La pérdida del pelo y de las cejas es uno de los efectos secundarios más frecuentes tras recibir un tratamiento de quimioterapia por el cáncer. Una vez superada la enfermedad es muy importante para las mujeres volver a recuperar su imagen. "La falta de pelo y de cejas les recuerda a la enfermedad y, psicológicamente, es muy importante para su recuperación que se vuelvan a ver tal y como eran", cuenta el cirujano capilar Victor Salagaray.

"Las primeras pacientes que empecé a tratar venían de parte de su psiquiatra. Porque no se trata de una cuestión estética, de verse mejor, sino de volver a reconocerse. Es muy importante para su autoestima", recuerda. Más que el pelo, cuya ausencia se puede disimular más fácilmente, con una peluca o un pañuelo, en estas pacientes preocupan las cejas, elemento esencial en el dibujo de la expresión y sin el que es difícil reconocerse.

También hay que decir que muchas pacientes recuperan estos elementos de una manera natural: "La mayoría de ellas, después de una quimioterapia incluso tienen un pelo más fuerte o más rizado. Luego hay un porcentaje, de entre 5% a 10%, que tiene problemas", refiere.

Para ellas hay varias alternativas de tratamientos que aseguran resultados visibles en cerca de dos o tres meses. Antes de elegir el que más se ajusta, el cirujano recalca que es muy importante ir de la mano del oncólogo para que no se haga nada que sea perjudicial al tratamiento del cáncer. "Esa es nuestra principal preocupación. Son pacientes que tenemos que tratar con mucho cuidado y mucho cariño y tener en cuenta que todo lo que hagamos no puede interferir con la enfermedad que padecen".

El cirujano Victor Salagaray.

Para los casos en el que la utilización del plasma del paciente esté desaconsejada se pueden infiltrar otros bioestimulantes sintéticos que no interfieran con el tratamiento oncológico. Además, hay otro tipo de técnicas con muy buenos resultados, como los tratamientos farmacológicos a base de vitaminas y complementos naturales y también los geles con inhibidores de prostaglandina que, sobre todo en las cejas y las pestañas son muy efectivos pero, una vez más, depende de la historia clínica de la paciente. "Cuando se trata de utilizar inhibidores hay que hablar con el oncólogo".

En lo que se refiere al pelo, el abanico de posibilidades es múltiple. Desde la vía oral, con la utilización de ciertos fármacos y vitaminas, o la tópica, con soluciones y cremas, hasta tratamientos más innovadores. Uno de ellos se trata de los dispositivos portátiles de laser de baja frecuencia. "Este tipo de laser estimula la vascularización de los vasos sanguíneos y consiguen muy buenos resultados", explica Salagaray.

Durante mucho tiempo el problema era la incomodidad de su utilización, que obligaba a la paciente a desplazarse a la clínica todos los días para seguir el tratamiento. Para minimizar esos inconvenientes se han creado dispositivos portátiles que facilitan su uso. "Los hay en forma de gorras, con dispositivos laser muy chiquititos en su interior. Así, la paciente se lo puede poner entre 15 y 20 minutos al día de forma cómoda. Es un método aprobado por la FDA [Agencia de Medicamentos y Alimentación de EEUU] desde hace mucho tiempo, inocuo y con muy buenos resultados a nivel de crecimiento del pelo”, dice el cirujano. El precio está entre los 400 y los 1000 euros.

La mayoría de estos tratamientos consigue resultados visibles a los dos o tres meses. La duración depende del paciente pero Salagaray destaca que "lo que no se haya conseguido tras 8 o 10 meses de tratamiento ya no se conseguirá".