Málaga

Eugenia y Susana son dos deportistas que sueñan con ir a Ucrania a competir. Llevan un par de años entrenando una modalidad de remo poco convencional: el Dragon Boat, un deporte con más de 2.000 años de historia que a ellas y les ha dado una razón para reencontrarse con la vida. Eugenia y Susana son dos de las 35 miembros del equipo Málaga Dragon Boat BCS. Las tres siglas finales son las que dan todo el sentido al deporte: Breast Cancer Survivor (supervivientes de cáncer de mama).

Los martes y los jueves son día de entrenamiento para estas que han hecho del remo una forma de vida real, Muchas de ellas ya pasaron la enfermedad y están curadas, otras siguen sus tratamientos, pero todas han encontrado en el remo un denominador común: una válvula de escape. La Asociación Málaga Dragon Boat BCS se fundó en 2018 como terapia de recuperación de las secuelas de la enfermedad y su tratamiento. “El equipo me ha hecho vivir otra vez; antes vivía, claro, pero ahora vivo con más intensidad”, afirma Eugenia García, secretaria de la asociación.

Eugenia (55) ha pasado dos cánceres de mama: “El primero fue en 2010, mi hijo tenía 9 años y me hice la fuerte”. Pasó por quimioterapia, radioterapia y todo un año de tratamiento mientras seguía trabajando. Entonces era administradora de fincas y necesitaba seguir facturando para mantener sus ingresos.

En 2018 le sobrevino otra dura noticia: había desarrollado cáncer en la otra mama. Dejó su trabajo y se le hizo más cuesta arriba, su hijo estaba estudiando fuera: “Esta vez la noticia me sentó peor”, afirma Eugenia. Se preguntaba continuamente qué hacer con su vida y fue a finales de ese mismo año cuando conoció el equipo de Dragon Boat, aquello cambió su forma de ver la vida: “Es un reencuentro con la vida, porque ahora estoy viviendo todo con más intensidad”.

“La quimio te pone enorme, yo llegué a engordar 20 kilos. A mí nadie me dijo que el deporte era bueno para la enfermedad”, afirma. Entrenan varias veces por semana, aunque desde principios de enero la pandemia las tiene en el dique seco, y esos encuentros le sirven para compartir no sólo el ejercicio físico, también experiencias de vida, dudas y temores sobre la enfermedad: “Si una un día tiene un dolor por algún tratamiento, lo comparte y siempre encuentra a alguien que ha pasado por eso”. Son un equipo de vida.

El equipo de Dragon Boat en el mirador de Gibralfaro

"Nuestra medicación prioritaria"

Susana es madre de una niña de 14 años. En el año 2017 le cambió radicalmente la vida. Acostumbrada a sus revisiones anuales, fue posponiendo la de ese año. “La tenía en agosto, pero por motivos laborales la fui dejando hasta tres veces”. Susana estaba sufriendo algunos problemas de salud: “tenía el hierro bajo, perdía mucho peso y un malestar general continuo”, algo que achacó a una serie de intolerancias alimentarias que le descubrieron y a las que no le dio “ninguna importancia”.

Finalmente, tras separarse de su pareja, en diciembre de ese mismo año, acudió a la revisión: “Y fui porque estaba de baja en el trabajo, había tenido una lesión en el pie y pude parar el ritmo. Eso me permitió ir a consulta”. El 3 de enero de 2018 el radiólogo le descubrió varios tumores malignos, al día siguiente se hizo la biopsia.

Susana con la nueva embarcación

“Entonces, mi hija tenía 12 años y acababa de sufrir la separación de sus padres y ahora se le venía esto encima”. Le cuesta no emocionarse cada vez que habla de esta etapa. Recuerda que pidió a su exmarido que pasara con ellas la noche de Reyes. Fueron tiempos complicados. “En verano de 2018 acabé la quimioterapia, finalmente, me dijeron que tenían que hacerme una masectomía radical: lo más sensato era quitarlo todo”. Tras la operación de reconstrucción, y finalizar la radioterapia, llegó el contacto con el deporte: “Di con el Dragon Boat y, de primeras, me sentí extraña. Era un deporte que nunca había practicado y no conocía a nadie”. Susana supo de la existencia de la asociación a través de la psicóloga que trataba su recuperación.

“En dos entrenamientos te das cuenta de todo lo que te aporta el estar en ese grupo con gente que ha pasado lo mismo que tú, que son iguales de intensas y que luchan de la misma manera”. Había valido la pena. Susana ha hecho cambios en su vida gracias, en cierto modo, al apoyo de sus compañeras de embarcación: “Cambié de trabajo me sentía insegura de hacer las cosas yo sola: separada y con una hija, pero ellas me han ayudado”.

Susana sabe que no es posible llevar una vida plena en los inicios de la enfermedad, “pero si se sigue haciendo deporte, si se tiene una vida social como tenemos en el equipo, la vida se empieza a normalizar; se saca fortaleza para seguir adelante”. Es un proceso difícil, pero son muchas mujeres las que han superado la enfermedad, “nos apoyamos en el deporte para coger fuerza e inmunizarnos más todavía. Es nuestra medicación prioritaria”.

Botadura del nuevo barco

Origen y razón de ser

El origen del Dragon Boat como tratamiento para las enfermas de cáncer de mama tiene su inicio en 1996. Entonces, el doctor McKenzie, de la Universidad de British Columbia (Canadá) concluyó un estudio en el que se demostraba científicamente que el ejercicio físico del torso y los brazos era crucial para la recuperación tras este tipo de enfermedad. No se trataba sólo de un deporte seguro, es que además se demostraba que podía formar parte de una terapia de recuperación.

A Málaga llegan los ecos de este estudio a partir de la oncóloga Julia Ruiz Vozmediano, que en su estancia de formación en Nueva York compartió clases de entrenamiento con otras mujeres que habían padecido cáncer de mama. A su retorno, contactó con el Real Club Mediterráneo, un club deportivo malagueño con 150 años de historia, que abrió las puertas a poner en marcha este nuevo deporte.

Juan Carlos Marfil es el capitán de remo del Real Club Mediterráneo y ha acogido la iniciativa de estas mujeres con una gran responsabilidad. El pasado mes de diciembre, gracias a la colaboración público-privada, consiguieron estrenar una nueva embarcación que fue botada en la Marina-RCM. Marfil es responsable de todos los equipos de esta disciplina, pero dedica un tiempo muy especial a entrenar a estas mujeres “con mucha ilusión y, sobre todo, con mucho cariño”.

El Dragon Boat tiene una historia milenaria y hoy en España se ha convertido en un deporte que se ha convertido en sinónimo de recuperación: “A las mujeres en España se les decía, prácticamente, que dejaran de vivir cuando sufrían el cáncer de mama; que pensaran que eran de cristal”, afirma Marfil. Gracias a los estudios de McKenzie y a la observación de Ruiz Vozmediano en Nueva York, el deporte ser ha convertido de “la principal medicina”, básicamente porque “invita a vivir” a las mujeres afectadas por esta enfermedad.

Es un cambio radical en la forma de entender la recuperación de una enfermedad que se diagnostica anualmente a más de 30.000 mujeres. Además de la merma física que supone el tratamiento, muchas de las diagnosticadas sufren problemas psicológicos como la ansiedad, la depresión o el estrés. La práctica del deporte y, más allá, compartir entrenamiento con otras supervivientes de la enfermedad, ayuda a estas mujeres a mejorar su estado físico y mental.

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