Migrañas intensas, mareos, sensibilidad al ruido y falta de coordinación: todos los meses, unos días antes de que le baje la regla, Raquel sufre los mismos síntomas. "Es un tipo de migraña que va asociada a los cambios hormonales que ocurren con la menstruación. Tengo picos muy agresivos. Empieza uno o dos días antes de que me baje la regla y me dura toda la menstruación", cuenta. Los síntomas van variando de intensidad y características a lo largo de los días: "Hay unos en los que estoy muy mareada, otros tengo mucho dolor de cabeza, otros me cuesta hasta hablar…", describe.

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Como Raquel, se estima que un 73% de las mujeres sufren de dismenorrea (dolor durante la menstruación), y que un 9% lo hace de forma severa. Los síntomas varían según la mujer e incluso de un mes a otro, pero, para muchas, el dolor llega a ser incapacitante. "Tengo dos o tres días al mes de no poder moverme", explica. En esos días Raquel tiene la opción de quedarse en casa y no ir a trabajar, o coger algunas horas para recuperarse. "Trabajo en una empresa familiar y ya lo saben. A veces no hace falta ni que lo diga, me ven y ya saben que no puedo. Pero claro, no todo el mundo puede hacer lo mismo", cuenta.

Países asiáticos como Japón, Corea del Sur, Indonesia o Taiwan tienen reguladas legalmente las bajas por dolores menstruales. De hecho, Japón identifica este tipo de absentismo como un derecho laboral más, desde 1947. En España la idea genera controversia. Si bien las expertas reconocen que sería una buena medida, también temen que suponga una mayor discriminación a la hora de acceder a un puesto de trabajo.

"Una medida así sería deseable porque sabemos que hay muchas mujeres que van al trabajo soportando mucho dolor, pero en el mundo real es muy complejo. Si cuando una mujer se queda embarazada eso ya provoca un perjuicio para su contratación, pues es difícil pensar que una baja por los dolores menstruales no redundaría en una discriminación de las mujeres”, refiere Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas.

Una opinión muy similar a la de Silvia Espinosa, Secretaria de Mujeres y Políticas LGTBIQ del sindicato Comisiones Obreras. "Una cosa así iría en contra de la contratación de las mujeres, es de sentido común. Los contratos más precarios siguen siendo los de las mujeres, la mujer sigue teniendo más dificultades a la hora de acceder al mercado de trabajo y una baja de este tipo pondría más trabas en el camino", destaca.

Un informe reciente de CCOO señala estas desigualdades: las mujeres representan el 51,3% de la población en edad de trabajar, pero sólo constituyen un 48,8% de la población ocupada. Además, sólo un 46% de las que trabajan tiene un contrato indefinido mientras que ellos lo consiguen en un 54% de los casos. 

Sin presencia en Europa

Ningún país europeo tiene, en la actualidad, regulada la baja por dolor menstrual. En 2017 Italia llevó al Parlamento una propuesta que permitiría a las mujeres disfrutar de una baja laboral de un máximo de tres días al mes, en caso de sufrir una dismenorrea que imposibilite la realización de su trabajo. Para ello deberían presentar un certificado médico renovable anualmente y las empresas estarían obligadas a conceder esta baja remunerada con el 100% del salario. Sin embargo, la ley no salió adelante.

Durante mucho tiempo se ha pensado que el dolor de regla era normal y no se ha investigado en profundidad los problemas que sufren las mujeres

Pilar Viana, ginecóloga

Más que una baja ad hoc para los problemas menstruales, las especialistas señalan que lo que hay que hacer es invertir en investigación y estudios científicos sobre las dolencias menstruales para solucionarlas. "Insistimos siempre en que hay que investigar con perspectiva de género, que se deje de eludir la gravedad de los problemas de las mujeres”, señala Besteiro.

La posición es compartida por Pilar Viana, ginecóloga del Hospital Ruber de Madrid: "El objetivo no debe ser conseguir que una mujer con dolor menstrual se pueda ir a su casa y quedarse acurrucada, con su calorcito en el sofá. El objetivo tiene que ser solucionar ese dolor. Durante mucho tiempo se ha pensado que el dolor de regla era normal y no se ha investigado en profundidad los problemas que sufren las mujeres", recalca, poniendo el énfasis en la falta de investigación.

Además, señala la doctora, para los casos en los que "la medicina no puede ofrecer una solución, ya existen las bajas médicas". "La menstruación no es, por sí sola, una enfermedad. Si hay dolencias que no se pueden solucionar con la medicina y la mujer necesita quedarse en casa, el médico le pasará una baja médica como en cualquier otra situación en la que una persona no pueda ir a trabajar por un problema de salud", advierte.

No hay estudios que desvelen el impacto económico que podría representar una medida como esta. En 2019, un informe hecho por investigadores holandeses y publicada en el British Medical Journal, con una muestra de casi 33.000 mujeres de entre 15 y 45 años, señalaba que sólo un 14% de las mujeres habían cogido días libres por menstruaciones dolorosas. Entre estas, sólo un 20% le contó a sus jefes el verdadero motivo de la baja.  

De media, las mujeres encuestadas cogieron un día de baja al año por motivos menstruales. Sin embargo, el estudio resalta que el haber ido a trabajar con dolores importantes hizo decaer la productividad de estas mujeres en una media de nueve días al año

"Lo que hacen las mujeres con menstruaciones dolorosas es no decirlo e ir a trabajar igualmente y es obvio que nadie, hombre o mujer, tiene el mismo rendimiento cuando trabaja con dolor. Eso es evidente", dice Besteiro. 

Iniciativas privadas

Más allá de las decisiones de los gobiernos, algunas empresas privadas han decidido introducir esta baja para sus empleadas. Nike fue la pionera, en 2007, incluyendo esta medida como parte de su código de conducta que debe ser seguido por las oficinas de la compañía en todo el mundo. En 2016, la inglesa Coexist siguió sus pasos.

"He visto a mujeres dobladas del dolor en sus puestos de trabajo porque les daba vergüenza decir que tenían que irse a casa por sus dolores menstruales", explicó en su momento la directora Bex Baxter al Independent. "No se trata de que las empleadas se tomen más tiempo libre, sino de que trabajen de manera más flexible y eficiente alrededor de su ciclo menstrual y fomenten un equilibrio entre el trabajo y la vida".

Asumimos que es cosa nuestra, que es intrínseco al cuerpo femenino y que tenemos que adaptarnos al entorno productivo

Erika Irusta, investigadora, pedagoga y activista menstrual

Algunas expertas localizan aquí -en la estructura organizativa del mercado laboral-, la raíz del problema, como señala la investigadora, pedagoga y activista menstrual Erika Irusta. "El mundo en general y el mundo laboral en concreto se diseñó sin tener en cuenta a la mitad de la población. Cuando las mujeres nos incorporamos al mercado de trabajo lo hacemos a un sistema que se ha creado sin pensar ni en nuestras necesidades ni en nuestras características. ¿Qué algunas tenemos dolores insoportables una vez al mes? Asumimos que es cosa nuestra, que es intrínseco al cuerpo femenino y que tenemos que adaptarnos al entorno productivo", dice. "Si menstruaran ellos, el sistema tendría en cuenta el ciclo menstrual".

Y, de nuevo, la pedagoga vuelve a centrar la discusión en la investigación médica. "No puede ser que nuestro dolor se normalice. Si la menstruación cursa con dolor hay que investigar sus causas y no condenar las mujeres a enfermedades infradiagnosticadas”, explica.

"Hace falta lo que llamamos ciencia de la diferencia", añade Silvia Espinosa. "El ciclo menstrual afecta a la mitad de la sociedad y sigue poco estudiado. Y lo poco que hay es sobre cómo anularlo y bloquear la ovulación con pastillas anticonceptivas. No puede ser que una vez al mes tengamos dolor y se solucione. Son procesos que históricamente hemos sufrido en silencio pero que tienen que salir a la luz", declara.

La Asociación de Endometriosis de Madrid ratifica esta posición y señala que "la baja no puede servir de arma arrojadiza". "Está claro que las mujeres que tenemos enfermedades que provocan menstruaciones dolorosas, como la endometriosis, tenemos que estar protegidas de alguna manera, porque al final es una enfermedad crónica. Pero esto no puede derivar en un obstáculo más a la contratación de las mujeres", destaca Lucía Torres, miembro de la asociación.

¿La solución? "Por ahora, difícil. Tendrían que cambiar mucho las mentalidades para que una medida de estas pudiera ser efectiva sin consecuencias negativas”, concluye Espinosa.