran una paliza a fulanita o que le cortasen la cabeza menganita. Hasta que no le denunciamos nosotras nadie dice nada y claro, luego las represalias son también para nosotras".

"Las instituciones no se mojan el culo, eso sí, hay que proteger a la mujer con hiyab como si fuesen un grupo en peligro de extinción. Las que estamos desprotegidas somos las que damos la cara. Es como si yo te dijera que tú no puedes criticar a tu religión y a tu patriarcado porque serías cristianofóbica. Eso me lo está diciendo gente y mujeres que, lo que más me duele, han luchado contra esa opresión de la Iglesia. Pero yo contra la mía no puedo, me tengo que callar y aguantarme porque 'es mi cultura'. Es mi cultura porque tú lo has decidido", sentencia.